Opinión

Carta al Director de Cultura


Managua, 7 de septiembre de 2006
Dr. Julio Valle Castillo
Miembro de la Academia Nicaragüense de la Lengua y
Director del Instituto Nicaragüense de Cultura
Su despacho.
Estimado Julio: El martes 5 de septiembre a las diez de la noche recibí tu llamada telefónica y me sorprendí, porque la última vez que lo hiciste fue en el año 2000. No pude atenderte porque tenía una visita en mi casa, pero sí tuve el tiempo para dejarte hablar y escuchar de tu viva voz una perorata en la que me amenazabas y me insultabas.
Resulta que todo tu enojo se debe a que en correo electrónico respondí una carta donde criticaban tu discurso cuando reinaugurabas el Museo Nacional. Mi respuesta llena de jocosidad nicaragüense se limitaba al discurso.
Lo que dije, en palabras sencillas, fue que la habías “cagado”, palabra que un académico como vos ahora quiere ignorar, así como su significación real en nuestro medio, que equivale a decir “cometer errores con vehemencia”. Esta palabra, de acuerdo con el tono de voz y la rapidez de tus palabras que escuché, te causó una crisis nerviosa que te llevó a una neurosis compulsiva ideativa, situación que me preocupa, porque de alguna forma indica, según la patología de problemas de la mente, que quizás por el volumen de tu trabajo se esté presentando. Es bueno ir al médico, Julio.
Mi crítica fue por tu famoso “batiburrillo”, no por tu labor en el Instituto Nicaragüense de Cultura, que sé tanto como lo saben los cinco millones de nicaragüenses: que te pusieron una bomba que jamás encontraron, que unos pillos se robaron dos pistolas de San Jacinto, que tenés un virulento ataque de murciélagos y que de vez en cuando un grupo de marimberos hace gala de sus dotes artísticas en el Palacio; después de eso no conozco nada más.
Me llama la atención que esa palabra (no deseo repetirla porque a lo mejor te da otro ataque) --aunque quienes te conocemos te la escuchamos en conversaciones y en críticas a colegas al menos unas 20 veces en una hora-- cuando es dirigida a tu persona te trastorne tanto que hasta te recuerda el número de mi teléfono. Al menos tuve el beneficio de escucharte.
Por otro lado, me dijiste que ya no me nombrarías director del Canal Cultural de Televisión; desde que tengo uso de razón y todos los nicaragüenses lo saben, eso, Julio, se llama Chamarro, y tu inocencia te hace caer en creer que nadie sabe cómo opera. Si es cierto lo del canal, no está en tus manos, es problema estratégico del gobierno, pero creo lo primero.
Llamé a tu casa y no pasé la censura; leyeron en el índice mi nombre y para suerte mía, escuché las instrucciones para negarte. A tu oficina llamé entre tres o cuatro veces y a la fecha no he recibido ninguna respuesta sensata, salvo la tuya. Si tenías pensado nombrarme en algo, hasta que alguien con muy mala leche te calentó la cabeza te acordaste que tenía teléfono.
Cuando el Lic. Clemente Guido Martínez me ofreció ser el subdirector de ese Instituto, me llamó, y al día siguiente ya estaba ocupando el puesto. Eso es interés de apoyar sin mentiras ni chamarros. Si en tu cabeza aún atormentada por la palabra, que bien veo que te cabe, pensaste que me sentiría mal cuando me tiraste el teléfono, muy poco apropiado para tu persona y tu puesto, me imaginé lo que dijiste cuando lo tomaste y lo mismo cuando lo tiraste. Los que estaban a tu lado, me imagino, estaban gozosos, y en tu rabiata inocente estabas siendo paja del fuego que otros necesitaban lanzar contra mí. Entonces solamente me salieron dos palabras: pobrecito Julio.
Me causó muy mala impresión escucharte con esos tonos y palabras que nada tienen que ver con el “muchacho parlanchín, jocoso y buena gente” que todos conocen en la calle, a pesar de que tu mitomanía es dispensada, pero te confieso, me acordé de una: la OSN, de los mejores días del Ministerio del Interior y de los comisarios del Partido Nacional Socialista, pero para aliviarte en ese infierno que me imaginaba, te trasladé en mi imaginación y te vi con una toga y dos ramos de olivos en las sienes, como el famoso actor mexicano Luis de Alba, conocido como El Pirruris. No dejé de pensar que si hubieses tenido el poder de la GN o la del Ministerio de Interior, quién sabe qué me hubiera pasado a esta hora.
Julio, el problema de muchas personas que asumen posiciones de gobierno es que creen que son los dueños de la vida y futuro de los infelices seres humanos, así te escuché. El segundo piso del Palacio de la Cultura no es el Olimpo, y si tienen algún parecido porque hay vista al lago, también tiene un periodo de vencimiento y sólo quedan unos pocos días.
Bien, Julio, es bueno que vayas al médico, que Dios te libre de tus consejeros y de sus lisonjas que ya se las han repetido a otros, y, que al final tengas la satisfacción de hacer un buen trabajo. Tomá con madurez la crítica y aprendé.
Saludos y éxitos.
Armando Zambrana Fonseca