Opinión

Un veneno llamado verdad


Hace un tiempo estuve viendo un reportaje en un canal internacional especializado en animales en el cual se hacía referencia a los animales más venenosos del mundo; entre ellos ocupa el primer lugar la cobra real, la ranita colombiana, la araña viuda negra, etc., etc. Todos estos animales inyectan su veneno tanto para defenderse como para alimentarse; las víctimas sucumben ante estas situaciones y son capaces de matar a grandes mamíferos, por supuesto que no se salvan de estos efectos los seres humanos.
Por la propia naturaleza, los seres humanos no producimos veneno cuando mordemos, sin embargo, a través del tiempo hemos tratado irremediablemente de compararnos con los animales, tanto en sus virtudes como en sus defectos. El tema del veneno ha sido uno de los principales ejemplos, esta característica “venenosa”, al igual que muchos animales, sale de nuestras bocas en forma de palabras, es por ello que cuando no nos gustan las expresiones de otro lo catalogamos como un tipo “venenoso”, que destila “veneno”, o que siempre camina “envenenado”. Son muchas las analogías con esos animales ponzoñosos en relación a las personas desagradables, claro, dependiendo no sólo del mensaje que se envía, sino del carácter de quien tira este veneno.
Podríamos hacer muchas clasificaciones de los venenosos, desde los más mentirosos hasta los más desagradables y despreciables seres, pero muchas veces eso es absolutamente relativo; insisto, depende del emisor y del receptor, pero a pesar de todo eso sabemos perfectamente que existen efectivamente venenosos que sólo abren la boca para ofender a los demás sin ningún tipo de argumentos; es decir, si establecemos una escala mínima de ética y de lógica, la mayoría estaremos de acuerdo en que esta persona o grupo de personas destilan un veneno terrible y mortal, lleno de odio y de los peores sentimientos del ser humano y de los mismos animales.
Los vientos electorales nos traen a muchos venenosos, de un lado y de otro, basta con tener en frente a cualquier medio de comunicación y nos daremos cuenta de ellos; pero en este artículo me quiero referir a aquellos que por decirles la verdad en sus caras nos llaman “venenosos”. Quienes tenemos el privilegio de expresar nuestras ideas y análisis tanto sociales como políticos estamos expuestos a muchas críticas y a veces a pocas alabanzas, ésa es la vida, y cuando escribimos asumimos de forma seria las repercusiones por haber expresado nuestras opiniones, suele suceder que estas ideas expresadas para muchos son el veneno más mortífero jamás inventado; en cuanto entra por su vista cada palabra se retuercen como culebras apaleadas por el solo hecho de no tener el antídoto: los argumentos para contradecir.
Efectivamente que estas personas mueren inevitablemente “envenenadas” por nuestras palabras. Si sólo se pusieran a pensar en que las palabras no matan y que las ideas y argumentos sólo se rebaten con otros igualmente contundentes y demostrables, nuestro país sería una tierra de ensueños. El veneno de la verdad no se combate ni se elimina con el veneno de la mentira, no son compatibles puesto que la verdad tiene más toxicidad por su claridad. Vamos a poner algunos ejemplos de esta lucha tóxica.
Si decimos que existen sandinistas y danielistas nadie lo puede negar, somos sandinistas todos aquellos que nos cobijamos bajo la bandera del general Sandino, el padre de la revolución antiimperialista, quien nunca quiso ser presidente a costillas de las muertes de sus soldados guerrilleros. Danielistas son aquellos que defienden al caudillo contra viento y marea y son parte de sus estructuras secuestradas por la familia de Ortega y de los más de sus allegados. El hecho de que miles de los que estábamos en el Frente ahora ya no estemos en ese partido no nos hace jamás menos sandinistas que ellos, incluso me atrevo a decir que quizás somos más sandinistas que muchos de ellos, y no decreto como decía un amigo, ése es mi veneno de la verdad en este caso.
Si decimos también que a muchos nos costó la causa revolucionaria y casi la pagamos con nuestra sangre, es absolutamente cierto, miles murieron en la guerra de liberación y otros miles más en la guerra por defender la revolución. En lo personal me tocó vivir esas experiencias de guerra con las gloriosas compañías de infantería de marina en el Atlántico Sur de nuestro país, no es cuento y eso nos hace tener mucha mayor autoridad moral que algunos que ahora quieren ser más revolucionarios que aquellos que no estamos militando en su secuestrado partido. ¿Con qué irrespeto vienen a descalificarnos con altanería y con fantasías de combates que sólo los han librado en los videojuegos?
Cuando tiramos el veneno de que existe un vergonzoso pacto que oprime al pueblo y que sólo beneficia a sus más allegados es un veneno de verdad, para muestra sólo vean qué han hecho con las instituciones de justicia, Electoral, Legislativo, en fin, sólo vean cómo han desmontado la esencia democrática del pluripartidismo.¿Cómo no le va a llegar el veneno al señor Rizo cuando le decimos que quien mangonea al PLC, la campaña electoral y a los mismos candidatos es el reo Alemán? ¿Adónde tienen el antídoto para defenderse de este envenenamiento?
¿Quién nos puede negar semejante piquete mortal de que la mayoría de la estructura de campaña del Eduardo Montealegre está llena de oportunistas, banqueros insensibles y alérgicos a los pobres? ¿Acaso nos es venenoso decirle a este señor que explique qué pasó en realidad con los Cenis? Es veneno puro, lleno de verdad hasta que no demuestre lo contrario.
¿Y qué podemos decir del Comandante Cero?, definitivamente que es honesto, no es corrupto y es un héroe revolucionario, pero no es honesto consigo mismo en el tema de la candidatura, él sabía desde un inicio que sólo estaba buscando protagonismo, a como se lo dije una vez: ya no hay otro palacio que tomarse, Comandante, si fuera un poquito más humilde se hubiese dado cuenta de que lo mejor es no haberle agarrado vara a Tardencilla, sería nuestra reserva moral y de ejemplo a la futuras generaciones, lamentablemente ahora sólo nos servirá para otras referencias.
¿Por qué le tienen tanto miedo al feo?, el veneno verdadero es que es el candidato mejor preparado y el único que va subiendo en las encuestas, los envenenados lo niegan, pero lo tienen en la nuca, ya veremos qué pasa con esta única esperanza de cambio.
En conclusión, debo reconocer que soy de esa especie venenosa, que destilo veneno y de un poderoso llamado verdad, ni a mí me gusta que me digan la verdad en mi propia cara, y mucho menos en un periódico tan prestigioso y “venenoso” como éste en cuanto a criticar con veracidad a los corruptos y a decir lo que otros le ocultan al pueblo, sin embargo, no puedo cambiar mi discurso, lamentablemente debo reconocer que seguiré causando mucho daño y envenenamientos con mis “mordidas”, pero alguien tiene que hacerlo, estamos comprometidos con el pueblo en seguir produciendo esta savia bendita, estas opiniones que destilan y causan daño a los alienados, tenemos muchas reservas de ese delicioso veneno llamado verdad.

León, septiembre de 2006