Opinión

Los símbolos patrios


Toda esta discusión sobre la utilización de los símbolos patrios en las actividades políticas me parece una tremenda pérdida de tiempo. Nos es que los partidos estén o no utilizando la bandera y sus colores, está claro que todos lo están haciendo.
Lo que me molesta es que nadie se pronuncie en contra de las declaraciones políticas de embajadores, ya sean de Estados Unidos, Suecia o Venezuela. Creo que exigir el silencio y el rechazo a este injerencismo, es hacer más patria que al estar pendientes de que si la bandera va o si la bandera viene.
Estar al tanto de la procedencia del dinero para la campaña electoral de los partidos políticos, uno de los grandes misterios de nuestro país, ¿hay países o compañías nacionales o extranjeras detrás de este financiamiento en detrimento de nuestra soberanía? o de las sedes diplomáticas que aportan dinero para “capacitación” a partidos políticos de su simpatía, aunque haya sido antes de la campaña electoral, es hacer patria.
Exigirle a los observadores nacionales o extranjeros que se limiten a temas técnicos y no políticos, y que sean realmente imparciales, me parece que es una mejor forma de hacer patria que si se firma o no sobre un pedazo de tela blanca. La patria es otra cosa, tiene que ser otra cosa.
Si esa misma indignación, que sienten ciertas personas ante la utilización política de los símbolos patrios, la tuvieran frente a la destrucción de nuestros recursos naturales, tanto por nosotros mismos como por compañías transnacionales: bosques arrasados, lagunas, lagos contraminados, tendríamos otro país.
Si sintiéramos esa misma rabia ante la pobreza que sobrepasa el 70% de la población, ante la falta de educación, de oportunidades, la privatización de nuestros servicios públicos, ante la falta de seguridad jurídica o ciudadana, unas instituciones firmes e independientes, otra sería nuestra nación.
Cuando seamos capaces de realizar y exigir todo eso, entonces sí, los símbolos patrios van a adquirir el valor que le quieren dar; sin embargo, aún así, no estarán representados en un pedazo de tela, sino en el orgullo de vivir en un país verdaderamente soberano e independiente, que sea nuestro, a como nosotros los nicaragüenses lo elijamos.