Opinión

Sentido de patria y anti-intervencionismo


El 14 de septiembre de 1856 se produjo una batalla militar decisiva en la que los bandos políticos (liberales y conservadores), recién unidos, lograron moralizarse con la derrota militar propinada a los filibusteros en la Hacienda San Jacinto, y desde ese momento el accionar victorioso de los patriotas fue en ascenso hasta expulsar derrotados a William Walker y su falange el 1 de mayo de 1857.
Y es que el país vivió después de la Independencia un proceso de anarquía (expresada en guerras civiles, golpes de Estado, invasiones externas, luchas localistas, etc.) que hizo que no se pudiera construir ni estabilizar el Estado nacional y, por tanto, fuimos presa fácil de intereses foráneos como los representados por los filibusteros, y en esas condiciones fue necesario deponer las visiones estrechas, egoístas y excluyentes, y dar paso a la unidad y reconciliación, que se inició con el acuerdo político (o Pacto Providencial del 12 de septiembre de 1856) entre legitimistas (conservadores) y democráticos (liberales), que fue la premisa fundamental para enfrentar unidos el intervencionismo y la construcción republicana a partir de 1858.
En este septiembre se cumplen 150 años de aquella histórica y nacionalista epopeya, en la que nunca como antes --desde la Independencia-- había estado en peligro no sólo la independencia y la integridad territorial, sino la existencia misma como nación ante el intento filibustero de esclavitud y anexionismo a los estados esclavistas del sur de Estados Unidos no sólo de Nicaragua, sino de toda Centroamérica, peligro que quedaba plasmado en el five or one (cinco o ninguna república) consigna proclamada por Walker. Por eso también en ese entonces se cantaba un himno en Nicaragua que clamaba: “Guerra al yanqui de robo sediento”.
El preservar la existencia nacional de Nicaragua y de Centroamérica fue producto del sentido de patria forjado por los nicaraguenses y de unidad centroamericana anti-intervencionista desarrollada en la región ante el real peligro que significaba la presencia filibustera, interesada igualmente en desplazar la presencia inglesa en Centroamérica y controlar la ruta interoceánica por Nicaragua.
De esa manera Nicaragua fue víctima de los intereses geopolíticos de los Estados Unidos, particularmente por su posición ístmica y por la posibilidad real de construir un canal, necesario para el ascenso del comercio mundial y de potencias como Estados Unidos desde ese momento.
Luego de la derrota de la intervención filibustera en 1857 se abrió en Nicaragua una larga etapa de relativa estabilidad política en la segunda mitad del siglo XIX, estabilidad que estuvo vinculada con una disminución fundamental de la intervención extranjera en el país. Eso quiere decir que cuando las perturbaciones, injerencias o agresiones extranjeras no se dan o se alejan, se posibilitan procesos de desarrollo y tranquilidad nacional.
El intervencionismo o agresiones extranjeras reaparecieron de manera fundamental para derrocar al gobierno liberal de Zelaya en 1909, y desde ese momento el intervencionismo y control económico, político, militar y cultural estadounidense sobre el país se mantuvo con fuerza y con distintas variantes hasta 1979. Luego Nicaragua desarrolló un profundo sentido de patria, defensa nacional y anti-intervencionismo de 1979 a 1990, y se enfrentó como nunca antes a los modernos filibusteros, era la batalla de David contra Goliat, de gran impacto mundial en la que un pequeño país (Nicaragua, la Nicaragua sandinista) se enfrentaba con dignidad y con la razón de su parte a la mayor potencia del mundo (Estados Unidos). Dicha guerra provocó inmensos daños humanos y materiales, pero Nicaragua no fue doblegada. Luego, esa dignidad, en ese sentido de patria, se ha ido deteriorando con la existencia de gobiernos vende patrias --como diría Sandino, igualmente ejemplo de dignidad, como lo fueron los patriotas de la guerra nacional anti-filibustera--, gobernantes que siguen manteniendo una mentalidad de colonizados frente a sus amos extranjeros, o de poco sentido de patria para representar, defender y desarrollar dignamente al país.
El mejor homenaje que podemos hacerle a aquellos patriotas que murieron o lucharon heroicamente contra agresores foráneos es recuperar su dignidad y luchar por unir a Nicaragua contra el intervencionismo extranjero que tanto daño ha hecho y sigue haciendo a Nicaragua, y contra los que propician, traen o aceptan dicha intervención.
Profesor Universitario UNAN-
Managua
fredyfranco@hotmail.com