Opinión

Aminta


Eloisa Ibarra

El pesado bastón de Aminta
En medio del marasmo moral, la desesperanza y la falta de confianza que sufre la sociedad nicaragüense, especialmente por el actuar de la clase política y los funcionarios públicos, es reconfortante saber que una MUJER como Aminta Granera, sin importar los grados que lleve en el hombro, asuma la jefatura de la Policía Nacional.
El nombramiento de Granera es una de las mejores decisiones tomadas por el presidente Enrique Bolaños en su desafortunada y agonizante Administración.
La misión de Granera no será nada fácil, como seguramente no lo han sido otras a lo largo de su vida personal y profesional. Los próximos cinco años no sólo sellarán su nombre en la institución, sino que podrían sellarlo en las páginas de la historia del país.
Aminta asume la jefatura de la Policía Nacional en medio de la mayor crisis de credibilidad registrada en su corta historia, no porque los medios de comunicación hayan puesto en primera plana los escándalos por casos grandes, sino porque la institución ha sido socavada por el germen de la corrupción que carcome a toda la sociedad.
Es vox populis que en la Policía Nacional hay vacas sagradas, que han actuado durante muchos años al margen de los principios de la institución, contaminando a otros de igual o inferior rango con su forma de actuar y prestándose al juego de quienes quisieran bailar sobre el cadáver de la institución.
La descomposición que han experimentado miembros de la institución policial (no todos) no es un fenómeno surgido en la administración del saliente jefe, Edwin Cordero; nació en otras administraciones de manera paulatina, pero consentida y apañada por algunos que hoy critican a altos oficiales, pero que en su momento no fueron capaces de matar el germen de la corrupción.
En el acto de toma de posesión, al recibir el bastón, símbolo del mando policial, Granera afirmó que está consciente de las responsabilidades que esto conlleva y prometió ante Dios, ante la Patria, los policías caídos, sus seres queridos y policías cumplir las funciones de su cargo con estricto apego a la Constitución Política y las leyes, y al lema de honor, seguridad y servicio de la Policía Nacional.
Granera conoce muy bien las condiciones en que asume semejante responsabilidad porque no siempre encontró el respaldo a decisiones que ponían freno a los actos de corrupción. Recuerdo que cuando asumió la jefatura nacional de Tránsito impulsó una limpieza de toda una red de policías que trabajaba con bandas de roba carros que provocaron varios asesinatos, y más de uno a quien trató de sacar de la institución por irregularidades fue reubicado por sus superiores.
La historia se ha repetido en la Inspectoría Policial, donde resoluciones de casos de narcotráfico, con recomendaciones de baja deshonrosa a altos y medianos oficiales, por responsabilidades administrativas graves, fueron revocadas por el mando superior, quedando en entredicho la seriedad de sus investigaciones y su propia autoridad.
Las cosas no han sido sencillas para Granera desde las posiciones ocupadas en el pasado y tampoco lo serán ahora, porque seguramente quienes han abandonado los principios de la institución y se han pasado al bando de los malos, manchando el uniforme, tratarán de socavar su gestión para mantener vivas algunas prácticas corruptas que han traspasado las paredes de la institución.
Aminta tiene en sus manos la enorme responsabilidad de devolver la credibilidad en la Policía Nacional, pero defendiendo su institucionalidad frente a quienes pretenden convertirla en títere de los intereses económicos y políticos, porque no sólo el crimen organizado abraza la idea de ver convertida a la Policía en un muñeco, sino también los grandes grupos de poder, que en los últimos años han deseado y clamado para que la Policía se lance a las calles a reprimir las legítimas protestas del pueblo.
Para cumplir su misión, Aminta necesitará de entrada del apoyo no sólo del equipo de trabajo que escogerá para su más cercano acompañamiento, sino que también del respaldo del ministro de Gobernación y del propio presidente de la República, Enrique Bolaños, en algunas decisiones concretas por tomar próximamente.
En sus primeras declaraciones Granera delineó brevemente los pilares de lo que pretende en su gestión, y entre ellos mencionó el ayudar a que los policías tengan una vida digna y dejen de depender de la caridad de empresas o instituciones, lo cual es urgente y sano.
Pero también tendrá que devolver la confianza en los propios policías, que a lo largo de los últimos años han perdido la motivación por servir y ascender en grados y puestos por sus méritos, porque desgraciadamente la Policía ha pasado por el tamiz del amiguismo y la pasada de cuenta.
La Policía Nacional debe preservar a sus mejores cuadros y no sacrificarlos por intereses mezquinos, como ha sucedido en la historia reciente, por ejemplo, lo ocurrido alrededor del comisionado Eduardo Cuadra Ferrey, quien, además de hacer sido sacrificado por el ex presidente Arnoldo Alemán por hacer una investigación profesional en el caso del “narcojet” que lo salpicó, fue castigado por Cordero al mandarlo a retiro, pese a ser, sino el mejor, uno de los mejores oficiales en todo el sentido de la palabra.