Opinión

Dieciséis años


La denominada globalización y su correlato ideológico-político, el neoliberalismo, deben entenderse como una nueva guerra de conquista. Pese a Fukuyama y a su fin de la historia no se ha superado la bipolaridad, hoy Sur-Norte o simultáneos y no simultáneos. Esto ha obligado a una redefinición de los Estados nacionales. Y más allá de esta redefinición, el orden mundial volvió a las viejas épocas de las conquistas de América, África y Asia. Ésta es una modernidad anormal que avanza hacia atrás. Sin dejar de mencionar la tesis de las diversas modernidades.
Una de las primeras víctimas de esta re-conquista, en Nicaragua se ha podido ver con certeza en estos 16 años, es el mercado nacional. ¿Quién no recuerda la famosa Cobra en tiempos de doña Violeta? Los capitales volátiles (golondrinas), así como, más cerca de nosotros, los regímenes de zonas francas que un autor como Hugo Achúgar, en el Uruguay, les denomina el panóptico global.
De igual manera, las privatizaciones son parte de este juego globalizante y neoliberal. Es decir, una de las bases fundamentales del Estado capitalista moderno, el mercado nacional, ha sido erradicada en la nueva era de la economía financiera global. La ola globalizatoria colecta a sus víctimas, el capital nacional, por ejemplo, lo que desmejora, hasta más no poder, las políticas públicas. En este sentido, los Estados nacionales (caso Nicaragua) no disponen de la fuerza necesaria para oponerse a la acción de los mercados internacionales que transgreden los intereses de ciudadanos y gobiernos. Es notorio, hasta en aspectos políticos, lo que se ha venido llamando injerencismo norteamericano de parte del embajador Trivelli, es un ejemplo. Ante esto, nuestro canciller Caldera dijo que Trivelli estaba en todo su derecho, porque aporta el capital.
Ignacio Ramonet llama a esto: el hijo ( neoliberalismo) devora al padre (capitalismo nacional), y de paso destruye todos los embustes discursivos de la ideología capitalista: en el nuevo orden mundial no hay ni democracia, ni libertad, ni igualdad, ni fraternidad. Esto es comprobable en un país como Nicaragua, donde se habla de libertad y el periódico en el cual se publica este artículo fue reprimido por el gobierno de Arnoldo Alemán, lo mismo que otro periódico, en una acción a la inversa, ordenaba a un canal no transmitir un spot que se alimentaba de sus editoriales en un afán de morderse la cola o de arrepentimiento.
La igualdad en lo que respecta a la ciudadanía se puede resumir con una interrogante de Fernando Escalante: ¿ciudadanos o vasallos? ¡Ah! y la fraternidad no se ve por ningún lado. ¿Cómo ser fraterno en un país donde se ha venido alimentando el odio hacia el hermano? Un odio que viene desde fuera, como lo deja claro Jaime Morales Carazo en su libro titulado La Contra. No es sino hasta ahora que aparece una propuesta seria y madura de fraternidad, como es la de la Unidad Nicaragua Triunfa, la cual invita a la reconciliación, como una contribución fundamental al proceso continuado de entendimiento de nuestra nación. El FSLN está claro que sólo de esta forma se puede construir y consolidar la democracia y el desarrollo de una cultura de paz y armonía.
Por lo tanto, de elegirse nuevamente entre las propuestas neoliberales que están en la palestra significaría para Nicaragua el hundimiento total, el sumergirse en un atolladero insalvable, pues para nadie es un secreto que la pobreza ha llegado a ribetes aterradores de 4, 200,000. De igual modo, los estudios arrojan cifras escalofriantes sobre el analfabetismo en nuestro país, el que alcanza el 69 % de analfabetismo funcional (así como todo aquel profesional que no lee debido a los altos precios de los libros y tiene que decidir entre un libro o el alimento). En lo que respecta al salario, los datos proyectan que para 1990 alcanzaba para la compra de una canasta básica y media, y para estas fechas apenas alcanza para adquirir tres cuartos de ésta.
Así que es necesario un golpe de timón en cuanto al gobierno en nuestra nación. Hay que generar una visión orgánica del proceso de cambio y de sus necesidades, no sólo en cuanto a la relación entre grupos de ciudadanos, sino también entre la ciudadanía y el Estado. Creo necesario recordar que 16 años de neoliberalismo han significado un retroceso feroz en campos como la salud, la educación, en fin, en todo a lo que se refiere a políticas públicas. Por lo tanto, sólo hay una opción que sabe que todo plan de gobierno debe articularse en base a un plan social, y es la Unidad Nicaragua Triunfa. Así que, como bien reza el dicho popular, la suerte está echada.
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