Opinión

Hay que respetar al pueblo


En el próximo mes de noviembre todos los nicaragüenses mayores de edad, mujeres y hombres, tenemos una cita con la historia, una cita con el destino de nuestro país y con el porvenir de nuestro pueblo. Tenemos que acudir a las urnas electorales para hacer efectiva nuestra intención de voto; elegir a nuestros futuros gobernantes, a los hombres y mujeres que durante el periodo de tiempo señalado por la ley tendrán a su cargo la más alta responsabilidad de nuestra nación: la administración del Estado.
El acto de votar para elegir autoridades es un derecho y una obligación que debemos asumir con responsabilidad ciudadana; es, además, un acto de fe y de conciencia cívica. Es un acto de fe porque nuestra decisión será producto de la más íntima reflexión. Es un acto de conciencia cívica porque es el único momento en que tenemos el poder para premiar, para sancionar y también para reparar el error de las decisiones anteriores y, lo más importante; es el momento en el que a todos los ciudadanos nos iguala la ley. Votar, y votar concientemente, es la realización del ideal democrático.
Sin embargo, al parecer, aún no estamos preparados para manejar las herramientas de la democracia y las dejamos a un lado cuando no podemos usarlas en propiedad, tomando nuevamente las hachas de piedra, que, aunque ya están obsoletas, son las que nos dan seguridad, porque no entendemos que la democracia es una utopía, un ideal, que sólo se realiza cuando nos realizamos en él. Solamente cuando esta verdad esté clara en nuestras mentes brillará con fulgor propio la democracia.
El escenario en que los actores políticos han interpretado sus respectivos papeles ya no es el tablado de feria de antaño, donde podíamos exhibir nuestras prendas humanas sin el temor de enseñar el cobre. Ahora, gracias a la tecnología, todo lo que hagamos y digamos es del conocimiento internacional, en menos tiempo del que canta un gallo, por ello es preocupante que, con raras y encomiables excepciones, se haya puesto en escena la campaña más sucia de los últimos tiempos. Sin el menor respeto al pueblo, y a los sufragantes que pretenden atraer a su favor; han saturado el ambiente de tantos insultos, calumnias y descalificaciones, que es difícil pensar que provengan de personas medianamente civilizadas. Tal vez sea por eso que desde fuera tampoco respetan nuestra soberanía electoral.
En un ambiente como el que se respira; a juzgar por la actitud intransigente y provocativa de algunos dirigentes de agrupaciones partidarias; es fácil hacer una lectura anticipada de lo que podría ser el final de estos comicios, si la cordura no vuelve a la mente de los contendores. Los adjetivos calificativos sólo acumulan presión, en la caldera de las pasiones banderizas; poniendo en peligro la paz social y lo que hemos logrado avanzar en la construcción de la democracia, a pesar de las complejidades impuestas por nuestro entorno geopolítico.
En tales circunstancias, es de urgente necesidad que las fuerzas políticas que están participando legalmente en esta justa electoral suscriban un acuerdo patriótico con el pueblo, en el cual se comprometan a ser garantes del orden y la tranquilidad cívica en que deberán de efectuarse las elecciones, desde la votación hasta el cómputo final.
Damos por sentado que a esta altura el terreno electoral no está abonado para que las elecciones sean realizadas como una fiesta cívica, pero al menos podríamos intentar un ensayo para el futuro; sin esperar que salga perfecto, “lo mejor es enemigo de lo bueno”, dice el refrán. La ocasión existe, el motivo también, la persistencia en mantener actitudes agresivas y provocativas en algunos sectores de la clase política o de la sociedad civil dará lugar a pensar que existe el propósito de enturbiar el proceso, con la finalidad de restar legitimidad al resultado final de la votación. Esperemos que estas conjeturas sean sólo eso, conjeturas. Lo contrario sería desastroso.
Es de necesario que los medios de comunicación y los sectores de la sociedad nicaragüense que aún conserven opinión propia y sentido de responsabilidad social, contribuyan con sus aportes para que la tónica que ha prevalecido en esta campaña electoral se cambie por otra, más acorde con lo que el pueblo nicaragüense necesita y merece PAZ, TRANQUILIDAD Y RESPETO.