Opinión

Recuperar nuestra independencia y sanear la economía


Celebramos días patrios, la independencia de la parcela centroamericana, Nicaragua (1821), y la expulsión de los filibusteros injerencistas (1856); no existen actos cívicos públicos propios de la ocasión, ni de parte oficial del gobierno ni privados; la ciudadanía los considera días de vacaciones, de descanso o turismo local.
Celebran desfiles escolares los 14 de septiembre de cada año que en su etapa final presiden las autoridades, ¿cuál es el significado?, cada quien tiene su criterio, no pasa de circo; los familiares disfrutan viendo marchar a sus parientes. Los padres, de bajos ingresos, domésticas, obreros, etc., tienen un gasto innecesario para que los hijos participen en los desfiles.
Con andar con una banderita en vehículos o colocar una bandera en una que otra casa quieren significar patriotismo, honrar a la patria.
“Independencia significa libertad, autonomía y, especialmente, la de un Estado que no es tributario ni depende de otro”, independiente “dícese de la persona que sostiene sus derechos u opiniones sin que la doblen respetos, halagos ni amenazas o doblegarse ante nada ni nadie”.
¿Entienden y sienten esos jóvenes que marchan, los alcances de lo que significan las fiestas patrias?, seguramente no, porque no han tenido una sólida formación cívica en sus respectivos colegios. Eso de la independencia de Nicaragua no lo comprenden.
En Nicaragua la vida independiente ha sido un vía crucis; los dirigentes nicaragüense han sido proclives a la dependencia de otro Estado, no resuelven sus crisis por sus propios medios.
No es necesario repasar la historia, basta ver la realidad de la dependencia funcionando en la conducta política del actual embajador de los Estados Unidos de América en lo que ha corrido del proceso electoral 2006.
Ni el Presidente de la República ni el Canciller son capaces de poner en su lugar y funciones al diplomático de otro Estado, quien participa en la política interna como en su casa. Ordena quién puede ser candidato a presidente y quién no, hace campaña electoral a favor del candidato de su gobierno, y usa, junto con el periódico de derecha, recursos sucios para hacer campaña en contra de otros.
En su orden, los políticos activos ven con indiferencia la conducta del embajador, quien ha hecho pública la política de cancelar visas para entrar a su país y sancionar a nicaragüenses que no colaboran o se oponen a su mando.
En el tema migratorio, la visa de un país es de su privilegio, lo censurable es humillar públicamente a ciudadanos, cuando se trata de un acto privado que no tiene por qué trascender; hacerlo público es un acto de puro terrorismo en el territorio nacional. El gobierno norteamericano predica el combate al terrorismo, pero con los nicaragüenses practica el terrorismo. En ninguna otra parte del mundo se conoce que el gobierno norteamericano practique procedimiento semejante.
El embajador está apareciendo casi a diario en los medios de comunicación haciendo declaraciones fuera de sus funciones diplomáticas. Vive obsesionado en hacer lo imposible para que el candidato de la derecha de su gobierno gane las próximas elecciones 2006, y porque la familia Alemán desaparezca de la política y de Nicaragua.
Si el gobierno, los dirigentes políticos, los ciudadanos no protestan, no ponen en orden a este embajador, una cosa es verdad, son los periodistas que le buscan como hombre noticia y le brindan los espacios para que participe en asuntos políticos internos, son los culpables de que pisoteen nuestra independencia.
Al parecer, una noticia del embajador es lo más importante en la vida política nacional, y no se dan cuenta que están ultrajando, pisoteando la dignidad de la patria. Hay que parar esa publicidad, ni que fuera pagada, porque no cabe por la patria. El embajador debe someterse a las funciones diplomáticas, como es la regla en todos los países del primer y tercer mundo.
Si la prensa cerrara esos espacios, me refiero a los directores, dando paso únicamente a noticias relacionadas con la diplomacia, en asuntos de Estado a Estado, como ocurre en países celosos de su soberanía, obligaría al embajador a ser respetuoso con Nicaragua, y reestablecer el tipo de relaciones normales. Otorgar esos espacios es un acto de traición a la patria.
¿Y qué han prometido los candidatos a Presidente y diputados sobre la dependencia política de los Estados Unidos de América en Nicaragua? Nada, se cuidan de no tocar este tema, tienen miedo, no les importa eso de independencia nacional.
Los jóvenes deben comprender que mientras vengan extranjeros al territorio nacional a decir lo que se tiene que hacer en la política criolla, a regañar, a amenazar, seguiremos viviendo bajo una dependencia nociva, imponiendo en la Presidencia a políticos reaccionarios; no alcanzaremos un sistema político que haga efectiva nuestra independencia y el progreso del país.
¡Son 185 años de vida independiente!, 185 años de atraso y pobreza, vivimos en la cola de la región latinoamericana. Para ser independientes se debe sanear la economía actual.
La juventud debe tomar conciencia que los tales desfiles sólo gastos ocasionen a sus padres, que la marcha no honra a la patria, y que el gran problema de la independencia de Nicaragua es su dependencia del gobierno de los Estados Unidos en las actividades de la política criolla, y que los principales responsables son los medios de comunicación.
En el campo económico, el gran problema es sanear la economía que viene siendo un cóctel de políticas, medidas y parches que desde 1990 se han impuesto por la globalización.
Lo medular, afirma, es tener reservas internacionales, que la devaluación anual del córdoba sea gradual y lenta, que se acepte una inflación de un dígito y que el Producto Interno Bruto crece a tasa baja, muy lejos de lo que el país necesita.
Dos aspectos son realidades: de los indicadores presentados, su forma de cálculo es confidencial y el factor dinámico es la colaboración y préstamos externos. En la dependencia del exterior: una ha sido por condonaciones de actividades pasadas que en su tiempo tuvieron los efectos de su actividad y que al presente no tienen retorno; donaciones presentes para actividades de servicios, asesorías y capacitaciones, y tercero, préstamos cuyos efectos nada tienen que ver con la producción nacional, sin retorno por concentrarse en servicios.
Las autoridades gastan los recursos internos del presupuesto de ingresos y gastos sin orientación a las urgentes necesidades del país, y lo prueba la piñata de la semana pasada en la que se distribuyeron unos recursos adicionales.
La economía nacional no puede seguir dependiendo fundamentalmente del ahorro externo, lo hemos afirmado muchas veces, pero las autoridades encuentran lo más fácil, buscar en el exterior fondos. La tasa total de impuestos es alta en relación con la deteriorada economía y su recuperación, y lo que se necesita es otorgar menos privilegios, bajar algunos impuestos y subir otros, y terminar la fiesta de gastos.
La juventud, la nueva generación, tiene que ir aprendiendo cómo Nicaragua depende en lo político y en lo económico del extranjero, que son estos extranjeros quienes dicen lo que tiene y debe hacerse, y que ese camino de la dependencia nos condena a perder nuestra independencia, y a penas a sobrevivir civilizadamente.
Debe la juventud dominar en su mente y corazón cómo debe ser la independencia de Nicaragua en lo político y económico, para honrar a la patria legítimamente y no con circos.