Opinión

Las dos músicas


Aunque la música es única, la hemos seccionado para tener una mejor comprensión y a la vez mejor identificación. La primera gran clasificación es aquella entre la música académica y la cotidiana popular. Fueron precisamente los doctos de la música de conservatorio, también llamada académica, erudita o culta y erradamente clásica, quienes crearon la primera separación.
Puesto que la división es real, cabe anotar el carácter discriminativo o elitesco que se pretende aplicar a la música erudita. Si fuese así, atentaría contra su propia esencia y negaría la divulgación que tiene. Pues bien, aunque suene contraproducente, la música académica es también popular.
No se trata de ningún trabalenguas, mas existen diferencias al analizar el origen de ambos sectores. Mientras la erudita exige formación académica, la popular no precisa de educación musical. Fueron juglares, ministriles, bardos o cantores de caminos u ovejeros quienes nos dejaron el sentir por el amor y relatos épicos de grandes hechos. En la actualidad investigadores afirman que Homero fue un bardo y la iliádica guerra de Troya, un sumario de su cantar.
La música de estudio, para mejor entenderla, tiene varias etapas históricas. Empecemos: en la clasificada como música antigua están los sonares de la vetusta Grecia, así como los cánticos religiosos hebreos, rurales y mundanos en épocas del Imperio Romano. Se puede considerar esta era como integral, y si existió alguna seccionalización fue intranscendental.
Es en el seno de la Edad Media, cuando aparecieron las notaciones musicales para escribir música y la polifonía, surgieron las primeras señales de rotura, propiciadas por los cantos religiosos como los gregorianos y paganos callejeros, considerados inclusive pecaminosos.
Luego se iniciaría el período Gótico, hacia el año 1150, que se distingue por el surgimiento de la música instrumental aplicada a cultos cristianos y en paralelo a la música profana o secular, marcando así el quiebre dentro del arte sinfónico. Hacia 1450, cuando la música está ya dividida, aparece el período del Renacimiento y su música, que es indudablemente bella, heredando magnas obras religiosas y otras ya denominadas académicas o de estudio.
Surge la época del Barroco, que propicia el nacimiento de la Ópera, de la música de conciertos y la Opereta; y cuyo desarrollo en Europa fue crucial, brotando allí los primeros grandes nombres: Händal, Vivaldi y Bach. Es hacia 1750 cuando se inicia el período Clásico con célebres maestros como Hyden, Mozart, Beethoven y fue tan fuerte, con el desarrollo del piano, que marcó profundas huellas e inclusive dejó de manera errónea el apelativo de clásica.
Siguió el período romántico o del Romanticismo con insignes pianistas como Liszt y Chopin. Destacaron compositores tales son Mendelssohn, Schumann y los operísticos, Verdi y Wagner. Paralelo al Romanticismo se dio el desarrollo del Nacionalismo y apareció el mexicano Aniceto Ortega con su famosa obra nacionalista Guatimotzin, basada en la temática azteca.
Con la llegada del siglo XX, emanó una nueva manera que así se titula. Grandes de este movimiento son Carl Orff y su mundialmente famosa Carmina Burana, los estadounidenses Aaron Copland y George Gershwin, que inclusive incursionaron en el cine, más el brasileiro Héctor Villalobos. Cerramos el ciclo de la música de conservatorio con la época actual, la contemporánea, que es madre de la música electrónica, incluido el Minimalismo.
Por otra parte, la música popular carece de estos marcados períodos, quizás por su falta de universalidad o gran variedad que en el mundo existen. ¿Conocemos acaso alguna música china, africana o aquella del desierto? No. ¿Sabemos de las diferencias entre la música de cada país árabe? No. Pero sí estamos seguros que la occidental domina, teniendo en el jazz y el rock, los dos únicos géneros con carácter mundial y no suficientes para crear divisiones.
También es lógico suponer que el desarrollo de la música popular corrió paralelo a la erudita de conservatorio. Un ejemplo es el Bolero de Ravel, que no puede ocultar su raíz en el Romanticismo o el Danzón cubano y su plena identificación con la Contradanza, que vino de la misma fuente romántica.
Es válida la opción de agrupar estilos populares como música urbana, folclórica, campesina, protesta, de arrabal, etc., pero ello no implica una uniformidad mundial, sino más bien un acento cultural de cada país o región.
También existe una manera de dividir la música popular o pop, a como la llaman los estadounidenses, que no va de acuerdo a movimientos capaces de segregar. Así decimos: “antes o después de Bill Halley, Elvis, Pérez Prado, Beatles o Piazzola”, pero son sólo términos referenciales de etapas o estilos. La música popular no obedece a reglas y además de profana, es caprichosa. Mas aquellos que disfrutamos de la armonía entre sonidos amamos bien las dos músicas. Amén.

Caracas, septiembre 2006