Opinión

Conviviendo con el cáncer


Hace un par de días me llegó la noticia de que a alguien a quien aprecio mucho le habían encontrado un problema de cáncer intestinal. Ya antes otro amigo había tenido un problema parecido. Esto para mí ha sido un golpe duro, ya que desde hace seis años y medio he estado luchando contra un cáncer colónico metastático del que me han desahuciado hace ya algún tiempo y sé los sinsabores que produce la enfermedad. He tratado de trasladar mis experiencias a las personas que por desgracia tienen este problema.
Creo que lo más importante es que uno debe de estar claro de que el cáncer es mortal y salvo algunos raros casos nadie se salva de su rigor. La primera impresión es la no aceptación, preguntarse ¿por qué tengo cáncer, por qué a mí? Pero si uno se deprime, el sistema inmunológico se caerá y entonces no hay nada que hacer.
De lo que debemos estar claros es de que vivimos en un mundo de infinitas posibilidades y cualquier cosa puede pasar, aunque por las probabilidades casi se conoce de antemano el destino.
Lo interesante es que uno puede hacer más o menos duro el problema. La mayoría de la gente cuando le dan la noticia, lo primero que hace es empezar a vivir PARA EL CÁNCER y lo mejor es aprender a vivir CON EL CÁNCER, es decir, saber que estoy enfermo, que debo hacer lo que el médico me indique, pero que mi mente no debe estar las 24 horas viviendo el cáncer.
La tendencia de todos los afectados es empezar a tratar de saber lo más posible sobre su cáncer, y serán los amigos u otras personas que han pasado por lo mismo los que se encarguen de transmitir sus experiencias. Luego recurrirán a libros, a la computadora y a todo panfleto referido al cáncer, eso confunde y atemoriza más al enfermo; lo mejor es confiar en el criterio del médico o pedir otras opiniones acerca de cuál será el tratamiento que voy a seguir y qué esperanza de vida tengo.
La cirugía y las quimioterapias son de lo más desagradables, pero no todos los organismos responden de la misma manera ante un mismo tratamiento, en unas personas los estragos son duros y en otras, un poco menos; hay quienes botan el pelo y otros a quienes no se les cae; el tiempo de duración de las náuseas en algunas personas no pasa de un par de días y en otras se hace larguísimo, por eso creo que uno debe de vivir con su cáncer sin anticipar malestares, pero sobre todo no ser presa del miedo, porque si llega la depresión, las posibilidades se disminuyen considerablemente.
Escoge un buen especialista, un médico capaz de darle seguimiento a tu enfermedad, que te inspire confianza y que sea honesto en su diagnóstico; recuerda que es tu vida la que está en juego. Desgraciadamente la medicina se ha mercantilizado de manera que hay personas más preocupadas por obtener dinero por sus servicios, aunque medie la estafa, que en tratar de curar al paciente.
Como norma general, recomiendo que no se pierda el estado de ánimo, que no alteres tu vida, salvo que el estado físico te lo impida, que no tomes dietas, ni te reprimas de nada que te guste; sigue tu vida lo más apegado a lo que ha sido, tus relaciones familiares no deben alterarse. Y si bien con eso no garantizas que vas a vivir más, al menos tu calidad de vida no se deteriorará.
Evita como norma platicar de tu cáncer con gente que no esté involucrada, porque de manera inconsciente se va cayendo en el único tema de conversación y le da paso a la autocompasión, cosa que tampoco debes permitir.
En mi caso, he logrado controlar bastante la enfermedad y he creado mi propio sistema de autoprotección; suelo ponerme en contacto con la energía universal y doy órdenes desde mi posición de ser parte de ese todo para superar algunos escollos. No creo con esto que ya me haya curado ni que tenga la fórmula de la sanación, pero de algo ha servido, pues como decía, según los médicos debería de estar muerto desde hace más de cuatro años y todavía estoy fuerte, animado y viviendo con toda la intensidad del mundo; mañana será otro día.
Lo peor que puede pasar es tratar de negociar con Dios: “Si me curo, te hago una misa; le voy a hacer una novena a San Judas” o, lo que es peor, pasar todo el día con una novena o un rosario en la mano suplicando e inmerso en un mar de lágrimas, eso es lo más depresivo que puede haber.
No hay que imaginar un Dios que desde el cielo, o sea fuera de nosotros, actúa para nosotros, salvándonos o matándonos, Dios es más grande de cuanto podemos imaginar, y trabaja con nosotros en la medida en que somos parte de esa energía; no obstante, no creo que sea malo que alguien rece, platique, ore al icono de su devoción.
Bastan unos pocos minutos para hacer nuestras reflexiones diarias y acompañar esto con ejercicios de la mente, como yoga, meditación o cualquier otra práctica; hay muchas, lo importante es tener fe en uno mismo y vivir pleno el momento actual.
Soy partidario de la meditación (aunque mucha gente cree que es una práctica a la que sólo unos cuantos iluminados pueden llegar), ya que tiene como principal propósito poner la mente en blanco, relajarse de la mejor manera posible, y no es necesario tomar poses difíciles, ni sitios especiales; en cualquier lugar donde pueda uno ponerse cómodo y respirar libremente se puede meditar, es saludable. Cuando se medite sobre el cáncer se debe tratar de visualizar el tumor o la lesión y dirigir órdenes directas en contra de la enfermedad; el organismo tiene un laboratorio interno que no usamos, pero que está allí y la mayor prueba es el efecto de los placebos.
No hay que descorazonarse cuando uno se inicia en la meditación, pues los primeros días son difíciles, miles de pensamientos pasan por la mente y es casi imposible tener una idea fija, pero en la medida que se practica, podrá usarlo en cualquier parte e inclusive recurrir a la autohipnosis, que tampoco tiene nada de misterioso como han tratado de hacerla aparecer, y escaparse de situaciones desagradables.
Como todo en la vida, es un proceso lento, no hay que tener prisa, funciona una vez que se domina y sin duda el beneficio es palpable, suprime la angustia, mejora la calidad de vida y te permite vincularte a la energía universal. Hay muchos métodos de lograr esto y son comunes al menos en nuestra sociedad, aunque cada quien puede crear el suyo, lo importante es que funcione.
No sé cuánto tiempo voy a sobrevivir, pero hasta la fecha, aun cuando casi todas las quimioterapias no han dado resultado en mí, he podido alargar mi tiempo de vida contra pronóstico y gozar de una calidad de vida excelente, así que sólo eso valió la pena.
Además, he podido comprobar la eficiencia del sistema con otros pacientes a quienes he impartido charlas y prácticas sobre el tema.
Es saludable poner los pies en la tierra, darnos cuenta que no somos nada; que la soberbia, la fatuidad, la arrogancia, sólo sirven para dificultar el enlace con todos lo seres del universo, que son los que conspiran a nuestro favor cuando estamos en malos trances, y no olvidar que todo se queda, pero nuestro apego a lo material hace que se ensucie y se pierda la conexión con la energía universal, que es la única que puede hacer algo por nosotros.
Lejos está mi intención de preocupar a nadie, pero me sentiré bien si de algo pueden servir estos pocos consejos y otros que podemos compartir a través de una comunicación más directa.
Si muchas de estas actitudes, ejercicios, reflexiones y técnicas de relajamiento las pusiéramos en práctica cuando estamos sanos, de seguro no padeceríamos de cáncer, ni de infartos ni otras enfermedades.
josemariaalvarado@hotmail.com