Opinión

Los “intelectuales apologistas” y la guerra


Los “intelectuales apologistas” del poder en la década de los ochenta, como explica Karlos Navarro (en su excelente artículo publicado en EL NUEVO DIARIO, 11 de agosto de 2006), deberían de pronunciarse sobre la guerra de Israel contra el Líbano y Palestina. Sobre todo deberían reconocer que los libaneses y palestinos viven en países colonizados por el imperio y que los imperios nunca llevan a cabo guerras humanitarias, sino contra la humanidad. La oposición de los “intelectuales apologistas” a la guerra devastadora de Israel contra el Líbano virtualmente se ha esfumado.
Desde mediados de los años noventa ya había signos claros de la retirada de una posición crítica a la barbarie imperial, cuando muchos “intelectuales apologistas” no condenaron la guerra contra Irak. Para principios de los noventa muchos “intelectuales apologistas” abandonaron su breve idilio con el movimiento revolucionario de los años ochenta para volver a las filas de la derecha neoliberal y del Consenso de Washington.
El primer signo inequívoco del redescubrimiento de la naturaleza virtuosa del Consenso de Washington llegó durante la presidencia de la Sra. Chamorro. Esta abierta contraofensiva conservadora hizo retroceder reformas progresistas impulsadas por la Revolución Sandinista. Se justificó como parte de la campaña de la democracia, y un sector significativo de la intelectualidad apologista la apoyó. A partir de la derrota electoral de 1990 los estrategas políticos en Washington se dieron cuenta de que valía la pena conquistar el apoyo de los “intelectuales apologistas” y coquetear con ellos para neutralizarlos. Y tuvieron razón.
En los años ochenta la intervención política estadounidense y la contrarreforma interna tenían dos propósitos: derrocar al régimen sandinista y posibilitar la involución política con la ejecución del Consenso de Washington, ante la imposibilidad de una contrarrevolución militar. A partir de 1990 la secuencia de acontecimientos da un contexto importante para entender la capitulación de los “intelectuales apologistas” a las políticas neoliberales.
La fusión de los sentimientos pro capitalistas y un sesgo antisandinista provocó que un estrato de los “intelectuales apologistas” encontrara un amplio espacio en los principales medios impresos y electrónicos en contra los excesos de la revolución sandinista. Los ataques de la derecha en contra de los intelectuales de izquierda y anticapitalistas sirvieron para neutralizar, intimidar o minimizar las críticas de los intelectuales indecisos.
La mayor parte de los “intelectuales apologistas” se pusieron del lado de Washington en su ataque contra las desviaciones del gobierno sandinista. Prácticamente ningún “intelectual apologista” apoyó al sandinismo a partir de finales de la década de los noventa. Al encontrar un terreno común con los intereses y políticas de EU los “intelectuales apologistas” comenzaron el proceso para socavar toda noción de imperialismo como la principal característica definitoria de la naturaleza de EU como Estado.
El “nuevo pensamiento” provocó que varios “intelectuales apologistas” concibieran, poco a poco, el imperialismo como simple política, no como estructura de poder y expansionismo económico, eso explica la falta de una posición crítica al Cafta. Por lo tanto, la política imperialista se transforma en un simple producto de la constelación específica de algunos funcionarios gubernamentales del tipo de: Reagan, Bush, etcétera. Como resultado, la política exterior imperialista dependía del contexto, valores e influencias de los políticos norteamericanos.
Los “intelectuales apologistas” procedieron entonces a atacar al sandinismo antiimperialista por ser “anti-estadounidense” o “marxista ortodoxo”, porque los sandinistas insistían en nunca encontrar nada positivo en la política de EU. Los intelectuales apologistas se unieron a las filas del imperialismo humanitario, olvidando que cada vez que Washington ejerce su poder imperial es más devastador en su aplicación y más destructivo en sus consecuencias.
Washington justificó su intervención en Yugoslavia argumentando el intento “estalinista” de mantener a un gobierno populista. En Palestina justificó su apoyo incondicional a Israel declarando su oposición al terrorismo de Hamas. En Irak fue a la guerra para oponerse a que surgiera “un nuevo Hitler”. Los “intelectuales apologistas” se mostraron indecisos en su posición, pues algunos alegan que están “opuestos”, tanto a las fuerzas invasoras estadounidenses como a los terroristas locales. Olvidaron que la invasión imperialista destruye a un país y su derecho a la libre determinación, condición previa a cualquier lucha contra el terrorismo.
Esta ecuación simplista consiste en equiparar los ejércitos imperialistas e invasores con la resistencia local que se oponen a la invasión del país en cuestión. La “teoría del doble demonio” fue un punto de tránsito entre el antiimperialismo congruente y las apologías del imperialismo humanitario. La naturaleza del régimen que se opone a la invasión imperialista es secundaria a la conquista imperial del poder, particularmente a juicio de los intelectuales apologistas.
La dinámica del imperialismo histórico se ha perdido para los “intelectuales apologistas” que consumen la propaganda humanitaria con la que Washington y sus voceros bombardean al mundo, perdiendo de vista la interrelación entre una guerra imperial y otra. El momento clave para los “intelectuales apologistas” ha sido la guerra de Israel contra Líbano. Éste fue el “último frente” para los “intelectuales apologistas”, antes de su colapso durante los salvajes bombardeos de Israel del Líbano, su ocupación de la parte sur y el castigo colectivo a civiles.
La cuota de masacre y destrucción israelí comprende más de 1,300 civiles libaneses muertos (en su gran mayoría civiles), más de 4 mil heridos, un millón refugiados, cientos de edificios de departamentos destruidos, miles de hogares, escuelas, fábricas, acueductos, instalaciones de agua potable y alcantarillado, iglesias, mezquitas, estaciones de radio y televisión, todos los principales puentes y carreteras, aeropuertos y puertos.
En la reciente guerra de Israel contra el Líbano y Palestina los “intelectuales apologistas” entregaron sus principios morales y políticos. Ya no analizan la secuencia de guerras imperiales destructivas; en cambio, cada guerra es considerada otra respuesta humana a tiranos y terroristas. Gran parte de los “intelectuales apologistas” que se oponían a la guerra contra Palestina quedaron silenciados. Muchos se unieron al coro pro bélico de los intelectuales de derecha, atados a la política exterior de los EU, que no sólo aplaudió la guerra de Israel contra el Líbano y Palestina, sino que exigió acabar con Hezbollah y Hamas.