Opinión

Candidatos del azar


La política es impredecible. Todo puede suceder, pero hay hechos casi imposibles. La sociedad es dinámica con sus preceptos y sus leyes tácitas.
Por ejemplo, por muy impredecible que sea la política, una revolución no surge por generación espontánea. Se afirma por experiencia humana que una revolución se da, cuando menos, cada 60, 70 ó 100 años. Con las insurrecciones sucede algo parecido.
Si en la historia de las luchas políticas se suceden grandes hechos políticos y bélicos durante algún tiempo determinado no quiere decir que se dieron varias revoluciones, sino que esos acontecimientos obedecen a una misma revolución. Para citar las luchas más cercanas están los inicios de la revolución mexicana y la francesa.
Hay movimientos políticos improvisados que pueden llegar a ganar una elección. Estos fenómenos se dan en la distancia del tiempo.
La lógica indica que en una lucha electoral los partidos a ganar son aquellos que tienen una organización cuadra por cuadra, barrio por barrio, por distritos, por zonas, por ciudades, por departamentos, por municipios, caseríos y cañadas.
Partidos que son monolíticos resisten los embates a los que están expuestos. Esto permite tener el voto sólido y garantizarlo en las urnas en cualquier punto de la geografía nacional.
Estos partidos, en grupos, analizan la situación política nacional e internacional, eso lleva a una convicción inquebrantable, convirtiéndolo en una maquinaria bien aceitada, poderosa, por un lado y por otro, en la mayor parte de la conciencia nacional.
Estos partidos, por supuesto, no extraen sus cálculos electorales del tarot, la cartomancia, leyendo la oración del puro, ni de los horóscopos, ni en juegos de azar, tampoco de las veleidosas encuestas inducidas.
¿Quiere decir que nunca pueden perder una elección unos partidos monolíticos? Pueden perder en un recodo de las posibilidades cuando en determinado momentos se juntan factores internos, factores fuertes y provenientes del extranjero, prefabricados. Y si las circunstancias de la historia ayudan a formar un caos inevitable, en esas circunstancias una alianza improvisada puede ganarle como una suerte de lotería. Entonces los ingenuos pasan a creer que ganar una elección presidencial es un asunto de juego de azar.
Cuando suceden estos caos y el partido monolítico es acorralado, en callejón sin salida, recurren a sus más íntimos mecanismos de defensa para pasar el temporal, y luego reaparecer con empujes refortalecidos.
Para que se repitan los resultados de mil novecientos noventa (1990) se tendría que esperar muchísimo tiempo para que se agrupen los factores internos y junten los exógenos, y así alguien salga presidente, como alguien quien se saca la lotería.
Según los matemáticos, las posibilidades numéricas para salir favorecido con el premio mayor son demasiado lejanas, de acuerdo a los cálculos uno tendría que vivir 900 años (novecientos) para tener opciones a una posibilidad fija al premio mayor de la lotería; pero esto no quiere decir, afirman los mismos matemáticos, que por otras circunstancias inverosímiles no puedan sacarse la lotería en los próximos sorteos. A este azar es que apuestan las organizaciones pequeñas e improvisadas.
Algunas cúpulas de estos movimientos saben perfectamente que no van a ganar, esperan sacar algunos diputados y que pueden surgir algunas negociaciones. También saben que se dan a conocer con la esperanza de que en el próximo periodo electoral serán competitivos. Pero desde ahora gritan que van a ganar, es elemental, sería absurdo que participando en una campaña electoral dijeran que van a perder.
*Decano de la Facultad de periodismo de la Uhispam
trejosmaldonado@yahoo.es