Opinión

Planteamientos desde la educación


IDEUCA
Por cultura y comportamiento social parece que los nicaragüenses estamos más proclives a la confrontación que a la concertación. La historia nos lo confirma. Sin embargo, la educación no es por naturaleza de confrontación, sí lo es de concertación, de interacción social, de mediación positiva, de diálogo concurrente, de comunicación creativa, de crecimiento compartido, etc, es decir, que el sentido propio de la educación en toda su amplitud y diversidad de formas es educar para la concertación, para la convivencia creativa y productiva que vaya superando paulatinamente nuestra cultura de confrontación y de enquistamiento social destructivo.
La educación es factor importante para solucionar la crisis abierta o latente del país, para lo cual es necesario superar las limitaciones que hacen crisis en la propia educación. Las limitaciones en equidad, calidad, pertinencia y eficiencia que carga la educación en los distintos niveles alimentan la problemática que vive el país.
Llamada a ser parte importante de la solución, la educación se puede convertir en un factor adicional de la problemática nacional, al no satisfacer aspiraciones legítimas de la gente y de no ayudar a revertir las necesidades básicas a las que tiene derecho legítimo toda la población.
No obstante lo anterior, la educación es siempre mucho más que sus propias limitaciones. Conviene, pues, incentivar y aprovechar su potencial más que detenerse en sus limitaciones. La educación como el continuum de país sigue siendo el factor con mayor potencial propio al ser factor clave y decisivo para el desarrollo humano, el cual incide y se expresa directamente en la vida política, social, cultural, económica y democrática de todo país. La educación será lo que nosotros los nicaragüenses hagamos de ella en la circunstancia crítica y ambivalente de la globalización, tarea por cierto muy difícil.
En la dinámica de las elecciones se habla y se actúa en razón de la necesidad de alianzas políticas. Con mayor razón e impacto sostenido de futuro nos hace falta buscar alianzas sociales respecto de la concepción correcta y el desarrollo legítimo de la educación del país. Una propuesta importante para tal fin la constituye la “Agenda Educativa Nacional” que la sociedad civil está presentando a la consideración y estudio de los candidatos a la Vicepresidencia de la República, por cuanto uno de ellos será por la Ley #582, Ley General de Educación, Presidente del Consejo Nacional de Educación, organismo responsable precisamente de activar las alianzas sociales para la transformación y el desarrollo de la educación nacional. ¿No será posible pensar en una coalición nacional en función de la educación? La educación ofrece un amplio y generoso potencial para dicha coalición. El obstáculo no proviene de la educación, sino de nosotros los nicaragüenses.
En la historia de todos los pueblos la educación ha influido mucho en las transformaciones sociales, económicas, tecnológicas y culturales, pero no ha mostrado la misma capacidad para transformarse a sí misma y responder con audacia a los retos emergentes de la vida de la gente y del desarrollo benefactor de los pueblos. Sobre la educación caen muchas presiones que obstaculizan su propia transformación.
En la actualidad la educación se encuentra en la crucial disyuntiva de adaptarse a un modelo deshumanizante que está generando grandes disparidades económicas y sociales en amplios sectores de la población, o de mantener e incrementar su potencial para incidir en un cambio de rumbo de dicho modelo a fin de consolidar su compromiso ético respecto del desarrollo y bienestar de la gente. La consecuencia lógica es que la solución no es más de lo mismo en educación ni más de lo mismo en desarrollo. Es necesario hacer otro camino dando carácter político a la participación de las distintas fuerzas de la sociedad en un Gobierno que haga real el principio “gobernar es educar”.
La economía y la política están siendo factores catalizadores de la vida nacional. Basta mirarlas desde cualquier ángulo y a cualquier hora, ¿por qué no puede ser la educación un factor catalizador en la crisis actual del país?
La educación adquiere su fuerza precisamente en la construcción y vida de la democracia. El país se enfrenta a las Nicaraguas posibles del pasado lejano, cercano y reciente. Un contrato social en educación podría hacer la diferencia respecto de una Nicaragua posible y ansiada por todos.
Me refiero a la educación no como un elemento aislado, sino como un componente más, pero clave, del engranaje que deben conformar las políticas públicas que abarcan la economía, nutrición, salud, vivienda, seguridad, trabajo, producción, cultura, cooperación internacional, etc. que estén a la vez sustentadas en un Estado de Derecho activo y responsable y en una sociedad regida por valores democráticos e imperativos éticos.
La superación de la pobreza, de las exclusiones y de las disparidades económicas, sociales y culturales enraizadas y existentes en el país constituye el núcleo activo de las políticas públicas. La educación, por tanto, debe estar en el centro mismo de dichas políticas. No se trata de una expresión retórica, sino de una implacable realidad.