Opinión

La parábola de la piedra


“Antes de que hable Sanjinés –intervino presuroso Caresol- quiero decirles que el domingo pasado estuvo tan genial y conciso Mundo Jarquín en el programa de Carlos Fernando, que tengo la plena seguridad de que si en un debate con Daniel, Mundo le da a Daniel la ventaja de treinta minutos de intervención, contra cinco minutos suyos, lo gana Mundo, pues a nadie le puede caber la duda de que Mundo dice más en cinco minutos que Daniel en media hora”. Todos asistieron de muy buena gana. “Tampoco cabe la menor duda -dijo José Antonio Sanjinés- que el cardenal Obando es experto en parábolas, pues después de aquella famosa de La Víbora con la que estigmatizó a Daniel contribuyendo con divina eficacia a una de sus tantas derrotas electorales, hoy que ya es capellán oficial de la ahora víbora pródiga, acaba de inventar La parábola de la piedra, que es algo así como una rectificación de la primera y esta vez para hacerlo ganar, en compensación, digo yo, por aquella derrota.” Hubo un silencio de aprobación, sólo interrumpido por Caresol: “El problema de mover la piedra entre todos, es que, por ejemplo, al cardenal no lo ha podido mover de su protagonismo ni el mismísimo Vaticano, y no hay forma que deje de usurparle su lugar a Monseñor Brenes. Este señor Obando sí que se ha creído que él es piedra y que sobre él la señora de los collares ha edificado su templo. El tiempo mismo se está encargando de comprobar que es inamovible, y que ni una unión de fuerzas terrenales y celestiales pueden con su inamovilidad”.
“Es que este señor -terció Sherlock- siempre ha gobernado como el péndulo de Jaime Morales Carazo: A la derecha, al centro y ahora a la izquierda, aunque esto último es tan solo un decir, digo, lo de izquierda. Pero que le encanta el poder temporal, nadie lo puede dudar, y lo afianza vendiendo la imagen de que también es propietario del poder intemporal, o al menos el único representante de Dios en la tierra. Viendo así las cosas, el cardenal Obando sería algo así como el Embajador de Dios, y Monseñor Brenes el Encargado de Negocios, pero quien otorga las visas para viajar al cielo, desde luego que es él.” Todos asintieron seriamente, y fue nuevamente Sanjinés quien comentó: “Todos ésos que viven apegados al poder, o que viven para tenerlo, o que hasta fingen no quererlo y sí el bien colectivo, debieran de leer La mosca Azul de Frei Betto: La persona revestida de poder debería de prestar atención a lo que de ella dicen sus subalternos. Vox populi. Pero eso no es lo que acontece en general. Prestamos más atención a los juicios de los pares y superiores, en búsqueda de reconocimiento de quien tiene poder de ampliar nuestro poder. Dale a la persona una tajada de poder y sabrás, de hecho, quién es ella. El poder, al contrario de lo que se dice, no cambia a las personas: Hace que se revelen pues cuando el poder se sube a la cabeza, ya estaba destilado, en reposo, en el corazón”.
“Sapientísimas palabras la de Frei Betto”, comentó conmovido Watson con el beneplácito de todos los presentes, entre quienes el de Managua tomó la palabra: “Aunque no hubiéramos podido ir, puesto que estábamos el 21 de septiembre en Masatepe, celebrando por adelantado los ochentinueve años que cumplió Camilo Zapata este pasado lunes 25, la verdad es que los ortodoxos no nos invitaron a la develación del monumento a Rigoberto López Pérez, para mí un héroe nacional que ofrendó su vida ajusticiando al dictador Anastasio Somoza García, el asesino del General Augusto C. Sandino, de su Estado Mayor, y de todos cuantos, en 1934, pudo asesinar por serles leales a Sandino, y años después junto con su dinastía justamente calificada por Pedro Joaquín Chamorro Cardenal como de estirpe sangrienta, de todos cuantos pudo asesinar, perseguir, encarcelar y torturar. La diferencia entre él, y Rigoberto, es la de un asesino traidor y cobarde que mandaba a matar, y en el lado contrario Rigoberto, un poeta idealista y patriota quien, al ajusticiar a Somoza García, asumiendo la voluntad de los oprimidos, dio lugar en nuestra triste historia a lo que se ha calificado como el principio del fin. Al menos eso creíamos, sobre todo cuando hubo una Revolución en 1979 que sacó de este país, derrotados, a los descendientes de aquel Somoza asesino de Sandino, hasta que nos percatamos de que hoy estamos otra vez al principio, e incluso en medio del culto al final de todo principio”.
Concluyó el de Masatepe: “La parábola de la piedra podría también interpretarse como que el intento de moverla, es para aplastar los principios éticos y morales del pueblo en nombre de la hoy tan cacareada reconciliación. No es remoto que los mismos que pagaron el monumento a Rigoberto López Pérez, erijan a su lado otro de Anastasio Somoza García o de Anastasio Somoza Debayle, como una prueba del amor y la paz que hoy practican quienes coexisten dentro de la alianza danielista. Casi todo se ha visto ya, y se siente que la piedra de la parábola, es una lápida a nuestra Historia”.
Jueves, 28 de septiembre del 2006.