Opinión

De la era del FSLN a la justificación permanente


Hans Kelsen en su condición de filósofo escribió en una oportunidad: “El ser humano posee la necesidad profunda de justificar su conducta”. Y es lo que me parece hace constantemente la disidencia del FSLN, llámese MRS, Movimiento de Rescate del Sandinismo o como se quieran llamar. Tal es el caso del general en retiro Hugo Torres y Gioconda Belli, ambos recurren a los medios de comunicación para pretender que sus propias conductas arrogantes, soberbias, intolerantes y manipuladoras sean vistas como los defectos de quienes hace ya mucho tiempo fuimos sus compañeros y compañeras de lucha, de afanes, de esperanzas y de sin sabores, aunque esto último nos haya tocado sólo a la gran mayoría.
Recientemente el general en retiro acusó (y de paso se justificó) del abandono en que supuestamente tiene el FSLN a los que fueran miembros del comando que se tomó el Palacio Nacional en agosto del 78 y que, de paso sea dicho, él fuera uno de sus dirigentes, que de abandonado y de olvidado no se le ve nada. Cierta o no esta acusación del general, el resto de la entrevista donde se refiere al supuesto la dedica a descalificar y deslegitimar la opción que tenemos los y las nicaragüenses de votar por el FSLN, y para que no quepa duda de cuál es la pretensión se lanza su chagüite sobre las bondades de su feo más bello y para que dejemos el “pacto sucio”. Posición electorera más clara no pudo ser, ya que las diputaciones y los cargos del “futuro gobierno” en que se ve inmerso hay que ganárselos, auque nomás sea dando la cara.
Pero si de olvido y de abandono estamos hablando mi estimado general, el suyo fue letal para quienes en 1990 éramos subordinados de la Dirección Política del EPS que usted dirigió. La mayoría de los jefes y oficiales políticos, como nos llamaban, esperábamos que usted nos defendiera de la política revanchista que se ensañó contra el Ejército Popular Sandinista y sus oficiales; esperábamos verlo actuar como actuaba el hoy general de Ejército Omar Halleslevens, peleando como gato panza arriba por los oficiales de su especialidad, oficiales que hoy ocupan altos cargos.
¿Pero qué hizo usted mientras nos pasábamos los días y los meses aburridos y perecíamos lentamente por el abandono y el dolor causado por la derrota del FSLN, nuestro partido y hasta ese momento también el suyo? Usted se dedicaba a salvar su posición y las de sus allegados (cúpula les llama ahora), todo ello mientras preparaban el retiro masivo de los miembros del FSLN, que éramos cuadros internos del mismo en nuestra condición de oficiales políticos. Usted nos dejó a la deriva, a nuestra propia suerte, porque si ya desde hacía mucho tiempo poco le veíamos la cara por sus múltiples ocupaciones y porque de su carro a su oficina y de su oficina a su carro no le sobraba el tiempo para atendernos, en esa ocasión funesta no sólo para los políticos a usted no le volvimos a ver la cara ni para la más mínima explicación, si es que alguna cabía, y desde entonces estamos fuera de las filas del Ejército que contribuimos a fundar.
Y no se lo dice un advenedizo venido a menos o un resentido social, sino un ex capitán del EPS que fue jefe del trabajo político y del partido a nivel de Región de Tropas Guarda Fronteras, de Brigada en zonas de guerra, de BLI, de Comisión Especial de Atención a las Bases de Apoyo Operacionales y uno de los tantos defensores de Teotecacinte en Jalapa en el año 83, zonas en donde usted llegaba en helicópteros con sus botas bien lustradas y con un porte militar reluciente, con el uniforme bien planchado, bañado y perfumado. Era gaje de su nueva posición y de la actual. No se me ocurre insinuar cobardía, porque sería faltar a la verdad, ya toda Nicaragua conoce de su heroísmo en dos acciones que marcaron un antes y un después para Nicaragua vanguardizada por el FSLN.
Usted jugó su papel en esa historia y no es lo que está en el tintero, sino su arrogancia para justificar su propia conducta con la conducta ajena. No olvide, mi estimado general Torres, que su nuevo partido mientras estaba más solo que un gato de monte se arrimó a la Convergencia Nacional del FSLN, hoy Alianza “Nicaragua, Unida Triunfa”, y mientras se protegía de la soledad política el FSLN no era el sucio pactista, ni Daniel Ortega un caudillo, pero usted y yo sabemos que las oportunidades prebendarias, como en la mayoría de los casos, se convierten en oportunismo político abyecto. Pregúntese por qué abandonaron la Convergencia y se le pegaron al compañero Herty. ¿Es ése el pacto limpio de que nos habla?