Opinión

¿Y la reconciliación de los Migueles?


Este jueves por la mañana había en el ambiente una expectativa inusitada por oír qué platicaban los caminantes sobre el tema de la reconciliación. En las esquinas la gente se aglomeraba al paso de Caresol, Sanjinés, el de Managua, el de Masatepe, Sherlock, Watson y muchos amigos. Otros llegaban, según les dijo Doña Dorita, de orejas, y señaló, como ejemplo, a un perro sarnoso pero gordo y adiposo, a quien su amo, un tal Bayardo, llamaba cariñosamente Manuelito. Como para hacer gala de su oficio, tenía orejas grandes, caídas y cuando las levantaba para oír, en su interior resultaban verdaderamente asquerosas. No podía o no sabía ni mover el rabo para espantarse las moscas que lo asediaban, y como se sintió detectado e ignorado por Sherlock y Watson, decidió expresar sus insultos en el Blog de El Nuevo Diario.
En ese momento, el de Managua decía: “Retomando la plática del pasado jueves ante la ausencia de principios en Unida, Nicaragua Triunfa, y en aras del tipo de reconciliación que ahí se propone, bien podrían sus integrantes unirse aún más erigiendo otro monumento en el paso a desnivel, de Somoza García abrazando a Sandino, tal y como aparecieron en aquella famosa fotografía que el dictador en ciernes se tomó con su futura víctima, y que fue bautizada como el abrazo de la muerte. Al fin y al cabo, descendientes espirituales de los Somoza hay en esas filas, tantos como traidores a Sandino que se dicen hijos suyos”.
“Por algo el Chigüín Anastasio Somoza Portocarrero, una vez en Guatemala se declaró admirador de Daniel Ortega -dijo Sherlock-, y para quienes lo han olvidado, el Chigüín es nada menos que el nieto de Somoza García, hijo de Somoza Debayle, y antiguo jefe de la tenebrosa Escuela de Entrenamiento Básico de Infantería (EEBI) de la Guardia Nacional. ¿Alguien se extrañaría si Daniel nos diera la sorpresa del ingreso del Chigüín a Unida, Nicaragua triunfa? Ese bien podría ser el punto culminante de tanta reconciliación. En El espino negro, en uno de esos altares sicodélicos que montan ahora, me imagino a Daniel diciendo que en nombre de Sandino han acordado olvidar todas las acciones de la estirpe sangrienta, y que en prueba de buena voluntad acogen al Chigüín en el seno de esa alianza, con el cardenal Obando como garante de ese nuevo acuerdo de paz, amor y reconciliación”.
Watson se expresó así: “Aunque esto ya parece una pesadilla, faltaría la reconciliación, aunque sólo fuera simbólicamente sobrenatural, de Anastasio Somoza Debayle con el comando que lo ajustició en Paraguay. Tal y como van las cosas, la figura de Sandino será opacada por la de Daniel, y los ideales del primero, por inoportunos, olvidados por decreto. Fíjense bien ustedes que en la Parábola de la Piedra del cardenal Obando, la piedra que hay que remover es Sandino y sus principios, quien desde luego es un estorbo en el contexto de una politiquería de reconciliación, amor y paz, como la de la alianza danielista. Entonces sí, como dijo el disciplinado cardenal, la unión hace la fuerza para salir de una vez por todas de un obstáculo tan engorroso como Sandino”.
“Elemental, mi querido Watson -dijo Sherlock-, y es que debemos de estar claros que este tipo de reconciliación es tan politiquería como politizados están los conceptos de paz y amor. La reconciliación de Daniel es sorda, devaluada como palabra y en esencia, superchería. Los ejemplos hablan: Tan solo recuerden el trato lleno de insultos, epítetos y bajezas de los directivos de esa alianza para un verdadero sandinista como Herty Lewites, y recuerden el abrazo de bienvenida y las frases de amor y paz para acoger al tránsfuga Salvador Talavera. ¿Será que éste último es el hijo pródigo de Daniel, que se le había perdido en la presidencia de uno de los partidos de la contra? ¿Y el cardenal Obando, ahora capellán oficioso de Daniel, no fue el enconado azote de los teólogos de la liberación nicaragüenses y de la hoy aborrecida por la alianza danielista, Iglesia Popular, antaño alma y espíritu del rostro religioso de la revolución? ¿No han renegado los dirigentes danelistas, públicamente, de esa Iglesia que cuenta con mártires como el matrimonio Barreda? ¿Y recuerdan: Entre cristianismo y revolución, no hay contradicción? ¿Estaba de acuerdo con eso el cardenal Obando?”
“Es hora por lo tanto -dijo el de Masatepe a manera de conclusión-, que la señora de los altares monte la reconciliación de los Migueles. Me refiero al antiguo capellán de Daniel, Miguel D ‘Escoto, y al actual, Miguel Obando. Todos se rieron por la singular ocurrencia, y Watson inocentemente preguntó: “Y cuándo va a suceder eso?”, y el de Masatepe le respondió irónico: “Cuando vos me podás decir cuál lado de un helado es el más helado”.

Jueves, 5 de octubre del 2006.