Opinión

La puerta


-Maestro --le preguntó Sergei una tarde mientras reparaban un recodo del río en donde desovaban las carpas--, aunque llevo algún tiempo contigo, no avanzo mucho en el camino de la iluminación. ¿Qué debo hacer?
-Si buscas la iluminación tardarás en encontrarla, porque la buscas para tu propio bien. Como el buen Maestro, el despertar llega cuando el discípulo está preparado. Iluminación, ¿para qué?
-Yo quiero decir la paz, el sosiego, la serenidad, argumentaba Sergei.
-A lo que tú llamas paz, llamo yo justicia; trabajo que libera a lo que tú llamas sosiego; y a lo que tú llamas serenidad, yo lo llamo rectitud de juicio, paciencia, humor e infinita generosidad. Hasta el olvido de sí mismo en el servicio a los demás.
-Pero, Maestro y padre mío, ¿adónde está la puerta de ese camino?
-¿Oyes el rumor del torrente que salta ente las rocas?
-Sí, claro, Maestro.
-Pues bien, ahí está la puerta del camino que nos conduce al despertar. Así caerás en la cuenta de que todo está en nosotros mismos, y en lo que nos rodea, nos sucede o nos inquieta.
-¿En la pregunta se encuentra la respuesta?
-Si está bien formulada, así es.
-¿Y cómo saberlo?
-Anda, Sergei, creo que es hora de tomarnos una taza de té bien especiado, a la manera india que tanto te gusta, le dijo el Maestro sonriendo y esperanzado porque veía al polluelo debatirse dentro de una cáscara cada vez más fina.