Opinión

Elecciones 2006, ¿por quién votar?


Hay quienes sostienen que en el actual proceso electoral los nicaragüenses tenemos opciones para elegir entre “izquierda” y “derecha”, “neoliberalismo” y “capitalismo nacional”, “libertad” y “noche oscura”, etc., etc.
Según mi percepción, quienes dicen eso están equivocados o mienten deliberadamente. Las condiciones reales de la economía y sociedad nicaragüense y la estructura de poder internacional no permiten mayor margen de acción. Las “condiciones objetivas de la coyuntura” no dan lugar a opciones de “izquierda”. Son dos las disyuntivas que los nicaragüenses enfrentamos en estas elecciones:
a) Entre dirigentes delincuentes y dirigentes honestos (sin comillas ambos).
b) Entre dirigentes que se “preocupan” por los pobres (y quieren que su número aumente o, por lo menos, se mantenga) y dirigentes que entienden que sin eliminar la pobreza y sin expandir el consumo nacional (a través del elevamiento del nivel de vida de los pobres y no matándolos o mandándolos al exilio económico) no somos viables (sostenibles se dice ahora, creo) como nación.
Estas disyuntivas se nos ofrecen por primera vez a los nicaragüenses en más de 16 años. Por primera vez en 16 años, vale la pena votar.
Las tres últimas elecciones nacionales no nos ofrecieron propuestas significativamente diferentes. Votáramos por quien votáramos, el resultado sería el mismo (salvo matices, sobre todo en las dos últimas): el desastre para las mayorías y la concentración de la riqueza en una pequeñísima minoría.
Incluyo en este saco las elecciones de 1990 porque el grupo dirigente del partido en el gobierno en ese entonces ya se había divorciado completamente de la mayoría de la población. Ellos mantenían un discurso “revolucionario” mientras, cada vez más, desarrollaban un estilo de vida burgués y privilegiado (vehículos de lujo, casas de lujo, consumo irrestricto de bienes suntuarios, posesión de la verdad revelada y absoluta, etc.), mientras las grandes mayorías seguíamos en “austeridad” y no merecíamos ser consultados para ninguna decisión, en razón de nuestra incapacidad, propia de “las masas” que necesitan ser dirigidas.
Puede ser que peque de iluso e inocente, pero siempre he pensado que Don Daniel perdió las elecciones de 1990 por eso, porque él y la DN como cuerpo colegiado y sus íntimos perdieron el contacto con el pueblo pobre y se convirtieron en aquello que se suponía combatían y, contra lo que puedan pensar los cínicos, el pueblo no es tonto. EL SMP, la inflación, la caída de la URSS, etc., fueron elementos condicionantes, pero no determinantes, en el resultado de esas elecciones.
El partido de don Daniel, abandonando definitivamente su origen sandinista y popular, se asoció con los nuevos gobernantes para desmantelar la organización popular que él mismo había creado: las centrales sindicales, las asociaciones profesionales y gremiales fueron desarticuladas en buena medida para facilitar el desmantelamiento de la Revolución y el avance del neoliberalismo. A cambio, don Daniel y su grupo vieron reconocidas (aunque fuera extraoficialmente) sus propiedades adquiridas en los últimos días de su gobierno.
Hoy, el principal enemigo de Nicaragua como nación es la pobreza (más bien miseria). Pero, al mismo tiempo que causa de otros problemas sociales (como la delincuencia, la drogadicción y tráfico de drogas, la prostitución, etc.), esa pobreza es consecuencia de más de 10 años de guerra y 16 años de gobernantes (y grupos políticos) delincuentes muchos, ineficientes y sometidos a la voluntad de poderes foráneos todos.
Los años de guerra no los podemos borrar de un plumazo, están allí y hay que lidiar con sus consecuencias. En cuanto a los gobiernos delincuenciales y/o derrochadores y/o entreguistas y/o ineficientes, por primera vez en 16 años, tenemos la posibilidad real de eliminarlos.
Para un significativo sector de la población esa posibilidad de un gobierno honesto, nacionalista y eficiente se concreta en la alianza que postula al Sr. Montealegre o la alianza que postula al Sr. Jarquín.
A mi juicio, sólo una de ellas es real. El Sr. Montealegre formó parte, y en posiciones relevantes, de los dos últimos gobiernos, ambos del PLC. Sin necesidad de entrar a discutir Cenis o no Cenis, esa pertenencia lo descalifica. Las críticas que el Sr. Montealegre ha exteriorizado se refieren, exclusivamente, al pacto Alemán - Ortega. Es de suponer que su gobierno nos recetaría “más de lo mismo”: maquila, facilidades al capital extranjero y una mayoría de nicaragüenses estandarizada al nivel de obrero no calificado y sin mayores derechos, si acaso.
La Alianza MRS no tiene en su haber participación como partido en los gobiernos de los últimos 16 años. No se me oculta que algunos de sus dirigentes permanecieron, hasta hace muy poco tiempo, fieles a don Daniel. Otros se separaron, siempre tarde, pero por lo menos hace varios años. Pero hay un significativo grupo que se separó desde 1991 y que no se enriqueció en ese momento, ni ahora, que viven de su trabajo y que cuentan con capacidades profesionales suficientes. Creo que el balance es positivo para la alianza MRS y su gobierno puede serlo para Nicaragua.
Por eso, en noviembre, mi voto será para la Alianza MRS. Si una mayoría de nicaragüenses hiciera lo mismo, se abrirá la posibilidad de un futuro mejor para todos.
Un consejo a la Alianza MRS, aunque sea evidente: el desarrollo de una red confiable de fiscales electorales debe ser prioritario para ustedes, no quiero que mi voto se contabilice por otro lado.
Un último comentario. Mi voto a la Alianza MRS no es un cheque en blanco. Espero de su gobierno Honestidad, Austeridad, Nacionalismo, Eficiencia y Sensibilidad Social (así con mayúsculas todas y todas igualmente importantes) y estoy dispuesto a exigirlas una vez que lleguen al poder.

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