Opinión

Pobreza y el Censo Nacional 2005


En Nicaragua han transcurrido dieciséis años de políticas neoliberales y el camino trazado por sus estrategas, los que reparten el poder y producen ideología, sigue impertérrito ante los resultados obtenidos. Un ochenta por ciento de la población vive en condiciones de miseria y pobreza extrema, aumentando la desigualdad social y económica. El deterioro del medio ambiente se acelera, haciendo peligrar flora y fauna, y transformando en mercancía todo cuanto está a su alcance: el agua, el viento y el sol. La violación de los derechos humanos se generaliza. Se corre un tupido velo sobre el trabajo infantil, la semiesclavitud y la siniestralidad laboral. Por eso el hermetismo con que han guardado los resultados del Censo Nacional 2005, el Instituto Nacional de Estadística y Censo (INEC) apunta a dos hechos:
1. La pobreza en Nicaragua se agravó desde 1995 a la fecha, durante los gobiernos neoliberales de Arnoldo Alemán y Enrique Bolaños. Lo que significa que, a pesar de los avances en materia de política económica, los esfuerzos del gobierno en materia de alivio a la pobreza han resultado insuficientes para atender las necesidades de la población.
2. El gobierno Bolaños, con el fin evidente de no anunciar, antes de las elecciones de 2006, una nueva alza en la pobreza y el fracaso del modelo neoliberal ha decidido ocultar los resultados del Censo Nacional 2005. El INEC informó que los resultados definitivos se darán a conocer hasta después de las elecciones de noviembre próximo.
Esto es un manejo político de los tiempos para las actividades de información estadística y constituye una violación a las reglas de la transparencia, pues este trabajo, determinante para conocer la situación de la pobreza en Nicaragua, debió hacerse público en abril pasado, como ha ocurrido en ocasiones anteriores, pero no fue así.
La ausencia de esta información levanta sospechas de que las condiciones de pobreza en el país se han agravado y que los resultados del Censo no le habrían sido favorables al gobierno neoliberal y a su candidato presidencial, Eduardo Montealegre. Esto reviste particular importancia, sobre todo porque se habrían conocido en abril, en plena contienda electoral por la Presidencia de la República. Se trata de evitar el triunfo del sandinismo a cualquier precio.
Lo único que se sabe es que los resultados del Censo Nacional 2005, determinante para conocer las condiciones de distribución del ingreso y la situación de la pobreza en el país, fueron entregados por el INEC a la Presidencia de la República, y es factible que los asesores del Presidente hayan sido los que recomendaron que los resultados totales no se hicieran públicos.
Mientras tanto, datos manipulados y cifras macroeconómicas avalan el modelo neoliberal. El cómo lo hacen es simple. Quienes buscan empleo por primera vez nunca han estado empleados, por ello no pueden estar en las listas del desempleo. Las triquiñuelas son muchas. La sociología estadística aporta los argumentos de la mentira. Pero la población se muere de hambre, la salud se privatiza y los servicios sociales disminuyen.
Sin embargo, los datos de todos los organismos del Sistema de Naciones Unidas indican que Nicaragua tiene un alto porcentaje de la población por debajo de la línea de la pobreza y una gran desigualdad en la distribución del ingreso. Nicaragua, dicen algunas instituciones internacionales, ha logrado progresos en el área monetaria, pero mucho menor progreso en otros aspectos, como el ingreso de los pobres.
Todavía está pendiente la integración de una agenda más amplia para los pobres, explican. La mayor parte de los pobres extremos y moderados quedan fuera del sistema de protección social y enfrenta riesgos significativos, como crisis de salud, desempleo o falta de ingreso en la vejez.
Los pobres son un grupo heterogéneo y, entre otras dimensiones de pobreza, su ubicación es importante en el diseño de intervenciones apropiadas para el alivio de ésta. Los pobres urbanos están limitados al desempeño de empleos de baja calidad marcados por la productividad también baja y las limitaciones en la protección social. Con el propósito de continuar apoyando a los pobres rurales para salir de la pobreza, resulta importante aumentar la productividad agrícola, en especial para los agricultores pequeños y medianos. Asimismo, el sistema de salud en Nicaragua tiene un desempeño deficiente en relación con los riesgos que enfrentan los pobres.
A pesar de los avances en salud, más del 20 por ciento de la población no cuenta con acceso a servicios de salud. En el caso de los pobres rurales, la prioridad consistiría en proporcionarles acceso a un paquete básico de servicios preventivos y curativos. La extrema pobreza trae consigo un alto nivel de mortalidad y morbilidad. Por otro lado, más del 90 por ciento de la población sigue sin estar asegurada. Cuando las familias sin cobertura de seguridad social enfrentan situaciones serias de salud, incurren en gastos catastróficos que las llevan a la pobreza.
Es probable que los resultados del Censo no salieran como hubiesen deseado los funcionarios gubernamentales, y hay indicios de que así haya sido. Por tratarse de un asunto delicado, por sus implicaciones, habrá que analizar los resultados con detenimiento para determinar las posibles causas de lo que podría considerarse ocultamiento, falta de transparencia y hasta manipulación de información. No hay que olvidar que las cifras que arroja el Censo Nacional sirven de base para los trabajos que realizan, por ejemplo, el Banco Central de Nicaragua y muchas otras instituciones.
El avance de Nicaragua sólo es viable si se erradica la pobreza. Para lograrlo es necesario la convocatoria a un nuevo pacto social que debe centrarse en la superación de la pobreza, comprometiendo a la sociedad entera en el proyecto: a los pobres, porque es su única garantía de sobrevivencia, y a los demás, porque es la única garantía de estabilidad social.
Es necesario declarar la guerra a la miseria, no sólo por razones humanitarias o de piedad, sino porque en ello nos va, literalmente, la vida, pues está en juego la viabilidad del país. O damos a los más de 4 millones de pobres de este país trabajo, casa, comida, salud y escuela, y con ello dignidad humana, o el siglo XXI será testigo del desvanecimiento del sueño de modernizar la sociedad nicaragüense.
Para poder otorgar estas satisfacciones se debe terminar de renegociar la deuda externa y aligerar el peso de la interna resolviendo el tema de los Cenis. Es necesario también hacer una reforma fiscal que abata los índices de escasa recaudación, lograr la recuperación progresiva de los salarios reales, apoyar a la pequeña y mediana empresas, así como a las diversas manifestaciones de la economía popular, entre otras medidas.
La única manera de cambiar el curso de las cosas hacia un régimen social, no perfecto, sino más humano y más justo, es sometiendo al próximo gobierno, a cualquier gobierno, a que adopte un modelo económico-social diferente al neoliberal y a un proceso permanente de control democrático.
El último libro publicado por Oscar-René Vargas se titula: “Elecciones 2006: La Otra Nicaragua Posible”.