Opinión

“Por amor a Cristo, mamita no me matés”


La primera vez que vi esta manta pensé que se trataba de alguna niña violada, como Rosita y como tantas otras, que imploraba a su madre que no la obligara a arriesgar su vida por continuar con un embarazo de altísimo riesgo, además, producto de un delito del que había sido víctima inocente.
Pero en otra ocasión me detuve con calma a ver la mencionada manta, y vi que en la parte inferior decía: “Di no al aborto terapéutico”.
¡Me costó dar crédito a lo que estaba viendo! Me chocó profundamente la manipulación que se hacía del nombre de Cristo para defender lo que no es más que la opinión de algunas personas que, si bien tienen todo el derecho de estar en contra del aborto terapéutico para sí mismas, no tienen ningún derecho de querer imponer a otras mujeres la pena de muerte por el simple hecho de tener un embarazo de alto riesgo para ellas producto de una violación, o con un embrión/feto con defectos congénitos graves.
Pienso que esto es una ofensa a la fe cristiana y a la inteligencia de las personas, dada la doble manipulación que contiene la frase en cuestión. Paso a analizar estas manipulaciones.
En primer lugar, en cuanto a Cristo: no hay NADA en los evangelios que diga que Jesús estuvo en contra de interrumpir un embarazo cuando se produce en las condiciones antes dichas. En cambio, sí sabemos que Jesús apreciaba profundamente la vida de las mujeres. Una prueba de esto lo tenemos en el pasaje de la mujer que tenía hemorragia vaginal desde hacía 12 años (Mc. 5, 25-34). La Ley bíblica consideraba impura a toda mujer que tuviera derrames de sangre, y le prohibía acercarse a otras personas mientras tuviera el flujo. También quedaba impuro todo objeto con el que ella tuviera contacto (Lv.15, 19-30). Esto explica que la mujer quisiera pasar inadvertida y tan sólo tocar por detrás el borde del manto de Jesús. Temía que sus conocidos, que sabían de su dolencia, la denunciarían ante de Jesús, y que éste la reprendería por violar la ley, y quedaría ella avergonzada delante de todo el pueblo. Cuando, luego de tocar el borde del manto, la mujer queda curada, Jesús siente que ha salido fuerza de él y pregunta quién le ha tocado. Los discípulos no entienden por qué dice eso. La mujer, sintiéndose interpelada por las palabras y las miradas del Maestro, se postra a sus pies y cuenta toda la verdad, es decir, toda su verdad de mujer enferma y marginada, cuenta igualmente que ha transgredido la ley impulsada por la necesidad de ser restablecida de su dolencia y de tener una vida sana, plena. Y Jesús no sólo no la reprende y la declara curada, sino que la llama hija, le dice que su fe la ha salvado. Además de curada, ha sido salvada (Mc. 5, 34). ¿Por qué esta doble afirmación? Porque la mujer ha sido curada de su enfermedad y salvada de una obediencia ciega a la ley aun cuando ésta vaya en contra de la vida. Jesús no sólo no reprende la transgresión, sino que la bendice y la elogia.
¿Cómo podemos entonces creer que este Jesús, el Cristo que cura y arranca espigas en sábado, puede estar a favor de condenar a muerte a mujeres que tengan un embarazo en el que peligre su vida? El Jesús que endereza en la sinagoga, en día sábado, a la mujer encorvada que “no podía en modo alguno enderezarse” (Lc. 13, 11) no puede ser quien nos pida ahora que nos volvamos a dejar encorvar por el demonio del sometimiento.
Un segundo engaño en la frase que comento consiste en tratar de hacer creer que es un “niño” o “niña”, un bebé por nacer, el que “habla” y se dirige a su madre “en nombre de Cristo”. Cuando hablamos de aborto terapéutico estamos refiriéndonos a la interrupción de un embarazo antes de las 20 semanas, período en el cual el embrión o feto está lejos de ser el que se nos presenta en la traumática película “El grito silencioso”, en la que en realidad aparece en feto casi a término, lo cual es muy distinto. De ese modo manipulan las conciencias dando información FALSA; mintiendo bajo apariencia de bien. En otras palabras, “invocando en vano el nombre de Dios”.
Y finalmente, una pregunta fundamental: ¿quién clama por la vida de la madre, que puede morir si continúa el embarazo? ¿Debe una niña como Rosita y tantas otras arriesgar su vida en aras de dogmas que se pretenden imponer de manera autoritaria, amenazando con el fuego eterno?
Cuando hablamos de aborto terapéutico, hay DOS vidas en juego, y no sólo una: por una parte, un embrión o feto en sus primeros momentos; por otra, una niña, joven o mujer. No es cierto que haya consenso --incluso en la Iglesia Católica romana-- en cuanto a que haya vida humana en las primeras semanas del embarazo; pero nadie puede negar que la niña, joven o mujer cuya vida está en riesgo sí ES HUMANA.
¿Por qué el patriarcado invisibiliza la vida de la mujer en riesgo? ¿Por qué no clama por ella, en el nombre del Dios de la vida? ¿Tenemos que dejarnos una vez más atemorizar o culpabilizar por defender nuestras vidas? ¿O por el contrario, nos es lícito defender nuestro derecho a la “vida en abundancia” de la que nos habla Jesús?
No quiero juzgar las intenciones de quienes han puesto este tipo de mantas, pero sí quiero llamar a la reflexión y hacer ver el terrible daño que hacen con esta manipulación a muchas mujeres que, además de tener sus vidas en riesgo, son injustamente culpabilizadas si luchan por salvarla.
En todo caso, cuando existe un embarazo que ponga en riesgo la vida o la salud de una mujer, la decisión de seguir adelante con el embarazo o interrumpirlo sólo le corresponde a ella. Cualquier decisión que tome es sagrada y Dios estará con ella. Y para tomar una decisión consciente y responsable, deberá poder disponer de información “verdadera, oportuna y completa”; en caso de omisión o manipulación, constituye una violación a su libertad de conciencia consagrada en la Declaración Universal de Derechos Humanos… ¿o es que las mujeres no somos humanas?