Opinión

La privatización del poder, la guerra y la paz


Julio Cortázar dejó inscrita para siempre en los corazones de sus lectores una frase memorable que escribió en Rayuela: Todo encuentro casual es una cita. La cita de marras ha servido para más de una seducción aviesa, una prolongada amancia o un estable matrimonio de ésos que a duras penas zozobran bajo el vendaval de los años. Uniones tragicómicas desde donde los hijos y las hijas, como lo hicimos nosotros un buen día, cual grumetes amotinados sin importarles la tormenta, saltarán a mejores o peores barcos. Pero no voy a hablarles de amores, sino de un libro terrible por su contenido y que por mera casualidad cayó en mis manos.
A las personas de espíritu libertario y aquellas que siempre apuestan por la democracia, los ominosos totalitarismos, el nazi-fascista o el estalinismo, en todas sus versiones, variantes y latitudes nos producen horror. Ese horror al totalitarismo del siglo pasado y a sus posibilidades de reedición en el siglo XXI nos impide ver cómo la globalización del capitalismo salvaje se está convirtiendo en el megatotalitarismo de las internacionalizaciones y las privatizaciones. Fenómenos a los que no se ha podido escapar nada: ni la violencia, ni los ejércitos, ni la guerra y tampoco la paz. Como dice Peter Singer: “El poder de la privatización abarca también la privatización del poder”.
Y de eso precisamente trata el libro de Herbert Wulf intitulado Internacionalización y privatización de la guerra y la paz. Desconozco si existe versión en español, me estoy enfrentando a este texto en su versión inglesa (Internationalizing and privatizing war and peace, Palgrave-MacMillan, New York, 2005) por supuesto, con un inglés chapucero digno del mejor charro pachuco. El profesor H. Wulf es alemán, Director del Centro de Conversión de Bonn, especialista en control de armas, ha asesorado a las Naciones Unidas en muchos conflictos bélicos, es investigador del Instituto de Investigaciones para la paz de Estocolmo y profesor en la Universidad de Hamburgo.
Wulf en un cuadro que él llama “Internacionalización de las fuerzas armadas y privatización” de la violencia señala que las Nuevas Guerras y las Nuevas Fuerzas Armadas se han internacionalizado a través de misiones militares supranacionales (la OTAN en Sarajevo), intervenciones militares (la coalición supranacional de fuerzas armadas articulada por la administración republicana de los Estados Unidos de América en contra de Irak), las operaciones de mantenimiento de la paz (cascos azules de la ONU, en Israel) y los esfuerzos por mantener la paz en regiones de potencial conflicto bélico (misiones de la ONU, OEA, etc.)
Para desarrollar el tema de la Privatización de las Nuevas Guerras, Wulf apunta que en el mercado de la violencia vamos a encontrar como un nuevo fenómeno a actores no estatales: señores de la guerra, crimen organizado, pandillas, terroristas, rebeldes, milicias y niños soldados. Y en el tema de la Privatización de las Nuevas Fuerzas Armadas indica la aparición de compañías militares privadas, compañías de seguridad privadas, compañías de servicios militares (avituallamiento y mantenimiento de la técnica) privadas, productores de armas y mercenarios.
El texto de Wulf no parte del maravilloso campo de la hipótesis, sino que es una reflexión analítica construida desde datos y hechos duros que se están dando hoy en el mundo contemporáneo, hasta en regiones geográficas que parecen muy atrasadas, como Centroamérica. Aunque en nuestra región asistimos todavía a una privatización ligth de la violencia vía crimen organizado, sicarios, maras, pandillas, por un lado, y compañías de seguridad, por el otro. Aún no llegamos a los niveles de privatización del poder a que han llegado las metrópolis del capitalismo salvaje global en el Oriente Medio o África por ejemplo.
Este nuevo fenómeno mundial de privatización del poder y la guerra tiene implicaciones epistemológicas e históricas importantes, como la pérdida de control del monopolio estatal de la violencia por los estados nacionales y por las autoridades internacionales. Algo nunca visto en nuestro planeta desde que se firmó la paz de Westphalia, en 1648, que dio origen a los estados nacionales europeos que sirvieron de modelo a todas las regiones por donde extendieron su globalización.
Otro asunto de naturaleza ético-moral con implicancias en el derecho internacional, es que al contratar ejércitos privados para atacar, masacrar, torturar, encarcelar, desaparecer personas, los poderes fácticos de las potencias al violar flagrantemente las Convenciones Internacionales sobre la guerra (la de Ginebra, por ejemplo), con todos estos crímenes pueden creer que no tienen responsabilidad como ejércitos y estados frente al derecho internacional y que están exentos de responsabilidades penales.
No sé si el derecho internacional está preparado para esta nueva arremetida del capitalismo salvaje totalitario. Lo ignoro. Las organizaciones de la sociedad civil, los organismos internacionales y la conciencia de la humanidad deben estar muy preocupados por meter en cintura a las potencias que se han atrevido a poner una vez más el crimen sobre la ley. A esas potencias el derecho internacional, tarde o temprano, los juzgará por genocidas, torturadores, violadores de los derechos humanos y criminales de guerra, poniéndolos Fuera del Juego, como reza el título de otro libro del gran cronopio.