Opinión

El enemigo virtual


Han pasado cinco años desde los ataques terroristas a Nueva York y Washington en septiembre de 2001 y, sin embargo, parece que quienes diseñan las políticas han aprendido muy poco sobre el funcionamiento de las células terroristas y sus debilidades. La Administración Bush todavía usa la frase “la guerra contra el terrorismo” y se comporta como si fuera verdaderamente una guerra ordinaria en la que un gobierno lucha contra otro. Con todo, tras cinco años de esfuerzos militares, las estrategias que se basan en enfocarse en un atacante unido han empeorado la situación. Es tiempo de entender el nuevo modelo de conflicto emergente.
Para hacer que el paradigma de la “guerra” cuadre, la Administración Bush se refiere a Al Qaeda como un enemigo dirigido centralmente. De hecho, actualmente no hay alguien que planeé o financie de manera central las actividades terroristas. Los ataques en Madrid, Londres y Bali, así como diferentes operaciones frustradas en Estados Unidos e Inglaterra, se caracterizaron por su organización dispersa. Surgieron complots generados independientemente y se utilizaron recursos ad hoc, que frecuentemente estaban dentro del país objetivo del ataque.
Esas operaciones pequeñas también carecían de un diseño interno común. Los motivos terroristas varían de célula en célula, incluso de una persona a otra. Los individuos pueden participar por ganancias y poder, o por razones políticas y religiosas, mientras que otros participan por odio o por la emoción. Además, a medida de que se avanza en la cadena de la organización, o cuando se cambia de una célula a otra, hay grandes diferencias en lo que se refiere a los riesgos, las recompensas y los imperativos. Los modelos militares convencionales están orientados a decapitar algo que, en este caso, no tiene cabeza.
Las características de esta nueva estructura ya han sido estudiadas en un contexto muy diferente. El terrorismo es una versión violenta de una “empresa virtual ágil”. Una empresa virtual es cualquier grupo pequeño que se constituye en una organización que es apenas lo suficientemente grande para lograr su propósito colectivo.
Las empresas virtuales son extraordinariamente innovadoras y, en el sector de los negocios, posiblemente son el único sistema que puede construir bien un producto que se hace una sola vez. Ya hay un ejemplo sobresaliente en la industria cinematográfica. De hecho, tal vez sean el modelo comercial del futuro.
Los beneficios de las empresas virtuales provienen de que predomina su ligereza sobre su estabilidad. Actualmente, gran parte del precio de cualquier producto apoya a la enorme e ineficiente organización que lo fabrica. Casi toda la creatividad y la solución de problemas se desarrollan en pequeñas empresas y más tarde las megacorporaciones que tienen una infraestructura vulnerable y cara las “integran” y se quedan con la mayoría de las ganancias.
Este modelo es la base actual del mundo de los negocios, tal como la centralización ha sido también la estrategia de defensa favorita. Cuando compramos un automóvil de la General Motors, 80 centavos de cada dólar se van a General Motors, que principalmente sólo se administra a sí misma. Los pequeños proveedores son los que suministran el 80% del valor y la innovación, pero sólo reciben el 20% de la ganancia.
Irónicamente, la investigación extensa sobre los modelos alternativos se financió a través del Departamento de Defensa estadounidense, que, al ser el comprador de maquinaria compleja más grande del mundo, quería bienes de mejor calidad, más baratos y mejor confeccionados. Las investigaciones señalaron las condiciones y requisitos necesarios para facilitar la autoformación de pequeños grupos oportunistas y permitirles actuar como empresas grandes. Desafortunadamente, el programa de investigación se canceló antes de que sus hallazgos se pudieran aplicar en el mundo de los negocios, casi seguramente porque amenazaba a las grandes empresas.
Frecuentemente se olvida que el secretario de la defensa estadounidense, Donald Rumsfeld, salió de su confortable retiro para convertir al Ejército estadounidense en una fuerza más pequeña y ágil usando algunas de esas mismas ideas. Pero la planeación de la invasión a Irak en la que Rumsfeld recomendó usar menos tropas que las que se había aconsejado muestra un entendimiento insuficiente de los sistemas distributivos. Mientras que se desplegó a las tropas para una entrada y un retiro flexibles, la Administración Bush terminó usándolas para una ocupación anticuada.
Los terroristas han capitalizado mejor los modelos de operación distributiva. En el mundo islámico están apareciendo decenas de textos sobre estudios estratégicos jihadistas. El más conocido en Occidente es The Management of Savagery, pero sólo porque se tradujo y se hizo público.
Estos libros (y las tendencias que indican) se están haciendo menos dogmáticos y cada vez más sofisticados para adoptar técnicas de administración modernas. Con seguridad, sus investigaciones incluyen a la joven ciencia del manejo empresarial virtual: cómo cultivar y apoyar a las células de organización propia.
Tal vez la primera lección para quienes diseñan las políticas en Occidente es que las empresas virtuales funcionan en una cultura de la confianza. Algunos tipos de confianza se pueden basar en la noción artificial de “no forma parte de nosotros” en vez de en valores reales y experiencia directa. Por eso las acciones de la Administración Bush fortalecen de hecho la dinámica de las empresas virtuales terroristas. La retórica de Bush del “nosotros y ellos” claramente define a “otro” y lo posiciona como un enemigo cohesionado. Su enfoque de “guerra” está haciendo más fácil a los terroristas islámicos ver a Occidente como una fuerza igualmente unida y malévola.
En el futuro el modelo de la empresa virtual definirá la manera en que se llevan a cabo los negocios, se luchan las guerras y, probablemente, se administran los servicios del gobierno. Promete separar el manejo de las finanzas del de la producción, lo que implica una innovación y un crecimiento económico más rápidos. Sin embargo, si los gobiernos occidentales no desarrollan un entendimiento profundo de la operación de estas estructuras, no tendrán ninguna oportunidad de combatir a la ágil empresa terrorista.

H. T. Goranson es el científico principal de la Sirius-Beta Corp y fue científico de la Agencia de Proyectos Avanzados de Investigación del Departamento de Defensa de los Estados Unidos. También es autor de The Agile Virtual Enterprise.

Copyright: Project Syndicate/Instituto para las Ciencias Humanas. 2006.
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Traducción de Kena Nequiz