Opinión

Cuba es libre


Con la cantidad de signos, de códigos alrededor, un pensamiento ronda y se detiene. Lo que la gente quiere es libertad, pero esta palabra se ha vuelto tan confusa. Libertad, según me han dicho los depredadores, es tener el derecho a “escoger” entre la variedad de químicos coloridos que imponen a través de sus productos y que conste que no todos pueden escoger, pues ese lujo se lo da nada más quien tiene dinero. A eso los depredadores llaman democracia, una democracia de supermercado, por supuesto, con tantos nombres, formas, diseños, de los cuales ninguno fue creado por mí, sino por aquellos que tienen el capital para crear e imponer estas formas, estos sabores en el mundo. Entonces, si sólo quien tiene poder o capital es capaz de crear e imponer, ¿de qué libertad estamos hablando? De ninguna.
Una admira, o al menos yo admiro siempre con sorpresa, el potencial y la capacidad creativa del ser humano mientras examino una artesanía, o incluso una botella cualquiera. Me siento completamente ignorante al tener un vaso de vidrio en frente porque no sé cómo hacer uno, porque no conozco el secreto de la naturaleza que me permitiría domar el vidrio y moldearlo con la forma que me plazca. Por eso he llegado a la conclusión de que a los depredadores, a los señores de la riqueza de este mundo no les interesa nuestra capacidad creativa. A ellos les interesa que consumamos en sus centros comerciales, como buenas ovejas, la chatarra con la que nos enseban. A ellos les interesa que seamos sus esclavos y que en nuestros ratos libres estemos “quietecitos” viendo televisión o sentaditos en una mesa de bar. Sentaditos, quietecitos, sonriendo y consumiendo lo que nos imponen mientras el mundo dominado por ellos nos abruma con más imposiciones como las frivolidades de Hollywood, con canciones estúpidas, con comidas sintéticas, con revistas superficiales.
Esa nostalgia que le da a un hombre o una mujer, esa tristeza que todos tenemos, ese dolor a causa de “un no sé qué”, ese vacío que nos hace sentir como pájaros sin alas, no es por un amor perdido, es porque nos han quitado el derecho a crear. Nos han quitado el derecho a imaginar, a soñar y hacer realidad esos sueños. En esta tierra lo que importa son los sueños de quienes tienen el poder, no los nuestros. Ellos sólo nos utilizan para crear sus sueños, para concretar sus ideas, y al final todos moriremos y habremos desperdiciado nuestra maravillosa energía en sus proyectos, en sus empresas, en sus modelos de vida, no en los nuestros.
Cuba no tiene el colorido artificial, no tiene la publicidad escandalosa de una botella de licor, no tiene una cuadra entera de negocios estrafalarios, no tiene zonas francamente explotadoras, mucho menos un enorme centro comercial con marcas en inglés en donde algunos se alienan por completo del mundo. En Cuba hay un malecón, hay una playa donde los cubanos caminan descalzos y sienten el roce de la espuma y la arena. En Cuba las estrellas son más limpias y no compiten entre sí por quién es la más bella, todas lo son. En Cuba no hay secciones VIP, hay una gran plaza en donde todos los cubanos brindan por igual con un vaso de ron. En Cuba no hay capitalismo, por eso Cuba es libre.
Dejen al pueblo cubano en paz, no quieran imponerle una pesadilla de McDonald’s o de uniones mafiosas o de intereses altísimos. Dejen a Cuba seguir siendo mi sueño, mi esperanza.
eunice.shade@gmail.com