Opinión

Tiranos van, tiranos vienen, algunos se detienen


A quien alguna vez endilgaron de tener en sus epigramas como musa al dictador Somoza por la persistencia con que lo atacaba, ha escritos varios homenajes a Fidel Castro y tiene una consabida admiración por la revolución cubana.
Recuerdan ustedes aquel poema tan elocuente que empezaba: “Somoza desveliza la estatua de Somoza en el estadio Somoza”; pues bien, su autor, el poeta y sacerdote Ernesto Cardenal, aseguró en una entrevista televisiva ser más monje que cura.
Eso quizás no tenga importancia, sin embargo, a pesar de lo afirmado en esos primeros poemas de Cardenal, el nombre del dictador contra el que fueron escritos aún no ha sido olvidado, aunque tampoco han sido olvidados los poemas que le dedicó. Mucho menos otro que no tiene que ver con el tema y es uno de los más populares “Al perderte yo a ti, tú y yo hemos perdido…”, Epigrama, que aunque fue inspirado por un gran despecho, pudiera interpretarse como una justificación o reivindicación en el rompimiento de cualquier relación amorosa, familiar, laboral o política. Pues la sentencia se convierte en una interrogante rotunda: cuál de las dos partes pierde más en una separación.
Mucha polémica suscitará, como lo ha hecho siempre, nuestro indiscutible valor en la poesía, Ernesto Cardenal, aun así nadie que sepa de literatura osaría negar, a estas alturas, su proyección universal. Sin embargo, por desgracia, a los tiranos todavía los padecen los pueblos. Tildados de criminales o feroces, unos, otros considerados hombres fuertes buenos, beneficiosos; según el ideal de cada persona que toma la pluma o la palabra para referirse a ellos.
Aunque si de interpretar significados de poemas se trata, los bellos textos que encontramos en las canciones de los autores cubanos no escapan a la libertad imaginativa. Nuestro Hernaldo Zúñiga cantó sin ambages su conocida proclama para que los corruptos se fueran, abandonaran, escaparan, para dejarnos tranquilos y se fueran a la mierda. Palabra que popularizó el difunto y recordado Herty.
En cambio, uno de los mejores cantautores cubanos, Silvio Rodríguez, pide un deseo abstracto en la canción Rabo de nube: “…una gran ira que sube. Un barredor de tristezas, un aguacero en venganza que cuando escampe parezca nuestra esperanza”, petición que aterriza muy bien en lo que un pueblo desesperado desea como resultado de una lucha anticorrupción.
Resulta que alguna poesía a posteriori tiene visos proféticos. Sucede con esta otra canción de Rodríguez: Sueño de una noche de verano, la cual fue definida por algunos como un trozo premonitorio del suceso 11 de septiembre. Sin duda, cada quien tiene derecho a sus ideas y deducciones.
Pero una de las más amorosamente combativas de Silvio, y que desde su título Ojalá es un pedimento de olvido a la persona querida en obsesión, pudiera interpretarse con cierta dosis libertaria que me permito tomar, no como lo que es, el dolor de amor que al perdurar es agonía, si no como el clamor por la desaparición de todo vestigio de los implacables tiranos que se ocultan o que se muestran dichosos en su megalomanía “en todos los segundos, en todas las visiones”.
Además, Silvio pide: “Ojalá que se te acabe la mirada constante, la palabra precisa, la sonrisa perfecta”.
Tengamos presente, los nombres de los tiranos son difíciles de olvidar, aunque mueran o sean apresados mientras hibernan en cuevas o estén danzando. Por eso hay poemas y canciones que deben perdurar más que ellos.
Es por ello que podemos cantar esperanzados:
“Ojalá que tu nombre se le olvide a esa voz… Ojalá que el deseo se vaya tras de ti a tu viejo gobierno de difuntos y flores”.
Periodista y mercadotecnista