Opinión

Pequeño, pero histórico éxito


A cuarenta días de las elecciones, ya no parece posible la consumación de la unidad de la derecha auspiciada por el gobierno estadounidense. Pero el resultado negativo de una gestión aparentemente diplomática y efectivamente injerencista no significó el final de la gestión, sino un acicate para reiniciarla a más alto nivel. Y esta gestión le tocó a Dan Burton, Presidente del Subcomité de Relaciones Internacionales para el Hemisferio Occidental (¿cristiano y colonial, no?), en donde geográfica, política y fatalmente nos ubicamos. El procónsul se destapó con todos sus recursos: arrogancia injerencista, amenazas y tergiversaciones históricas recientes para atemorizar.
Pese a su voz calmada, Burton habló la desesperación de su gobierno por el fracaso. Satanizó el “pasado”, y para que no se vuelva a él instó a votar contra Daniel. Quiso ocultar la presencia de su país en ese pasado como promotor de la guerra, y con seudo dramatismo habló de sus terribles consecuencias como si los nicaragüenses no supiéramos de dónde vinieron las armas y el dinero para alimentar esa guerra. Y Burton completó su sesión de cinismo haciéndose el ignorante acerca del fallo de la Corte Internacional de Justicia.
Visto el asunto desde el ángulo de la derecha, la injerencia de Burton no está fuera de la normal, pero no fue así cuando se especuló sobre la gestión de unificar al MRS con el ALN en sustitución de la fracasada unificación con el PLC. Tratar de suplir con una opción de izquierda el fracasado intento unificador la derecha es una anormalidad, un absoluto mecanicismo político, porque son dos corrientes políticas sin más afinidad que ser fuerzas emergentes opuestas al pacto de los dos caudillos de su respectivo partido original.
Por ello, la idea sobre el tal híbrido no trascendió más allá de la intención de los diplomáticos gringos, porque, además de no haber afinidad, su interés es fortalecer la opción Montealegre y no la opción representada por Edmundo Jarquín. En cualquier caso, su objetivo sería tratar de asimilar a la Alianza MRS y (si no pudiera, como no se pudo) disminuirla o anularla como opción viable. Unido a este objetivo está el interés de condicionar la acción y el pensamiento político de las masas populares con el veneno del antiorteguismo, como mampara de la antirrevolución, y lo hacen para presentar los errores y los vicios del orteguismo como algo inseparable y consustancial a toda la izquierda, para desprestigiarla como alternativa al neoliberalismo.
No obstante, quedan algunas interrogantes: ¿por qué estando el suelo tan parejo se dio el brinco hacia la conversación con Burton? ¿Fue necesario ayudar a dar pábulo al cuento de la “unificación” MRS-ALN reuniéndose con Burton? La razón para hacer estas preguntas las refuerza la experiencia histórica, en el sentido de que los estadounidenses no actúan si no es con la intención de darle legitimidad a su injerencia en los asuntos internos de nuestro país, y en esta ocasión ningún Burton viene a buscar un objetivo diferente.
Esto lo observamos en otra ocasión, y lo reafirmo ahora: no es falta de cortesía ni de diplomacia rechazar la invitación de un funcionario estadounidense cuando éste se inmiscuye en los asuntos políticos que sólo competen a los nicaragüenses, sino un acto de dignidad política, dado que aceptarla refleja --si no la obediencia y la sumisión ciega-- al menos reconocer de hecho una autoridad que Estados Unidos ni ninguna otra nación tiene sobre nuestra política.
Cierto es el hecho de que tenemos 157 años de estar bajo la influencia y la injerencia gringa sobre el país y sus gobernantes, pero el primero y más importante paso para sentirse y parecer libre es no reconocer esta situación, menos legitimarla. ¿Acaso ayuda a mantener esta actitud aceptando discutir propuestas que sólo le interesan al país interventor? ¿Qué gana para su causa un político reconocerle a un representante del imperio su derecho a sugerir, discutir o cuestionar algo respecto de nuestras elecciones?
Mantener distancia digna en la relación con los Estados Unidos es más que un detalle, porque reivindica de esta forma la dignidad nacional, lo cual no es fácil para el político de derecha, acostumbrado a obedecer y a considerar un gran mérito recibir una invitación de un político estadounidense y acudir a donde éste quiera; pero para un político progresista es un detalle importante y obligado, porque rompe la tradición de hacer política en Nicaragua de forma sumisa, complaciente y acomplejada ante representantes del imperio.
Es fundamental no copiar esas actitudes, porque, de lo contrario, no se puede ser ni parecer digno ante el pueblo, y este nuestro pueblo necesita tener políticos dignos, porque han sido tan pocos los que en nuestra historia lo han sido que hasta un detalle como éste adquiere un significado de carácter nacional reivindicativo. En las pequeñas actitudes también se refleja la grandeza de un propósito político.
Se reconoce que en esta etapa de la lucha por hacer un cambio democrático no se puede comenzar planteando la transformación social conforme el punto de vista tradicional de la izquierda, por lo atrasado de las estructuras de la economía, lo social y lo político de nuestro país, y también deformadas por la corrupción de las cúpulas partidarias. Pero reconocer esto obliga a tener una compostura consecuente en toda circunstancia.
La opción que representa la Alianza MRS no es absolutamente homogénea en lo ideológico (si no fuera así, ¿para qué alianza?). El Movimiento de Rescate del Sandinismo no trata de anteponer esta tarea histórica a la necesidad de rescatar en este proceso electoral las instituciones nacionales secuestradas por los pactistas; el Partido Socialista tampoco pretende anteponer a las tareas democráticas inmediatas un programa de transformación de la sociedad; los cristianos no están pensando imponer a sus compañeros de alianza una visión religiosa de los problemas políticos, sino en las reivindicaciones humanas urgentes; el Movimiento de Renovación Sandinista no plantea en este momento devolverles a los sandinistas el tipo de organización secuestrada y perdida en la maraña de la politiquería tradicional por la cúpula orteguista.
Los sandinistas y no sandinistas sin partido que hacen presencia en la Alianza MRS, como el Partido Acción Ciudadana, no lo hacen para retornar a las posiciones de poder que, además, no las tuvieron antes, sino para devolverle al pueblo la esperanza de que en estas circunstancias históricas, la mística y los valores originales del sandinismo son necesarios para sacar a Nicaragua del marasmo corrupto en que la han hundido los liberales, los conservadores y los orteguistas.
Por otro lado, hay que evitar la trampa de corear la consigna de luchar para que determinado candidato no gane, porque ésta es otra versión del interés derechista y gringófila de satanizar al orteguismo, porque pretenden hacer creer que éste representa la idea revolucionaria en general y de la izquierda en particular. Además, si todo partido en contienda electoral tiene como objetivo central ganar el poder, no es inteligente proclamar que no gane fulano o zutano; para un buen político, la lucha debe ser para que el vencedor sea el suyo. Aunque pequeño, el éxito de hacer fracasar a Burton es histórico, no lo echemos a perder con babosadas.