Opinión

Elecciones y programas económicos


“Si buscas resultados distintos,
no hagas siempre lo mismo”.
A. Einstein

La economía nicaragüense ha estado creciendo, sin embargo, crecer no es suficiente para arreglar los rezagos sociales, garantizar la democracia. En tiempos de elecciones se escucha mucha propaganda y promesas para atraer a los electores. Pero los políticos deben mostrar respeto hacia los votantes. Debe prevalecer la seriedad, abandonar la politiquería, el ofrecimiento barato, deben desaparecer las acusaciones recíprocas y los chismes políticos. En suma, el próximo gobierno debe mostrar mayor madurez política para enfrentar los serios desafíos económicos y sociales que tiene el país. Entre ellos la deuda interna, el desempleo, las reducidas y poco diversificadas exportaciones, el ineficiente modelo energético, la dependencia de las remesas y la cooperación internacional, la creación de la banca de desarrollo, la corrupción y politización de las instituciones, etc.
Las organizaciones políticas deben pensar más en el país que en las cuotas de poder. Es decir, hay temas que deben estar en las prioridades de sus plataformas programáticas. Los temas que se debaten deben ser los que llaman la atención y preocupan a la gente. Hay desafíos cruciales que no deben ser escamoteados en las campañas por los aspirantes a gobernar el país, sino que deben ser la prioridad en la agenda. Los ciudadanos que conocen las propuestas estarán en mejor condición de elegir la alternativa mejor. Los temas importantes para los ciudadanos serían entre otros:
La cuestión del crecimiento económico y reducción de la pobreza. Los partidos deben presentar a los ciudadanos cómo piensan mantener el crecimiento sostenido de la economía, de buena calidad, que genere empleo, reduzca las altas tasas de desempleo y la emigración. Nuestro país no puede conformarse con ser una fábrica de emigrantes. El crecimiento es condición necesaria, pero no suficiente, para crear empleo y garantizar el desarrollo. Además, es importante saber cómo se va a conseguir el mismo, de dónde se va a financiar y cómo mejorar su distribución. Si éste no va a depredar los recursos naturales. Por tanto, la gente espera que la economía crezca, pero que no sea un crecimiento empobrecedor, sino que signifique desarrollo en condiciones de libertad y perciba sus beneficios. Se trata, pues, no sólo de un mayor, sino un mejor crecimiento.
El crecimiento debe significar disminución de la pobreza. No se debe esperar que funcione la economía del chorreo, o lo que es lo mismo, no nos preocupemos por los pobres, porque al final se beneficiarán del crecimiento, no importa cuándo. El crecimiento de países emergentes como China e India atestigua que es posible sacar con políticas responsables a mucha gente de la pobreza. Si al menos no se crece en un 6% de manera sostenible, ni siquiera se alcanzarán los Objetivos del Milenio de reducir en un 50 % hasta 2015 los niveles de pobreza. De los 550 millones de latinoamericanos, 50% viven con menos de 2 dólares diarios. Según cifras del BCIE, Nicaragua crecerá un 3.1 % en 2006.
El aspecto de la inversión en educación, investigación y desarrollo resulta estratégico en el debate. Los precios de las materias primas se pueden desmoronar (el precio del petróleo ha descendido), los países que producen bienes y servicios de la economía del conocimiento o le agregan valor a sus productos generan más y mejor calidad en los empleos. Los 32 países latinoamericanos y del Caribe gastan juntos US$11,000 millones anuales en investigación y desarrollo de nuevos bienes; pero en Asia, solamente Corea del Sur, destina $12,000 millones anuales sólo para este rubro. La educación debe ser una prioridad en los debates y las plataformas programáticas. Un desafío prioritario es aumentar los años de escolaridad, pero también superar la calidad de la educación que se imparte. Nuestro país invirtió un raquítico 0.1 por ciento del PIB entre 1997 y 2002 para el gasto en investigación y desarrollo. Con ese gasto es difícil curar la pandémica enfermedad del conocimiento que padecemos.
La cuestión de la crisis ambiental. Las catástrofes naturales no existen, ni la naturaleza existe independiente de la naturaleza humana. Se trata de cómo salvar a los bosques, el paisaje y el agua. Para ello debe haber una propuesta de uso racional de los recursos naturales. La forma en que estamos gestionando los recursos naturales nos lleva al despeñadero y verifica la tesis que hemos convertido la bendición de los recursos en una catastrófica maldición. Aquí hace falta fortalecer la institucionalidad y promover la conciencia ciudadana de gestionar bien los recursos para salvarlos, hacer prevalecer las leyes y obligar a pagar al que contamine y destruye el medio.
