Opinión

Una bomba llamada encuesta


La mayoría de los candidatos dicen desconocerla, que les tiene sin cuidado, no les tienen miedo y que existen otras formas más objetivas de saber los resultados del futuro, aunque sea con brujería doméstica, sin embargo, a pesar de todos los argumentos que puedan esgrimirse en ese sentido, es innegable el enorme temor que sienten todos estos candidatos minutos antes de que estalle la bomba llamada encuesta.
Lo más chistoso son las declaraciones del día siguiente, se da una rara mezcla de amor-odio, al desconocerla por un lado la reconocen por otro, comienzan argumentando falsedades, trampas, manipulaciones y desconocimiento de los resultados reflejados en esas encuestas que tanto admiran y respetan al final de cuentas. Inmediatamente después de que se saben los resultados, todos, todos sin excepción, en las cúpulas de los partidos se reúnen de emergencia para analizar dichos resultados.
Obviamente que estoy de acuerdo que este tipo de estudios no deben ser dogmas de fe, pero tampoco las podemos tomar como soberanas mentiras inventadas por cualquier estadístico mañoso, a la luz de los resultados se pueden analizar muchos fenómenos que en ocasiones pueden hacer trastabillar nuestros propios engaños, porque en la realidad muchos de los candidatos viven engañados, creyendo que son los más populares, que son los ungidos divinos y por eso no salen de las enaguas cardenalicias, que a ellos los ha puesto el destino y toda esa maraña de justificaciones por las que deben ser electos en los puestos a que se presentan, en otra cara del engaño están los propios comités de campañas que para justificar sus jugosos presupuestos tratan, de forma casi automática, de descalificar cualquier tipo de encuesta donde ellos no sean los que encabecen el primer lugar, y si aparecen en primer lugar dicen que ese porcentaje no corresponde a la verdadera fuerza que tienen en la base popular.
Pero me parece interesante que sepan cuál es el origen de esta llamada “bomba”, y cuando la comparo con una bomba es porque el igual que el explosivo del cual tomo su nombre, impacta a todos sin excepción, causa un daño, sea menor o mayor, incluso para aquellos que se empeñan en negarlas, pues bien su origen está en los Estados Unidos en las elecciones de 1824, se comenzó haciendo sondeos con las personas que llegaban a votar, luego en su evolución se hacía sin métodos científicos a través de encuestas a los suscriptores de periódicos, no es sino hasta 1930 que se comienzan a utilizar métodos científicos que podían implementarse y aplicarse a las opiniones emitidas por los encuestados. Según mi fuente documental del INEP fue George Gallup quien en 1935 levantó la primera encuesta nacional en los Estados Unidos y no es hasta finales de la Segunda Guerra Mundial que se internacionaliza este tipo de actividad desarrollada previo a las elecciones en diferentes países.
En la actualidad el tema de los resultados finales de las encuestas pasan por todo un proceso metodológico, el que va desde la definición del universo, la determinación de la muestra, la formulación del cuestionario, realización de la entrevista y la tabulación, hasta el análisis y la interpretación de los resultados. Tomando como base el mismo documento consultado se establece que para determinar la confiabilidad de las encuestas deben juzgarse los siguientes factores:
1. La identidad de quien la realiza y su trayectoria como encuestador.
2. La exactitud de la redacción utilizada en las preguntas.
3. El cuidado que se ha tenido para definir el universo de la encuesta.
4. El tamaño de la muestra y el método mediante el cual se determinó.
5. La proporción de la muestra que realmente respondió a la encuesta.
6. El grado en el cual los resultados están basados.
7. La manera en la cual se hizo la entrevista.
8. El tiempo en que la entrevista fue realizada.
En otras palabras, el tema de las encuestas realizadas conforme a todos estos elementos no es algo a tomar a la ligera, si bien es cierto que debemos tomar en cuenta todos los errores que se puedan cometer en la realización de las mismas, no son elementos suficientes para descalificarla de forma absoluta, me parece que los candidatos deben ser más cautos en las opiniones emitidas al final de dar a conocer los resultados de cualquier empresa dedicada a esta labor, reitero que podemos aducir engaños de los propios encuestados, no podemos negar que el tema del güegüense lo llevamos en la sangre, por lo que en muchos casos aprovechamos este tipo de ejercicio para hacerle creer a algunos candidatos una realidad que sólo existe en su mesianismo, eso lo sabemos todos los nicaragüenses.
Lo fundamental en todo esto es el impacto que se causa con todos estos resultados, las carreras empiezan desde la misma mañana previa al día que salen los resultados a la luz, es casi hasta chistoso la cara que ponen los favorecidos o castigados candidatos, para algunos es inevitable la sonrisa de oreja a oreja y para otros el inaguantable irritamiento por esos resultados, lo que los lleva a jurar, hasta con los dedos de los pies, que no les interesan y que les tienen sin cuidado, y entonces, si no le interesan, ¿a qué se debe tanta molestia?
Es evidente que en el juego electoral no todos van a salir ganando, hay unos que ganan y otros que no, las encuestas son parte de ese proceso, pero también nos pueden servir como una campanada de alerta frente a un posible peligro, si para algunos les causa satisfacción para otro porcentaje importante de la población les puede causar miedo, miedo el solo hecho de pensar que tal o cual candidato puede ganar, dependiendo de los intereses políticos , económicos o sociales de la población es que se pueden identificar esos temores, y cuando me refiero a la campanada de alerta es en el sentido que dependiendo de esa posibilidad de triunfo del candidato menos conveniente para el país es que se deben unir fuerzas para no hacer realidad lo que las mismas encuestas nos pronostican de cierta forma, entonces, por eso sostengo que estos instrumentos de medición de opinión son una especie de bomba que nos afecta a todos, indefectiblemente todos emitimos opinión ya sean favorables o no, y por lo tanto no se pueden emitir opiniones sobre algo inexistente, señores candidatos.
En resumen, tanto la población como los votantes, los partidos políticos en su conjunto y los propios candidatos deben acostumbrase a la radiación de la encuesta, a veces pueden pronosticarnos un hecho real frente al cual debemos detenernos a meditar, pensar bien a quien le daremos el voto, sentirnos temerosos en la posibilidad de volver al pasado negro de este país o en el otro extremo sentir la posibilidad real de cambiar las cosas de una vez por todas, en cualquiera de los casos tengamos listos nuestros refugios mentales porque apenas están cayendo las primeras bombas disfrazadas de encuestas, y aunque queramos o no, en algunos casos, ante este tipo de armas; nadie nos salva.
León, agosto de 2006