Opinión

Magos de Macondo


Existe un cierto nivel de confusión cuando se analiza la campaña de uno de los partidos en contienda. Digo esto porque se piensa que éste ha apelado al melodrama popular, que ha puesto en la palestra al sujeto o que ha fijado la imagen de su candidato, cuando en verdad lo que ha hecho es rayar la ordinariez, la polarización e incluso ha rebajado al elector desde que inició con sus disparatados o “fabulantásticos” spot (permítaseme tomar la palabra de un personaje televisivo famoso muy a lo de los segundos, terceros y tantos impactos), es decir, desde que estaba el desparecido Lewites. Es más, han apelado a escritores que tratan de pontificar desde la letra, sin tener siquiera un prisma de actualidad en lo que refiere a sus análisis, pero bien, la idea es que los spot de este partido están atravesados por una especie de imaginario que me recuerda no sólo al bestiario de Cortázar, sino al de la Edad Media en su apogeo.
Refleja la campaña de este partido algo que se vincula al realismo fantástico latinoamericano como sustrato del macondismo, donde los caballos beben cerveza, las mujeres vuelan, o los espíritus van detrás de las acciones. Esto es parte de la lectura que hacen de América Latina las elites letradas primermundistas. Es decir, empezaron con la forma en que se ve al latino, asociado a aspectos de subdesarrollo: mierda, burros, seres grotescos (feos, payasos, etc), para desembocar en la polarización o confrontación chabacana y fuera de lugar.
Desde sus inicios irrumpieron con intenciones de polarizar y de “vulgarear” la contienda. Pasaron al melodrama y al aprovechamiento antropofágico, hasta llegar al payasismo total (las caricaturas de los medios escritos en esa fecha apuntan hacia ese carisma), en el que se valen de un formato enlatado y presentan lo grotesco de sus intenciones (enmascaradas en el eufemismo del feo, tomado también del enlatado estereotipo del americano feo). Es decir, las intenciones eran las de guiar la contienda al asunto polarizante y salpicado de odio.
Sin embargo, lo rayano en lo ridículo, ojo, no digo absurdo a lo Kafka, ni realismo mágico a los Gabo, sino ridículo pastiche del “Quijote en burro” y el Sancho a la par, para terminar en un burro que habla, ¿influencia de Shrek?, cuando el sujeto enunciante se está refiriendo al campesino. ¿Quiso decirle burro al campesino o viceversa nuestro “culto” amigo que se cree Joseph Stiglitz, o George Soros cuando habla de retos por haber ocupado un puesto x en el BID?
He ahí el meollo de asunto. En las más recientes desesperaciones propagandísticas, pues actualmente se habló de un relanzamiento de la campaña (¿no se relanza algo cuando no ha sido aceptado por el público, señor mago de los debates y de la economía?), han apelado a la confrontación total. En honor a la verdad es grotesco, y no feo, ver y escuchar a este señor hablar de conflictos internacionales, de perjudicar a los pobres, como propuesta de campaña. ¿Es odio, falsificación y falta de ética la que proponen estos señores en su campaña? ¿O es parte de una semantización de la violencia política como único medio de tratar de ganar votos?
En primer lugar el mago de los debates al parecer no tiene noción de lo que es un conflicto internacional, y lo que lanza en ese spot es un zarpazo malintencionado sin asidero alguno. Es irresponsable afirmar ese cúmulo de patrañas sin lógica. Además, llama la atención su no referencia de los otros candidatos, y que tampoco brinde su posición sobre el irrestricto neoliberalismo que ha sumido al país en un atolladero insalvable durante estos 16 años.
Es sintomático comprobar cómo tratan de manipular los miedos y atentan contra la tranquilidad de las familias nicaragüenses, cómo se vuelven terroristas de la palabra, terroristas electorales. No se puede pasar por alto esta atomización de las elecciones de parte de estos señores, a través de la cual tratan de descontextualizar los conflictos. Si se parte de lo que proponen en su spot, se nota que están lejos de entender lo que son las estructuras de los conflictos, así como su corpus y las actancias de los mismos, pero bien, él dice ser un gran debatiente, así como un gran prestidigitador que hasta transforma al campesino en un acto. Vistas las cosas así no les queda más que seguir con su telenovela, novela, reality show, circo, fábula, macondismo de figuras acartonadas que parecen un inventario del National Geographic, pero lo peligroso es que traten de semantizar el odio y la violencia o que se proponga como sujeto mesiánico a alguien que carga recetas enlatadas del BID (uno de los organismos que sostiene que el mercado es el nuevo dios y que ha fomentado el capitalismo salvaje hasta más no poder) y de ajuste haga creer al pueblo que debe agradecerle por ello.
Licenciada en Relaciones Internacionales.
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