Opinión

La educación más allá de la escuela


IDEUCA
Un tema central que merece ser examinado en el contenido de la Ley es cuál es el papel que se le asigna a la educación en el país. ¿Es vista la educación como un aspecto más a considerar en las políticas gubernamentales, o está llamada a ocupar el lugar central para dinamizar el desarrollo de la nación? En dependencia de la respuesta que se dé a esta pregunta, así será el rol que se le asigne a la educación en los planes de gobierno.
La Ley General ha de trazar la direccionalidad de la educación del país y el papel que le corresponde jugar a ésta en la superación de la pobreza y el logro del desarrollo. A este respecto, si bien la Ley traza algunos considerandos y principios innovadores, presenta también vacíos importantes en su concepción, por lo que, al parecer, prevalece una concepción más afín a la primera parte de la pregunta anterior. Dos ejes nos interesa develar: ¿Es vista la Educación como factor clave y decisivo para el desarrollo? y ¿En qué sentido la mirada a la educación supera una perspectiva escolar? Veamos:
- En los considerandos de la Ley se reconoce a la educación como “factor fundamental para la transformación y el desarrollo del ser humano y la sociedad”.
- Entre sus principios también reconoce a la educación “creadora en el ser humano de valores sociales, ambientales, éticos, cívicos, humanísticos y culturales… orientada al fortalecimiento de la identidad nacional…”. “Es una inversión en las personas, fundamental para el desarrollo humano, económico, científico y tecnológico del país y debe establecerse una necesaria relación entre la educación y el trabajo… La educación es un factor imprescindible para la transformación de las personas, la familia y el entorno social”.
- Entre sus fines establece que implica “la comprensión crítica de la cultura nacional y de la diversidad étnica y cultural de la nación… la práctica de la solidaridad y la integración con el mundo, en especial con Latinoamérica y el Caribe”; “la formación en la práctica del trabajo, mediante los conocimientos técnicos y habilidades, así como en la valoración del mismo como fundamento del desarrollo individual y social”.
- Entre sus objetivos se plantea “desarrollar una conciencia moral, crítica, científica y humanística… promover el valor de la justicia, del cumplimiento de la Ley y de la igualdad de los nicaragüenses ante ésta, fomentar las prácticas democráticas y la participación ciudadana en la vida del país, formar ciudadanos y ciudadanas productivos, competentes y éticos que propicien el desarrollo sostenible en armonía con el medio ambiente y respetando la diversidad cultural y étnica”.
La estructura del sistema educativo que incorpora trasciende la visión escolar tradicional, al contemplar tres subsistemas escolares (básico-medio-formación docente, técnico, superior), el Subsistema Educativo Autónomo Regional de la Costa Caribe Nicaragüense (SEAR) y el Subsistema de Educación Extraescolar (no formal e informal)
El Consejo Nacional de Educación (Título III) se constituye en el órgano superior del Estado de más alto nivel para la discusión y análisis del quehacer educativo y la armonización y articulación de los cuatro subsistemas educativos mencionados. Las seis comisiones técnicas nacionales ya conformadas constituyen el mejor instrumento para dar continuidad, articulación, coherencia y mayor efectividad a la educación. Estas dos vertientes brevemente analizadas, como puede verse, incorporan un conjunto de elementos que contribuyen a visualizar la educación más allá de la escuela y de sí misma, lo que ya de por sí representa un avance importante, aunque insuficiente, para acercar la educación a la realidad del país y a sus aspiraciones.
En efecto, el Subsistema de la Educación Extraescolar y el SEAR rompen con una concepción históricamente arraigada, según la cual la educación queda limitada por el techo y los muros de la escuela, excluyendo de su ámbito de prioridad a la educación multiétnica y multicultural. Al romper este paradigma, se crean condiciones para que la educación armonice sus procesos construyendo un continuum educativo diverso, integrador y flexible para el país, que cree vasos comunicantes entre todos los ámbitos sociales, geográficos, económicos y culturales de la educación, forjando espacios y avenidas para una integración más efectiva entre las expresiones educativas y los actores sociales ubicados en sus nichos ecológicos, sus comunidades, lo que facilita y vuelve más efectivas las políticas públicas destinadas a superar la pobreza y alcanzar el desarrollo. Lograr incluir esta innovación en la Ley no fue tarea fácil, sin embargo, el amplio debate llevado a cabo en el Foro Nacional de Educación posibilitó la toma de conciencia sobre tal necesidad y la decisión de asumir los compromisos que de ello se desprenden. Los desafíos pendientes sobre este particular son complejos pero necesarios. El primero de ellos es que se requiere avanzar con cierta urgencia en la identificación, coordinación y armonización de las expresiones educativas no formales e informales que, hasta el presente, han caminado con muy pocos puntos de encuentro. Las redes, sociedades, confederaciones, asociaciones, movimientos, sindicatos, gremios, expresiones educativas, medios de comunicación, etc. son algunos ejemplos de ello. La necesaria representación en el Consejo Nacional de Educación de estos sectores vuelve más urgente esta dinámica. El papel que juega la educación informal que ofrecen los padres y madres de familia y los medios de comunicación constituyen dos pilares que, hasta el presente, han caminado con total independencia y alejamiento de posiciones educativas compartidas; esta educación, vista con mirada de futuro, es cada día más importante para el país.
Todo lo dicho, sin embargo, pareciera sucumbir en el resto del contenido de la Ley, ya que tanto en sus principios, fines y objetivos, como en el articulado que de ellos se deriva, no logra evidenciarse con claridad y coherencia en la totalidad del contenido una perspectiva de centralidad de la educación como la mejor inversión del país para construir un futuro diferente, así como el papel que ésta ha de jugar articulándose debidamente con las políticas públicas, de manera que se llegue a inaugurar un Estado “en estado de educación” y no un Estado en el que las políticas públicas no se interconectan como vasos comunicantes, contradiciéndose y anulándose entre sí las políticas económicas, con las de salud, las culturales, las sociales y las educativas. No basta con que la educación conforme un continuum ad intra, se requiere que tal continuum también se articule con el continuum ad extra, con el país entero y las políticas que lo construyen. Muy importante, pensando en una futura reforma a la Ley, es que esta concepción de totalidad, holística, de una educación encarnada en las aspiraciones del desarrollo del país, no sólo se plasme en sus considerandos, principios, fines y objetivos, sino que se haga vida en todo el articulado.