Opinión

El acoso laboral y sus consecuencias


Sumamente importante y de gran interés encontré el artículo de Rodolfo Pérez García publicado en EL NUEVO DIARIO del 23 de agosto corriente.
Coincido completamente con su propuesta de debate en todo el país y en todos los niveles, con el objetivo de que nuestras autoridades se interesen y conozcan sobre el tema, para que de una vez tomen conciencia de las terribles consecuencias de esta práctica perversa. De este conocimiento espero que resulte la inquietud en la clase trabajadora de la necesidad de una reforma a la actual legislación laboral que tipifique y castigue a quienes incurren en esa práctica en detrimento de la salud mental de la víctima.
Esta acción no es típica solamente de las instituciones públicas, también se practica en una ONG noruega, cuyos valores son solidaridad, justicia y otros que ya olvidé por el contraste entre lo escrito y la práctica. Por experiencia puedo dar mi definición personal del acoso laboral. “Es una tortura que extrae la esencia del espíritu y lo debilita, corroe la mente, diezma la voluntad, paraliza toda iniciativa de diálogo y la víctima languidece físicamente.” El sufrimiento provoca huir del lugar, pero el amor a tu familia aconseja soportar, porque la calle también es dura.
El ambiente laboral se vuelve insostenible. Reina el temor, la angustia y el miedo. Afecta la autoestima del individuo y lo más grave es que las angustias y las insatisfacciones se llevan al seno de nuestro hogar, convirtiendo así el ambiente de nuestro hogar en la sucursal del dolor.
El agresor es astuto e inteligente, sabe cuidar su imagen. Atento, fraterno, amable, muy comprometido con los pobres, pregona siempre su utopía a favor de los desposeídos, y generalmente lo hace con personas que realmente le creen y confían. Más a lo interno de la organización, discrimina, descalifica a las personas, aún a las mismas con las que comparte sus utopías, golpes en las mesas cuando no está de acuerdo con una opinión, usa la violencia verbal, especialmente con las mujeres, y más aún con las de mayor edad. El ambiente caótico se complementa con un exceso de críticas, en contraste con la falta de estímulos al cumplimiento de los deberes. PROVOCA EL CAOS BAJO UNA APARIENCIA DE NORMALIDAD.
Las citas que se leen al final del artículo que mencioné al inicio, señaladas por el psicólogo alemán Heinz Lehmann, son exactamente las mismas que utilizó nuestro fraterno amigo, quien todavía disfruta de un alto cargo en la misma ONG, con el beneplácito de las autoridades noruegas que aún comprobando in situ el daño causado, lo premian por su incansable labor con las clases menos protegidas. Para mí hay un refrán árabe que muy bien define esta situación: “UNOS COMEN DÁTILES Y OTROS RECIBEN PEDRADAS EN LA CABEZA”.
Y ya que la cuestión está planteada – como dice Pérez – considero que conformemos una organización todos y todas las personas que hemos sido víctimas de esta práctica y con documentos en mano, como los que yo poseo para confirmar la veracidad de mis palabras, nos juntemos con nuestras autoridades del Mitrab, las organizaciones gremiales interesadas en el tema, Red de Mujeres contra la Violencia, Procuraduría de los Derechos Humanos y Policía Nacional, para que se contemple en nuestro Código Laboral el castigo a estos delincuentes.
Propongo a Rodolfo Pérez, conocedor del tema, como coordinador de la futura organización y desde ya le ofrezco mi apoyo incondicional. Pronto seremos miles. Pensemos en el futuro, quizás podamos evitar que nuestros hijos sean víctimas o agresores. Nunca se sabe.
*Secretaria jubilada