Opinión

Una Alianza Patriótica


Estos días, en que se cumplen 185 años de nuestra independencia, 150 años de la firma del llamado “pacto providencial” entre los generales Máximo Jerez, del partido Democrático, y Tomás Martínez, del partido Legitimista, hasta entonces enfrentados en una fraticida guerra civil que permitió al aventurero norteamericano William Walker proclamarse presidente de Nicaragua, y 150 años de la heroica Batalla de San Jacinto, donde brilló como nunca el patriotismo de los nicaragüenses encabezados por el general José Dolores Estrada, deberían ser propicios para profundizar nuestras reflexiones sobre el futuro de nuestros país y la trascendental decisión que deberá tomar el pueblo de Nicaragua el día cinco de noviembre próximo, cuando mediante el ejercicio del voto procederemos a elegir a nuestras máximas autoridades.
La primera reflexión que se impone es calibrar la enorme trascendencia que tiene para el destino de la nación, y de todos y cada uno de nosotros los nicaragüenses, el proceso electoral en que nos encontramos inmersos. No se trata de una elección cualquiera. Como el protagonista del cuento de Borges, estamos en un momento histórico frente al cual se bifurcan los senderos. Uno de ellos representa el futuro y nos permitiría fortalecer la débil institucionalidad democrática que ahora tenemos, dar un nuevo rumbo al país y desmontar el ominoso pacto libero-sandinista que tiene secuestrada a la nación nicaragüense. El otro camino, en vez de hacernos avanzar, nos haría retroceder en lo poco que hemos progresado e, indefectiblemente, nos conducirá a la entronización, quién sabe por cuántos años más, del pacto Ortega-Alemán. Ojalá sepamos escoger el camino correcto.
Las reflexiones de los días patrios no pueden omitir analizar los resultados de las últimas encuestas. Cierto que en estas elecciones hay cinco candidatos con sus propias propuestas y que esto representa la ventaja de que el ciudadano tiene ahora más opciones y no está encajonado, como en oportunidades anteriores, entre solo dos alternativas que lo lleven a votar no a favor de alguien, sino en contra de alguien. Pero lo cierto es que, para la preservación de nuestros adelantos democráticos, esta ventaja puede convertirse en un enorme riesgo por la dispersión del voto.
Si analizamos los resultados de las dos últimas encuestas, la realizada por la Cid-Gallup y la llevada a cabo por la consultora estadounidense New Line, nos encontramos que en ambas el candidato del FSLN, uno de los caudillos pactistas, se encuentra a la cabeza de la intención de voto con 29% en la primera y 28% en la segunda. Y si bien con ese porcentaje no puede ganar en primera vuelta, el hecho real es que el candidato rojinegro viene subiendo consistentemente en las encuestas.
Esas mismas encuestas demuestran que si los candidatos que claramente significan una alternativa distinta, lejana del pacto, unieran sus fuerzas en una “Alianza Patriótica”, tendrían muchas posibilidades de ganar en primera vuelta. En esa alianza bien podría participar el candidato del PLC, si efectivamente estuviera en capacidad de contribuir a desmontar el pacto ominoso y toda la corrupción que éste genera y encubre. Esto representa un desafío muy grande para él, desde luego que, por el momento, no pareciera controlar al partido que lo postuló. Una alianza ALN-PC, MRS, PLC y AC, terminaría definitivamente con las aspiraciones del candidato del FSLN, quizá para siempre. La derrota de Ortega sería también la derrota de Alemán.
Por supuesto, forjar una alianza de esta naturaleza no es tarea fácil. Ya no se pueden reestructurar las fórmulas presidenciales, por lo que sumarse a la alianza exigirá una gran dosis de patriotismo y sacrificio. Pero el objetivo de crear las condiciones para construir una nueva Nicaragua bien vale la pena cualquier sacrificio.
Mediante una encuesta, a cargo de una firma seria, escogida por consenso, se determinaría cual sería la fórmula presidencial que debería canalizar todos los votos de los ciudadanos y ciudadanas que no queremos el regreso al pasado. Para diputados los votantes podrían cruzar su voto hacia el partido de su preferencia, con lo cual se lograría un mejor equilibrio en las bancadas de la Asamblea Nacional.
El acuerdo incluiría la derogación de las reformas parciales a la Constitución, producto del pacto. También, por consenso, se definiría un plan nacional de gobierno y las bases para una nueva Constitución Política, pues también existiría el compromiso de convocar a una Asamblea Nacional Constituyente, quizá para el año 2008 ó 2009.
Ojalá que en estos días de conmemoraciones patrias, el ejemplo de nuestros próceres de la independencia y de los héroes que en San Jacinto la consolidaron, mueva a nuestros políticos que están decididos a hacer de esta próxima elección una verdadera oportunidad para el futuro de nuestro desventurado país, a dar el paso histórico que exige el porvenir al pueblo nicaragüense. Martínez y Jerez lo hicieron en su momento. Lo mismo los héroes de San Jacinto, pese a lo desigual de sus fuerzas.
Lo que está en juego es demasiado importante, por lo que nos atrevemos a hacer propuestas que quizá para algunos, o muchos, suenen como imposibles o peregrinas. Creemos, sinceramente, que aún es tiempo. Para la patria cualquier momento es siempre propicio.
Managua, 13 de septiembre de 2006