Opinión

Los derechos culturales, la cultura y los Objetivos de Desarrollo del Milenio


IDEUCA
A pesar del hecho de que todos los derechos humanos son indivisibles e interdependientes, los derechos culturales han recibido menos atención y están menos desarrollados y protegidos que los derechos civiles y políticos. Los derechos culturales han sido tradicionalmente entendidos como derechos relacionados a la creatividad humana y los derechos de las minorías culturales, lingüísticas o nacionales, cuando también son derechos basados en el concepto de cultura como pauta de comportamiento que integra elementos de memoria colectiva, tradiciones, fórmulas sociales, formas de creatividad humana y la subjetividad que da sentido a la noción de cómo nos dibujamos y cómo entendemos el mundo.
Quiere decir que el concepto normativo del derecho cultural se ha desarrollado con diferentes conceptos de cultura como el que incluye las artes, la literatura, el teatro y los museos.
El segundo concepto es la cultura en plural que incluye todas las manifestaciones y expresiones compartidas, por ejemplo: la música popular, el deporte, la artesanía, la prensa popular, el cine, la televisión, la radio, etc.
El tercer concepto de cultura procede de la antropología, es decir, el estilo de vida de los individuos y las sociedades.
La cultura conforma un amplio abanico que va desde la alta cultura hasta las expresiones populares y las maneras de vivir de grupos determinados, lo que posibilita por ejemplo poner la atención a las particularidades culturales de las minorías indígenas y otras comunidades.
Son importantes esta amplitud y esta profundidad de la cultura y los derechos culturales, por cuanto su significado etimológico apunta no sólo a un resultado, sino también a un rico proceso que supone momentos claves en el comportamiento, actitudes, desenvolvimiento, creencias, cosmovisiones, costumbres, etc. de muchos grupos humanos. Cultura viene con el significado de cultivar, es decir de algo dinámico que desata una concatenación de acciones orientadas al logro de un resultado o a la consolidación de una tradición.
Se trata a la vez de la acción y efecto de cultivar o de laborar para mejorar tal como sucede con el mejoramiento de las facultades físicas, intelectuales o mentales del ser humano a través de su formación. Este concepto de cultura referido a la dimensión individual se extiende a la cultura de los grupos a los que pertenece un individuo y por ende a la cultura de la sociedad. De ahí que la antropología cultural haya abierto otros espacios al entender la cultura como el conjunto de tradiciones (literarias, histórico-sociales y científicas) y de formas de vida (materiales y espirituales) de un pueblo.
Considero que es muy importante manejar con la amplitud del concepto de cultura los derechos humanos, por cuanto su comprensión, aceptación, cumplimiento, promoción y defensa constituyen una importante ruta de acción y efecto de cultivarlos que a la postre ha generado en la humanidad una cultura ampliamente compartida. Los derechos humanos han ido creando una cultura como fundamento y referente del comportamiento y convivencia humana. Las distintas concepciones filosóficas, religiosas y humanistas se encuentran en los derechos humanos como el ámbito básico de convivencia mundial. Este concepto de cultura tomará en la normativa legal algunas diferencias que emanan del sentido más profundo de la cultura como son las formas de vivir, tradiciones, creencias, cosmovisiones de la gente.
En este contexto es oportuno penetrar en el sentido cultural que contienen los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM). Si bien se trata de reducir la pobreza y el hambre, de universalizar la educación primaria, de reducir la mortalidad infantil y materna, de garantizar la equidad de género, de enfrentar el peligro de VIH/Sida, de asegurar un medio ambiente sano y sostenible y de participar en el desarrollo equitativo como bienestar común, en cualquier análisis que se haga de ellos encontraremos en su contenido, alcance y forma de vivirlos y de enfrentarlos elementos propiamente culturales sencillamente porque se ubican en formas de vida que será necesario superar y en formas de aceptar comportamientos de los grupos que ayuden a hacerlos efectivos.
La pobreza puede estar sostenida en actitudes de resignación y providencialismo culturalmente arraigados en determinados grupos que será necesario extirpar; el concepto de salud tanto en el sentido de cuido como de curación está vinculado a costumbres ligadas a provisiones de la naturaleza y a relaciones humanas específicas que será importante aprovechar; la equidad de género se enfrenta a una estructura machista milenaria que requiere un cambio cultural enorme; la pandemia del VIH/Sida no se valora en su alto grado de peligrosidad por la cultura dominante del consumo y el hedonismo generalizado; el deterioro sostenido del medio ambiente puede ser detenido por el concepto respecto de la “Madre Tierra” de los grupos indígenas o convenciendo a la gente de que estamos destruyendo nuestra “casa natural”, ambas dimensiones culturales; el concepto de educación y de desarrollo entran en la dimensión de procesos culturales al mejorar las facultades físicas, intelectuales, morales y condiciones de vida de las personas. Así como los derechos humanos han constituido una cultura universal de principios, de convivencia humana, los ODM, en su relación con los grupos de personas a los que están referidos, encierran especificidades culturales propias que es necesario manejar con mucha sabiduría y cercanía con el sentir de la gente. No se trata sólo de programar acciones sostenidas para alcanzarlos, se trata para ello de penetrar en las vivencias, hábitos, costumbres y creencias de la gente para que sean asumidos como algo propio, como algo que sintonice también con su bagaje cultural.