Opinión

Un nuevo concepto del Museo Nacional de Nicaragua


El Instituto Nicaragüense de Cultura, bajo la dirección del poeta Julio Valle Castillo, ha realizado una transformación de la conceptualización del Museo Nacional de Nicaragua, creando nuevos espacios museísticos donde se vincula información de nuestra historia natural y cultural desde los grandes vertebrados hasta la antropología contemporánea. Entre las nuevas salas se destacan:
La Sala de Paleontología que exhibe restos fosilíferos que datan de unos 70 millones de años, ubicados en el período Cretácico hasta el período Pleistoceno tardío, que va desde los 10,000 hasta 15000 A.P.
La sala de la cerámica precolombina en la cual se exhibe la impresionante cerámica de la Cultura Chorotegas – Nicaraos, nuestros pueblos ancestrales, destacándose en sus vitrinas la representación del felino o jaguar animal mítico, sagrado y poderoso para los pueblos de Mesoamérica.
La sala de los metates precolombinos donde se rinde tributo a la semilla más importante de las culturas de América, el maíz en Náhuatl mais. Se exhibe una variedad de metates estilizados donde sobresalen los motivos zoomorfos de jaguar, el reptil (lagarto) y el águila, animales que fueron divinizados por nuestras culturas ancestrales.
En este mismo espacio se exhiben las únicas estatuarias que se han encontrado en contexto cultural arqueológico que ha sido interpretado como un culto al poder.
La sala de antropología cultural contemporánea donde se exhiben una diversidad de objetos modernos que representan el acervo cultural como una herencia de nuestros antepasados, que permite conceptuar la importancia de nuestro pasado con nuestro presente.
La sala del arte sacro con una colección representativa de imágenes religiosas como muestra del arte sacro colonial.
La sala del Gϋegϋense o Macho Ratón, Patrimonio Intangible de la Humanidad, como parte del arte heredado por nuestras culturas ancestrales y conservado por nuestro pueblo actual.
Finalmente las monumentales estatuarias de nuestros pueblos chorotegas están distribuidas en todo el espacio arquitectónico del Palacio Nacional como verdaderos guardianes de la cultura de Nicaragua. Esto conceptualiza la distribución geográfica de estas monumentales obras de arte en todo nuestro territorio nacional.
Ésta es la nueva cara del Museo Nacional, presentado el pasado 27 de agosto del presente año. Como máxima institución que resguarda la cultura nacional nos sentimos muy contentos con este trabajo que consideramos será de mucha importancia para el rescate de la identidad nacional y para el desarrollo educativo y científico de nuestra sociedad.
Lamentablemente siempre hay individuos que ponen de manifiesto su ego personal y tratan de dañar a la mayoría de la sociedad, en relación con el artículo negativo publicado en los medios por el Sr. Clemente Guido, solamente queremos invitarle a que devuelva la colección del Museo Imabite a la comunidad de Puerto Momotombo, misma que el Sr. Guido Martínez inscribió ante Patrimonio Cultural de la Nación a su nombre y no al de la comunidad, aprovechando su cargo de Director de Cultura de Nicaragua ( 1997 – 2002). El museo contaba con unas 200 piezas precolombinas que la gente de la comunidad encontraba en su poblado y donaba al museo que supuestamente consideraban comunal. Los pobladores consideran que este señor actuó de forma arbitraria cuando en el año 2002 tomó la colección, y sin dar ninguna explicación a los habitantes de puerto Momotombo la sacó fuera de su origen geográfico – cultural. Con esto no sólo se llevó objetos de cerámica y lítica precolombinos, si no que les ha quitado a los habitantes de Puerto Momotombo una parte importante de sus raíces ancestrales e identidad cultural. Además de un interesante sitio de turismo cultural.
Instamos al Sr. Guido Martínez a que se preocupe y responda a esta comunidad por su patrimonio, y sugerimos a otras comunidades tener cuidado de los lobos con piel de cordero, pues promover el rescate del Patrimonio Cultural llevándose las evidencias es saqueo cultural. Así no se hace cultura, pero sí se destruye nuestra identidad.