Opinión

A 150 años de la Batalla de San Jacinto, 1856-2006

Tome la vida en sus propias manos y ¿Qué sucede? una cosa terrible: no hay nadie a quien culpar. Erika Jong (poeta y novelista, USA)

La historia no puede ser únicamente el recuerdo aislado de hechos o la conmemoración de personas mitificadas y ajenas a toda realidad, fuera de cualquier contexto, la historia es un devenir, un proceso secuencial cambiante, de antecedentes y consecuencias, de conflictos, desacuerdos y coincidencias, es la expresión de la fragilidad de la convivencia humana, hay que asumirla, aprender de ella. Las culpas no suelen ser individuales, son generacionales, colectivas, de una época.
Como todos los años, pero este más por lo emblemático del siglo y medio que representa, seguramente habrá discursos grandilocuentes, marchas, actos, condecoraciones, desgastados calificativos, aplausos y promesas. Hay que evitar que la pomposidad de las fiestas no permita ver el escenario de los hechos que se aíslan o pierden en la memoria, una nube de polvo, ruido y protocolo extingue el fondo del asunto y las lecciones no terminan de aprenderse. No hay que olvidar el pasado, pero tampoco anclarse en él.
Hace 150 años el país llegó al extremo de la intolerancia y la desconfianza, recurrió al agente extranjero que se impuso, el país quedó fraccionado entre la intransigencia de liberales y conservadores, en las ansias de poder de una y otra facción y los intereses externos; mientras, numerosos campesinos reclutados de las haciendas de sus patrones y líderes políticos, multitud de pobladores humildes de las comarcas, caseríos y ciudades, iban quedando regados por los caminos, muertos o mutilados, bajo los escombros…, de diez en diez, de cien en cien, de mil en mil...
Hace 150 años, un 12 de julio de 1856, William Walker se instaló como “Presidente de Nicaragua”, en Granada, bajo la bendición del padre Vijil y los aplausos condescendientes, cómplices o temerosos de representantes de augustas familias granadinas y sencillos vecinos de la ciudad. Siete días después, el Ministro Americano Wheeler reconoce al Gobierno de Walker en una confusa decisión.
Fue hace 150 años, el 14 de julio de 1856, cuando Walker en sus primeros decretos establece el inglés y el español como idiomas oficiales; el 22 de septiembre de 1856 al haber anulado las disposiciones de la Asamblea Federal Constituyente, restablece la esclavitud.
A pesar que es una fecha casi en el olvido, fue el 12 de septiembre de 1856, hace 150 años, cuando los líderes liberales y conservadores, Máximo Jerez y Tomás Martínez, que pusieron fin a la Guerra Civil y la transformaron en Guerra Nacional contra los filibusteros, con el apoyo de los países centroamericanos. Ésta es, desde mi punto de vista, la fecha más importante, porque implicó, aunque fuera temporalmente, ceder ante las posiciones intransigentes de ambos grupos para salvar a la nación del extremo de la crisis, al borde del precipicio.
Hace 150 años ocurrió la muy recordada Batalla de San Jacinto, no el hecho más importante, pero sí el más conmemorado. Significó demostrar lo vencible que eran las tropas invasoras y sus aliados. Dos días después del acuerdo histórico entre Jerez y Martínez, los soldados acantonados entre los corrales y la casa hacienda de aquel lugar de Tipitapa, no sabían que los dos grupos políticos se habían entendido y durante la batalla levantaron las banderas conservadoras que representaban. Un nutrido contingente de nativos, muy poco mencionado, atemorizó y terminó de vencer a la columna de filibusteros. Unos días después murió Byron Cole, el jefe de ese grupo y el mismo que había firmado con el partido de Castellón, líder liberal, el acuerdo que permitió el ingreso a Nicaragua de la Falange Americana.
Hace 150 años, un 14 de diciembre de 1856, las tropas de Walker salen de la ciudad de Granada, dejándola saqueada y en llamas. La bella ciudad colonial fundada a fines de 1524, lloraba con fuego, sangre y muerte sus desgracias.
Ahora, 150 años después, Nicaragua, en la víspera de las elecciones generales, bajo las tinieblas de la crisis energética, no es la misma de entonces, no somos los mismos, somos más pobladores, aunque el territorio es más pequeño que antes, muchas cosas han cambiado, pero quizás algo de la esencia de esos conflictos sigue latente y aflora, ésta es la desconfianza que desgasta a la nación, frágil e inconclusa, ya no es entre León y Granada, porque ambas se han fundido y actualizado desde la raíz de sus viejas diferencias en toda la extensión geográfica, dividiendo al país en colores partidarios, grupos de poder político o económico, mientras por los caminos de la pobreza, la exclusión y la inequidad marchan los mismos de antes… de diez en diez, de cien en cien, de mil en mil…
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