Opinión

El remedio para los apagones


Se ha estado apagando todo últimamente. Con estas idas de luz sólo queda la luz que trae uno dentro de la cabeza para remediar el ocio.
La otra vez estuve luchando contra ese enemigo íntimo y pasé toda la tarde alimentando hormigas. Mientras alimentaba hormigas se me venían un montón de ideas a la cabeza y me acordé de una frase del famoso poeta argentino Juan de La Patagonia: “Entre más solo está el hombre más lo acompañan las ideas”.
El resultado de tantas ideas fue un patriotismo raro. Resulta que me puse a cantar el Himno Nacional en el patio de mi casa, y como el vecino estaba detrás del muro, al otro lado se escucharon las risas. No me importó, y mientras entonaba las notas del himno alimentaba las hormigas con pan y escarabajos aplastados.
Se hizo de noche y la luz no venía todavía. Prendí una candela para alumbrar las patas de un escarabajo y ver su reacción ante el fuego, pero no pude. Me dio mucho pesar el animal y pensé que si lo mataba amanecería un día como Gregorio Samsa, convertido en bestia. Sin embargo, no tengo el mismo pudor con las garrapatas.
Esa vez que se fue la luz en el hermoso pueblo de Managua, vi salir (con candela en mano) una fila de garrapatas que dejaban su hogar: el perro de la casa. Cuando todas abandonaron el cuerpo del animal, cogí gas y lo regué sobre la fila de insectos, ¡y jamás vi tantas garrapatas juntas! que prendí un fósforo y todas ardieron al unísono.
Me sentí feliz, como si Unión Fenosa hubiese abandonado por fin el país. Entonces imaginé y comparé a la empresa de energía con las garrapatas. Una fila de tecnócratas saliendo de sus oficinas mientras detrás, el fuego persiguiéndolos como si los hubieran rociado con gas.
La imagen fue muy cruel y grotesca, pensé después. Por eso mejor son las huelgas. Para sacar a Unión Fenosa, es decir, para sacar esas garrapatas eléctricas que se alimentan de nuestra sangre, es mejor hacer una huelga y no consumir su luz hasta que se vayan.
Ahora que tienen un caso montado en su contra han bajado los apagones, pero el relajo continúa.
El ocio se hace enorme cada vez que se va la luz y con el calor de la tarde es imposible tener tan siquiera una siesta. Los ventiladores no encienden y parece que hubiera un hoyo en la capa de ozono que deja entrar la luz solar sobre Managua, la enorme pulpería en donde vivimos.
Cuando se va la luz otro remedio es ponerse a leer, bañarse o esperar platicando con la familia. Cualquiera que sea el remedio, lo horrible es esperar. El parecido con la vida en el campo es inevitable, Managua parece un intento de ciudad que se vuelve peligroso cuando no hay luz y llega la noche. En ese momento las candelas vigilan nuestros temidos pasos.
Por eso el día que Unión Fenosa se vaya yo, mis vecinos y toda la comunidad seremos felices y gritaremos eureka. Pero para eso falta un poco de paciencia. Como decía el famoso poeta argentino Juan de La Patagonia: “La paciencia es un remedio temporal y el tiempo no es otra cosa que esperar”.

Estudiante universitario.