Opinión

El peligroso mundo del mañana


En la lucha por conservar la especie, nos reproducimos. ¡Pero qué difícil es reproducirse en un ambiente tan hostil! Lo pude percibir aquella vez que iba en un taxi, mientras una niña iba en los brazos de su madre tomando un glu-glu. Cuando terminó de beber su madre le quitó la bolsita y la echó a la calle.
Me pregunté ¿bajo qué normas de higiene vivirá esa niña? ¿Cómo una madre puede mostrar a su hija la manera de ensuciar la ciudad sin asco alguno? Definitivamente, si los árboles, el viento, las plantas y las aves pudieran devorarnos, ya lo hubiesen hecho.
La cultura ambiental está en descuido y mientras nos reproducimos el medio ambiente se asfixia. Vienen al mundo millones de criaturas al día, pero, ¿y las criaturas verdes? ¿Qué hay con la llegada al mundo de las plantas y el espacio que merecen?
El plástico es el rey que coronamos diario, el monstruo letal que desciende del petróleo. Todo lo que compramos y consumimos hoy, lo cargamos en plástico. Reproducimos plástico cuando escuchamos música, contaminamos el ambiente con lo que vestimos, en fin, estamos rodeados de polución.
Lo primero que besa un bebé es un chupete de plástico, su primer juguete es un carrito de plástico. Algún día querrá ser de plástico. ¡Si supieran –pequeñines- que juegan con fuego! El hombre puso en la rutina de sus hijos al plástico justo cuando estamos en la era del dióxido de carbono. Es una lástima.
La población aumenta y se agrieta el cielo de las grandes ciudades. Asimismo tiembla el suelo de las metrópolis y los desastres naturales arrecian. Esto es porque la especie humana dobló su nivel de contaminación y dejó a la intemperie la pureza del tiempo y el espacio.
El medio ambiente es el tiempo y el espacio de la naturaleza. La naturaleza gime por los troncos cercenados de sus árboles y los basurales que absorben los ríos. Seres inorgánicos se reproducen como si el hombre fuera una máquina de producir basura.
¡Ojalá nos preocupara el futuro! damas y caballeros, vivimos en un circo ambulante. Este mundo que gira entorno al dinero nos dará la sorpresa en el momento menos pensado. Si el papel moneda está hecho de árboles y de hojas silvestres, entonces, la devastación será peor.
Aquella niña disfrutó de su glu-glu. Ojalá supiera que su refresco estaba sucio y cargado de azúcar refinada. Pero la niña vive en medio de los errores de sus padres y se independizará hasta que tenga buen uso de razón. Esperemos que no sea demasiado tarde para limpiar el inmundo mundo que heredó.
La ciencia advierte que la siguiente guerra del mundo será por agua. El setenta por ciento de nuestro cuerpo es agua. El setenta por ciento del planeta es agua. Y si la ciencia no se equivoca esta vez, ¿cuánta energía no se quemará en esa guerra?
El negligente ser humano quiso perfeccionarlo todo. En su obsesión por ello descuidó lo que consume. Parece que estamos destinados a dividirnos. Nos reproducimos por instinto y traemos al mundo niños que serán futuros guerreros. ¿Acaso heredamos la tierra baldía de Elliot?
Si esperamos que la bomba de tiempo estalle hasta que nos matemos por una gota de agua, será criminal. No puede ser que el principio de la vida en la tierra se convierta en el motivo de crueldades en un futuro no tan lejano.
Mucha gente consume agua en botellitas y poco a poco la población mundial crece. De pronto esas botellitas serán armas o desencadenarán luchas. A menos que aceptemos que el agua es de todos, no sólo de quienes pueden purificarla o refinarla.
La vida no puede quedar en pocas manos. Los niños no pueden quedar en pocas manos. Es así de simple, o le enseñamos a los niños a convivir con el agua o ellos reproducirán nuestra peligrosa conducta contra el medio ambiente.
*Estudiante Universitario. grigsbyvergara@yahoo.com