Debemos exigir un planteamiento serio y responsable, así como políticas ambientales sólidas para detener el colapso ambiental y asegurar uno de los sectores económicos más rentables: el turismo. Las economías modernas son cada vez más de servicios. La agricultura en Holanda contribuye sólo con el 3 por ciento al PIB, pero los servicios lo hacen en un 72 %. Los recursos naturales son cada vez más irrelevantes en términos relativos. La floricultura holandesa tiene éxitos espectaculares, por su especialización, distribución y su mercadeo; a pesar de tener desventajas, como un clima no soleado, una mano de obra cara y poco territorio, es más pequeño que El Salvador.
La crisis energética es también un tema crucial. En la programática de los partidos debe estar planteada como una prioridad para la sobrevivencia del país. La elevada dependencia de la producción energética con derivados del petróleo nos condenará al atraso y a la eterna dependencia. Por qué no presentar de forma clara qué piensan hacer y cómo lograran romper con esa situación, para pasar una estructura de generación con fuentes alternativas, como la hídrica, la geotérmica, la biomasa, etc. Llegar al poder debe ser un medio para desarrollar una estrategia energética urgente para explotar los recursos que se tienen de la forma más eficiente. Con ello se puede garantizar un desarrollo económico sostenible en beneficio de la gente. Hay que hacer propuestas concretas y creíbles de cómo utilizar los inmensos potenciales que tenemos para producir energía. Si el problema energético no se soluciona, también se pone en peligro la posibilidad del crecimiento. La reciente crisis de los apagones ya tiene un costo económico de unos 100 millones de dólares para el país.
El problema de la institucionalidad amerita que no sea postergado. Las evidencias demuestran que los países con institucionalidad crecen más rápido, moralizan a la población, distribuyen mejor la riqueza y hacen funcionar un Estado de Derecho de forma más efectiva. Sin instituciones consolidadas, no hay desarrollo. Si hay institucionalidad es más fácil alcanzar la democracia política y la democracia económica. Los ciudadanos quieren saber cómo van a hacer para erradicar la miserable institucionalidad que nos gobierna y propicia la escandalosa y desmoralizante corrupción. Si no se moderniza la institucionalidad, postergamos la posibilidad de consolidar el desarrollo económico y social. Hay que decirles a los votantes qué se hará y cómo harán para despartidizar la justicia. También es importante que los que aspiran al poder digan qué es lo que no harán de lo mismo.
Hay que poner sobre la mesa, no la charlatanería política, no el juego sucio de las promesas, sino la propuesta factible y las soluciones posibles. Los candidatos deben tener una propuesta de cómo enfrentar los desafíos del Cafta, tanto en costo como en oportunidades. En las cuestiones del comercio, debe debatirse no sólo si hay que resistirse a la total apertura comercial, la discusión debe ser cómo mitigar los efectos negativos y cómo distribuir los beneficios de la misma si se obtienen. Cómo lograr hacer sostenible nuestro deficitario sector externo. En Nicaragua hace falta no sólo un mayor crecimiento, sino también un mejor gobierno de la cosa pública, los ciudadanos no quieren gobiernos ineptos. La eficiencia en la administración pública y la privada continúa siendo un recurso escaso.
Si bien es cierto que la estabilidad macroeconómica es necesaria, es más imprescindible la estabilidad social y las reales oportunidades económicas de la gente. Mejorar la seguridad ciudadana aminora el riesgo país. Se trata de potenciar el poder político de la gente en la toma de decisiones; pero además encontrar el balance entre las fuerzas del mercado y la intervención efectiva y necesaria. Las economías de mercado no se regulan por sí mismas, eso es una soberana bobería, pero también no es fácil administrar una economía de mercado que aspire a la equidad y la justicia social. Hay que develar las falacias y dar espacio a las soluciones creativas de los múltiples desafíos económicos. La economía es una ciencia y un arte, el buen gobierno necesita a las dos para conseguir el escurridizo balance en la estrategia. Si se buscan resultados distintos, el próximo gobierno no debe hacer lo mismo de lo mismo, sino tener visión de futuro. Nicaragua se lo merece y lo demanda.

Profesor de Desarrollo Económico
y macroeconomía,
Escuela de Economía
UNAN- Rucfa
romulo@ibw.com.ni