Opinión

Acordémonos de quienes ya no recuerdan


Pienso, luego existo. Puesto que ya no pienso, no existo.
Lapidaria pareciese ser la premisa anterior, más aún sabiendo de su milenaria data o existencia, aunque es tan real y valedera cuando hablamos de seres humanos que conviven a nuestro alrededor, en presencia física, pero ausentes completamente, por habérseles perdido algo tan valioso y necesario como su conciencia y su fe, no sabiendo si ambas son dependientes de ella o ella dependiente de ambas, nos referimos a LA MEMORIA.
Tener hambre y no pedir alimentos, sed y no pedir agua, soledad y no pedir un abrazo. ¿Podrá alguien acaso vivir sin alma, sin esperanzas? Posiblemente eso sea imposible.
Pero cuando nos referimos a las personas que viven con la enfermedad de Alzheimer toda esa ciencia ficción se vuelve una realidad, palpable y comprobable. Son millones en el mundo. Miles en nuestro país, quizás 15, 12 o hasta 30,000. No se sabe, y quizás ni importe saber.
Hace 5 ó 6 años se intentó llevar a cabo un proceso que procurara mejorar la calidad de vida de los y las enfermas, impulsado por las mismas familias que enfrentaban dicha situación en sus senos, sin embargo, el intento duró poco. Sin apoyo institucional, sin contar con una política que lo exigiera en cada uno de los municipios y comunidades, reglamentado y con financiamiento es iluso pensar que alguna iniciativa perdure algún tiempo.
Se necesitan equipos multidisciplinarios capacitados, compuestos por médicos, enfermeras, trabajadores sociales, psicólogos, y recursos comunitarios entrenados, se necesitan Casas de Día, similares a las Casas Bases o Casas Maternas, cada una según su orientación o grupos metas, se necesita, sobre todo, VOLUNTAD POLÍTICA de los que toman decisiones y tienen poder en sus manos y sus voces para cristalizar el anhelo y necesidad de decenas de miles de familia que conviven más de 24 horas con un familiar que no sabe qué día es hoy, que no sabe cómo se llama, que no sabe para qué sirve una cuchara o un peine, que incluso no sabe quién es la persona que está frente al espejo.
Un mes de tratamiento cuesta alrededor de C$ 6,000 o C$7,000, incluyendo medicamento, alimento, cuidados de enfermería y médicos. En un país con un desempleo real de más del 50%, nos podemos imaginar cuántos de estos pacientes pueden cumplir su tratamiento, probablemente uno de cada 500, siendo positivos. ¿Y el resto?, solamente esperan el día final de su existencia, sin darse cuenta, sin sentir nada, sin pedir nada, sin darse cuenta que sus familiares se reparten entre sí todo el sufrimiento que eso provoca, desde ansiedades, angustias, depresiones y hasta intentos suicidas al no saber qué y cómo hacer para superar cada día.
Señores políticos que hoy reparten besos y abrazos por montones, dediquen un minuto al menos con sus equipos de asesores para dar una respuesta digna a estas familias. Recuerden que todos y todas podemos llegar a padecer una demencia, basta pasar la curva de los 60 años, la cual la mayoría de ustedes ya la han rebasado. El mal de Alzheimer está allí y vuelve nada hasta al más poderoso, si no sabemos enfrentarlo.
Recordemos hoy y siempre a todas aquellas personas que vemos pero que no nos ven, aún teniéndolos al frente nuestro, porque ya no nos conocen. Que no sólo sea el 21 de septiembre, que se celebra mundialmente su día, sino los 365 del año y las 24 horas de cada día.