Opinión

Clones de la historia


Si el cambio de mando de la Policía Nacional de hoy se hubiese realizado hace 150 años, lo más probable es que ya hubiese comenzado otra guerra civil, iniciada por algún granadino “legitimista” descontento por caer nuevamente la jefatura policial en manos de otro leonés “democrático”. Si bien es cierto que el comisionado mayor Edwin Cordero Ardila es leonés y la comisionada Aminta Granera Sacasa también, los tiempos ya no son los mismos y, por ello, tampoco las reacciones de la ciudadanía son iguales.
Lo anterior nos indica que algo hemos aprendido en estos 150 años de historia, aunque no todo lo que es necesario. Los abusos de poder se siguen dando en diferentes escalas y medidas, dependiendo de la calidad moral y ética de cada funcionario de una institución o inquilino de la Casa de Gobierno.
La lucha por el poder político, económico y el estatus social siguen vivos, y tal vez más evidentes ahora. Hoy es raro el personaje que se mete a la industria política y que sale más pobre o desplumado. La mayoría de ellos, al poco tiempo de estar en el gobierno, ingresa de inmediato a otro estatus económico y social, que luego a toda costa mantiene o desea mantener.
Con pocas excepciones, los políticos sirven al pueblo; la mayoría de ellos se sirve de los raquíticos impuestos que paga hasta el más humilde ciudadano. Eso no ha cambiado hoy; y creo que es más descarado. Entonces, por eso estamos tan empobrecidos.
La intromisión de los representantes norteamericanos en la política y vida nacional, como la del embajador Paul Trivelli, hoy también es más descarada o igual a la que realizó el ministro John Wheeler hace 150 años. Parece que hay cosas que no van a cambiar nunca, sobre todo la política del “Destino Manifiesto” hacia Nicaragua, sea el gobierno que sea y --por lo visto-- del color que sea.
Todo hace indicar que los clones modernos de personajes de triste recordación en nuestra historia, como Francisco Castellón y Agustín Vigil, están a la orden del día y con mayor poder. Lo triste es que seguimos estancados en la miseria, aunque a muchos banqueros no les guste oírlo, pues ellos son los únicos que tienen rentabilidad económica en Nicaragua.
Ojalá todas las instituciones del Estado de Nicaragua alcancen la madurez profesional y política que ha alcanzado el Ejército Nacional de Nicaragua en los últimos quince años --aunque hay muchos altos oficiales que se han aburguesado--, también como institución ha abierto un abismo de diferencia con todos los ejércitos partidarios y personales de nuestra historia.
A 150 años de la Guerra Nacional, ya es hora de consolidar nuestro Estado, comenzando por construir un Estado de Derecho a la justicia, la educación, el trabajo y la salud para todos los nicaragüenses. Un Estado que proteja a nuestros conciudadanos, sus recursos y pare la acelerada enajenación de nuestro país, sobre todo, por la desesperanza y los préstamos confiscatorios para producir la tierra.
Ojalá algún día se construya un Estado lleno de oportunidades para los nicaragüenses, en donde todos tengamos los mismos derechos y obligaciones. Un Estado de verdad, y no un parapeto de Estado como el que tenemos; sobre todo, para honrar la sangre y memoria de todos los nicaragüenses muertos en estos 500 años de historia, fuese por cualquier ideal honesto que fuese y del color que haya tenido.

Masatepe, 27 de agosto de 2006