Opinión

Ruido en Hospital Materno Infantil “Fernando Vélez Paiz”


Según la Constitución, los nicaragüenses tenemos derecho a un ambiente saludable, pero de esto están lejos niños, niñas y madres pacientes del Hospital Materno Infantil “Fernando Vélez Paiz” debido a la contaminación acústica que invade las salas. Esta contaminación es provocada por diversas fuentes de ruido, especialmente por los vehículos, sobre todo los buses de transporte colectivo.
Además de tener derechos, tenemos la obligación de velar por ese medio ambiente saludable. Y el artículo 76 de la Constitución se refiere a las medidas de protección y prevención especial de niños y niñas, y el deber del Estado, la sociedad y la familia de protegerlos. Por ello estamos realizando un estudio sobre contaminación acústica en el Hospital, y desde ya agradecemos al Director y demás personas que nos apoyan.
Hicimos una visita de exploración. Producto de nuestra observación, medición y conversaciones, obtuvimos alguna información preliminar que nos parece significativa. Aquí una muestra de lo que encontramos: en la sala de “Gastro”, ubicada frente a la calle, igual que otras, el nivel de presión sonora continuo equivalente, conocido como nivel promedio, fue de 70.1 decibeles. Es gravísimo, pero no extraño: la sala está con las ventanas abiertas debido al calor; a pocos metros de la avenida con mucho tráfico, a lo cual se sumaba en ese momento el ruido de los parlantes gigantes de una tienda vecina; además, el Hospital está separado de la avenida por una verja de hierro que deja circular el aire, pero también el ruido (el polvo y el humo). Según el artículo 41 de la Ley 559, Ley Especial de Delitos contra el Medio Ambiente y los Recursos Naturales, el nivel de ruido en los hospitales debe ser “en el día el valor guía en interiores de 30 decibeles”. Por lo tanto, 70.1 decibles es un crimen contra la niñez, una vulgaridad, diría Herty Lewites.
Los niveles superiores del ruido del tráfico se dan cuando pasan los buses de transporte colectivo, debido al estruendo de los tubos de escape y a los pitazos desconsiderados. Los camiones pesados y furgones hacen menos ruido que los buses. Y los trabajadores se quejaban del ruido de la tienda, el cual era controlable; probablemente el problema se daba por desconocimiento de las leyes, que son nuevas y no han tenido divulgación. Dichosamente los parlantes ya los retiraron, por gestión del Hospital, pero continúa el ruido del tráfico, que tampoco es difícil controlar, si se aplican las leyes y con un poco de sensibilización.
También hay trabajadores afectados por el ruido que en algunos casos necesitan concentración; por ejemplo, me pregunto cómo hace un médico o una enfermera para examinar a un paciente y poder auscultar los signos vitales, o escuchar los quejidos por la enfermedad; así como la dificultad de docentes y estudiantes de Medicina para escuchar y concentrase, pues al auditorio también llega el ruido.
Se están violando leyes y varios derechos humanos de niños, niñas y madres, que deben ser protegidos por mandato constitucional. La Alcaldía y la Policía deben contribuir a bajar los decibeles en los alrededores del Hospital, aplicar la Ley 431, Ley de tránsito; y Ley 559, para prohibir a los conductores sonar la bocina, especialmente al pasar o parquearse frente al Hospital. Asimismo, que revisen el silenciador de los tubos de escape. “Para efecto de lo establecido en el artículo 9 de la presente ley, se deberá incluir como contaminante ambiental el ruido producido por los escapes de automotores”, dice el artículo 41. Pero debería haber un poco de sensibilidad, y no actuar sólo bajo presión, ¿acaso es tan difícil tener un poco de amor por estos niños?
También el Ministerio de Salud debería tomar cartas en el asunto, tanto por ser la institución responsable de la salud de la población como porque el problema está afectando a su personal y a los pacientes que llegan en busca de alivio, pero que a veces salen peor a causa del ruido, como decía un radioescucha.
Los sindicatos, en este caso Fetsalud, también tienen el deber de velar por sus trabajadores y por los pacientes. Las cooperativas de transporte deberían capacitar a los conductores, acondicionar sus unidades y cumplir las leyes, no sólo exigir subsidios.
Éstas y otras instituciones como el Ministerio del Ambiente, la Procuraduría de Medio Ambiente, Procuraduría de Derechos Humanos, Ministerio del Trabajo, etc. deberían aunar esfuerzos para prevenir y controlar el ruido sin esperar a que la población se queje. Una inspección conjunta, una notificación general a empresas ruidosas para que acondicionen acústicamente sus locales, equipos y vehículos de acuerdo con las nuevas normativas, evitaría sufrimientos a las víctimas del ruido y ahorraría tiempo y recursos a las mismas instituciones.
De paso, pudimos observar otras carencias materiales: además del mal estado del edificio, hacen falta sabanitas que podrían comprarse con un unos centavos de los megasalarios o con una tarjeta de crédito de las pagadas por el pueblo. O a lo mejor con dinero de las campañas electorales, que no regalen camisetas y gorras, sino sabanitas (sin manchas), aunque la niñez todavía no vote.
Es de noche y llueve. Se fue el calor y el viento sopla. Probablemente, además de ruido, haya frío en el Hospital…