Opinión

Las ideas fijas de la oligarquía


La concepción de desarrollo que ha dominado en nuestra oligarquía es la de algo que se nos induce desde afuera. Ha girado en torno a tres ideas centrales: apertura comercial, inversión extranjera, y créditos y ayuda externa. Una visión tan simple y primitiva como que para alcanzar el desarrollo hay que aplicar la formulita que apunta a incrementar estos tres componentes. Como nunca en el pasado y con un fanatismo delirante, durante los gobiernos neoliberales (Chamorro, Alemán, Bolaños) se ha puesto en práctica esta burda noción del desarrollo. Agregándose además un nuevo elemento que aportó el dogma neoliberal: la privatización del sector productivo y de los servicios estratégicos del Estado (energía, telecomunicaciones, seguros, educación, salud, y el agua en proceso).
Esta concepción del desarrollo contradice la experiencia de políticas económicas que han aplicado en su historia los países capitalistas hoy desarrollados, tanto aquellos que evolucionaron desde los espacios centrales del sistema (parte de Europa y Estados Unidos) como los que tardíamente lograron transitar de la periferia hasta los primeros estadios del capitalismo (Japón, Corea del Sur, Taiwán, Finlandia, Irlanda, España).
En todas estas experiencias exitosas el desarrollo ha requerido de la presencia de otros componentes mucho más complejos, que han sido los siguientes: 1) la construcción paciente, durante décadas, de eslabonamientos productivos internos capaces de generar un mercado interior expansivo, que incluye necesariamente un mercado de fuerza de trabajo calificada con salarios dignos. Sin la construcción de un mercado interior, nacional o regional, en ninguna parte ha habido desarrollo. 2) La construcción de ese mercado interior ha requerido de una intervención, desde el Estado, en la lógica de mercado, con un diseño que ha tenido el propósito de proteger, externa e internamente, la articulación del tejido social, integrando los avances en el crecimiento con los avances en la equidad. Desde el Estado la protección externa ha sido sinónima de aranceles, cuotas y otras medidas frente a mercancías provenientes de otros países; la protección interna ha significado una regulación para recomponer los desequilibrios macro y microestructurales que tendencialmente genera el sistema. 3) La construcción del mercado interior demandó en algunos casos (especialmente en los modelos históricos que alcanzaron tardíamente su tránsito al capitalismo desarrollado) de la inversión extranjera y de los créditos y ayuda externa. Pero a la inversión extranjera siempre el Estado le acotó espacios y le demandó requisitos de desempeño (construcción de encadenamientos, transferencia tecnológica, calificación de recursos humanos). Y la asunción de créditos y ayudas siempre fue selectiva, condicionada a no subordinar la estrategia endógena de desarrollo y a no provocar procesos de desacumulación interna.

Algunos ejemplos históricos
Realizando su revolución industrial, Inglaterra en el siglo XVIII prohibió la importación de textiles de la India y además destruyó, para evitar la competencia, la industria textil que existía en su colonia. Habiéndose consolidado como la “fábrica mundial”, siguió protegiendo su producción agrícola hasta comienzos del siglo XIX, cuando propugna el “libre comercio” teniendo el monopolio industrial del planeta.
Estados Unidos se industrializó en el siglo XIX, oponiéndose al “libre comercio” inglés e impidiendo la entrada en su mercado interior de las manufacturas inglesas. Le acotó a la inversión inglesa un espacio determinado: la construcción de ferrocarriles, exigiéndole también requisitos de desempeño (encadenamientos y transferencia tecnológica). Un patrón semejante de política económica aplicó la Alemania de Bismarck y el Japón Mejí en la segunda mitad del siglo XIX.
En los años de posguerra del siglo XX la exportación industrial de Taiwan y Corea del Sur estuvo acompañada de fuertes políticas proteccionistas de su mercado interior. En Corea del Sur el papel que jugó la inversión extranjera no fue significativo; en el caso de Taiwan tuvo un peso importante, pero se le acotaron áreas específicas y se le demandaron requisitos de desempeño.
Algo semejante hace la China de hoy: protege su producción agrícola y su industria pesada, y asigna a la inversión externa espacios en su producción industrial ligera e intermedia, y le exige condiciones de desempeño; además, impide al capital nacional la remisión hacia afuera de sus ganancias. Estados Unidos, Europa occidental y Japón (la “tríada” donde se concentra el gran capital corporativo) compiten entre sí y con el resto del mundo protegiendo sus mercados mediante subsidios, fijación de cuotas y medidas no tarifarias.
Estados Unidos impone a Nicaragua, con el apoyo de la oligarquía, un TLC con asimetría al revés: mientras USA sigue protegiendo su mercado interior con subsidios, cuotas y medidas no tarifarias (normas sanitarias y fitosanitarias, y contra el “bioterrorismo”), Nicaragua abre su mercado a cerca del 80 % de productos industriales y agrícolas estadounidenses, que devastarán la producción alimentaria de consumo interno y completarán la desarticulación del tejido social. Que además impide la exigencia de requisitos de desempeño a la inversión extranjera. Impide al Estado tomar medidas para privilegiar la producción nacional. Faculta a las transnacionales --Unión Fenosa incluida-- para demandar al Estado en tribunales que salen de la jurisdicción nacional. Impide la recuperación nacional de los servicios estratégicos (energía, telecomunicaciones, seguros). Entrega a las transnacionales la manipulación, monopolización y comercialización de nuestra biodiversidad. Encarece la compra y producción nacional de medicamentos y agroquímicos. Faculta a las transnacionales para no reconocer derechos laborales consignados en nuestro Código del Trabajo. Otorga a Estados Unidos jurisdicción sobre las 200 millas del mar territorial nicaragüense.

La coyuntura electoral
En la coyuntura electoral la derecha levanta como bandera de desarrollo las mismas ideas fijas que la oligarquía ha defendido en los 16 años de neoliberalismo. La formulita: apertura, inversión extranjera, créditos y ayuda externa, y privatizaciones. Ésta se consolida como obligación legal con la firma del TLC con EU.
Estas ideas, antiguas reproductoras del atraso y la dependencia de las sociedades periféricas, inventadas por los dominadores para eternizar la dominación, son las que subyacen detrás del discurso político de los partidos de derecha. Pero no sólo detrás de las formaciones que abiertamente se declaran de derecha (ALN y PLC), sino también detrás del discurso de Edmundo Jarquín, quien es candidato de una alianza que se bautiza de izquierda, el MRS. Jarquín asume las premisas del discurso neoliberal y de la concepción oligárquica del desarrollo. Es más, se vende como el más capacitado, por sus relaciones con la banca imperial, para seguir incrementando el ciclo de la deuda externa y las donaciones que impiden una orientación endógena del desarrollo.
“Vamos a aprovechar las grandes oportunidades que nos brinda el TLC con Estados Unidos”, una frase de Jarquín que calca exactamente una frase que se pasa repitiendo Bolaños y que a su vez repasan hasta el hastío Mario Arana y Mario de Franco.
En realidad, ninguno de estos prójimos es el autor de la frase. Todos son micrófonos de algo que dijo Robert Zoellick, ex Secretario de Comercio de Estados Unidos.