Opinión

La tunda que nos dio “Panchito”


Oliver Gómez

La fotografía de un niño, un título y tres párrafos desencadenó un caso del que ahora nadie quiere hablar en los medios de comunicación, periodistas y editores por igual. Sin embargo, los principales medios se lo disputaron en su momento y hasta se enfrentaron con cámaras y libretas en mano. Es que fue una lección mediática, una “tunda infantil” bajo el nombre de “Panchito”.
Es una anécdota de ribetes novelescos, pero aleccionadora y digna de una monografía, ya que los medios de comunicación en general, y los periodistas en particular, ponemos poco interés y escaso despliegue en la búsqueda de familiares de niños extraviados o encontrados. Es decir, la oportunidad perfecta de cambiar la sociedad, empezando por la sonrisa o tristeza que se le pueda dar a una familia, a la esencia de la sociedad misma.
Personalmente, jamás había visto a editores y periodistas enfrentándose contra otros colegas verbalmente por lograr una historia parecida. “Es que a los medios no les gusta gastar tiempo o espacio en la búsqueda de familiares”, y si esto no es cierto, que lo nieguen y me refuten los funcionarios del Ministerio de la Familia (MiFamilia), a quienes he escuchado esta frase en varias ocasiones, después de peregrinar con los infantes tocando muchas puertas sin éxito alguno.
Ellos, con mucho ahínco y entusiasmo, se dedican a esta labor y tienen que andar rogando a periodistas y editores para que les puedan ceder un poco de tiempo o espacio en sus programas o secciones. El mejor caso o ejemplo de eso es, sin duda, el de “Panchito”, que a estas alturas está convertido en “Panchoide”.
Todo inició con ellos, justamente, cuando llegaron a EL NUEVO DIARIO buscando espacio para publicar el rostro de este niño, el que apareció en la edición del pasado viernes 28 de julio de 2006. Los recibió la periodista Sylvia Hernández y el fotógrafo Frank Cortés, quienes siempre están prestos a publicar estas historias, por una cuestión de mera vocación.
Pero aclaro, no destaco ningún mérito o primicia a EL NUEVO DIARIO, pues eso se lo dejo a los editores que se enfrentaron en su momento. Fue este periódico, porque MiFamilia no encontró espacio en otros medios, ya que los periodistas estaban “muy ocupados en otras historias”.
Se publicó la fotografía del niño con el título de “encontrado”, y tres párrafos del caso. Una semana después, eso estaba en manos de doña Ángela Potosme, quien llegó buscando auxilio ante Diario Extra de Costa Rica, que hasta ahora no ha figurado en el escenario nicaragüense.
Este periódico de sucesos fue el encargado del titular desplegado el día de la disputa en las afueras del Canal 10: “¿Panchito en Nicaragua?”. Me cuenta Hellen Zúñiga, colega tica de este medio y quien investiga el caso desde hace cuatro años, que todo comenzó cuando la supuesta madre se apareció con el recorte de EL NUEVO DIARIO en sus manos, donde salía el rostro del niño, asegurando que se trataba de su hijo extraviado, pero partiendo solamente de la misma fotografía y una historia que siempre le dije: “no encaja”.
Es decir, la realidad estuvo en Nicaragua y las suposiciones vinieron de Costa Rica, sin menospreciar el trabajo de nuestros colegas vecinos, que sólo vinieron a darnos una lección.
Esta tunda a los periodistas y editores de ambos países, es que existen historias humanas muy interesantes y que, con un poco de esfuerzo, pueden cambiar el rostro de toda una familia, de toda una generación, de la sociedad.
Se imagina usted cuántos Panchitos existen en Nicaragua, en Costa Rica y resto de países latinoamericanos. Este caso es sólo una muestra de la realidad que atraviesa la niñez en nuestros países.
A estas alturas en verdad poco importa si al fin es Panchito o no, porque lo considerable es retomar este caso como una campanada de alerta para los medios de comunicación y autoridades de gobierno. El desinterés por los casos en aumento de niños extraviados se debe acabar, por todos los “Panchitos”, por los niños nicaragüenses extraviados que en medio de tanto sufrimiento sólo quieren volver a manos de sus familias.
Cabe destacar que gran parte de los periodistas que intervinieron para informar de este caso tienen un postgrado en temas de la Niñez y la Adolescencia, y les aplaudo sólo por la campanada de alerta que están dando ante esta situación.
Busquemos entonces, y les aseguro que sin mucho esfuerzo, un caso similar en los listados de historias humanas que esperan en los albergues de MiFamilia, donde muchos quieren tener un espacio, pero lamentablemente la historia no cruza fronteras. Esta vez, ¿quién se disputará la primicia, la exclusiva o al menos el mérito?