Opinión

Encuestas versus resultados = candidatos ilusos


Tal parece que a los aspirantes políticos presidenciales es difícil convencerles acerca del comportamiento de éste nuestro querido pueblo. No quieren aprender de la historia, por lo que tendrán que repetir errores. Las encuestas en Nicaragua, como muchas otras cosas, no funcionan.
Las encuestas, que el suscrito llama amañadas, no son otra cosa que la promoción que los aspirantes buscan afanosamente a base de compra de publicidad y realización de propaganda política. Los encuestadores toman una muestra 1,000, 1,600 o el número que sea. Pero muy pocas veces es más de 1,600 personas el universo a encuestar. Más de 100,000 personas, es por demás un excelente escenario para muestreo (Costa Atlántica). Salir hablando disparates “de que no son las nacionales”, “que invirtió poco tiempo”, “diferentes costumbres” etc., etc., es tratar de hacerse el tonto. No hay peor ciego que aquel que no desea ver. Cuando la encuesta que encargué me pone como Superman ahí todo está bien y me considero el próximo Presidente; pero cuando me enfrento a la realidad y salgo con un porcentaje muy bajo invento toda clase de excusas.
Hace muchos años --durante mi exilio--
trabajé tiempo parcial en encuestas de diferentes tipos. Mi supervisor, un experto en esos menesteres, me orientaba cómo entrevistar al ciudadano norteamericano y a los de otras etnias, especialmente cuando quería obtener un dato específico, digamos el teléfono. A través de ciertas truculencias a veces caían, y así sucedía con otro tipo de información. Con el asunto de la privacidad, al menos en 1980-1982, en USA era muy difícil sacarle el número de teléfono a un norteamericano.
Pues bien, si vamos a un barrio en el cual el Alcalde entregó títulos de propiedad, lógicamente esos pobladores le darán el voto al partido de ese Alcalde, al insinuar sobre su candidatura. Y así vamos escogiendo el universo necesario para el fin deseado. Igual sucedería si entrevistamos a disidentes liberales acerca del otro candidato. Por eso les llamo amañadas al tipo de encuestas utilizadas para subir el perfil de un cliente. Es interesante conversar con amigos que me dicen “pero a mí jamás me han preguntado nada”
Referente a los resultados de las elecciones versus porcentajes de las encuestas: las últimas tres elecciones nacionales nos dan una lección: las encuestas se han equivocado en nuestro país. Nadie podría decir que doña Violeta era la favorita, sin mentir. Igual sucedió con Alemán y también con el tal Bolaños: las encuestas se equivocaron. ¡Simple!
La obsesión, tozudez y arrogancia impiden a los aspirantes replegarse o retirarse a tiempo, para no quedar en ridículo. Pero el ser humano es así. Como personas, todos los candidatos son excelentes. Toda esa plata que gastan en las encuestas bien la podrían invertir en apadrinar familias de los niños de los semáforos, para conseguirles trabajo, en regalar medicinas en los asentamientos y cordones de miseria en el campo, hacer reuniones los fines de semana para concienciar a los electores. Es más rentable generar el agradecimiento por parte de la población marginada, obsequiando gorras, camisetas, delantales, hamacas, etc. etc.
Las encuestas pueden ser una guía o termómetro. Sin embargo, no se asegura una candidatura política a base de ellas. El Diario La Prensa y el Canal 2 nos han recetado mañana, tarde y noche la candidatura de un personaje por los últimos dos años. ¿No es suficiente?
Sin embargo, dicho personaje no pasa del mismo techo. Y aunque éste sea mayor que otros, no posee el verdadero vehículo del triunfo: las estructuras.