Opinión

Reconciliación


El proceso de construcción democrática en América Latina y, específicamente en Nicaragua, tiene una historia particular y debe ser entendido dentro de sus características propias. Durante los 200 años de independencia de la región se han ido desarrollando procesos de construcción y consolidación de la democracia, que han logrado superar periodos de dictaduras y violencia.
Por ello, para nadie es un secreto que en nuestro país, hasta el mismo Coronel Urtecho lo ha sostenido, uno de nuestros patrones socio-históricos ha sido la violencia, el conflicto, la confrontación ¿Acaso no devino de guerra civil la independencia? De igual manera, los 30 años de gobiernos conservadores trajeron consigo una serie de desplazamientos y la creación de mecanismos de control de los “otros” grupos mediante la letra, la episteme y las leyes mismas, lo que a su vez llevó al silenciamiento, al disciplinamiento, a la censura o la imposición.
Un autor como Erick Blandón dirá que “es en esta época donde se lleva a cabo una arremetida cultural mediante la cual se instituye el castellano como lengua oficial del Estado y que a su vez fuera el correlato del colonialismo interno, que en lo político y económico significó la subordinación de las diferentes regiones del país bajo el control de las clases hegemónicas del Pacífico”. Asimismo, Blandón aclara que la persecución de los grupos otros se dio de forma directa hasta muy entrado el siglo XX.
Los gobiernos conservadores crearon toda una tecnología de la violencia, del silenciamiento, de la confrontación solapada y el conflicto. Ya en pleno siglo XX los Somoza son prueba fehaciente del conflicto extendido, hasta llegar a la Revolución Sandinista, en la que la violencia se impone desde fuera, pues Nicaragua se vuelve polígono de las superpotencias (Wojtila). En nuestra época ésta se reaviva en base a una polarización o a una división de la concepción de las cosas entre el pueblo llano.
Nuestro país durante estos 16 años de neoliberalismo se ha caracterizado por ser una de las regiones del mundo con mayor desigualdad en la distribución de la riqueza; se ha intensificado el problema de la exclusión social de grandes grupos de poblaciones, etnias (Caribe), mujeres y jóvenes. Muchas veces la pobreza coincide con esta división, siendo las mujeres, los niños o el campesino las víctimas principales de la violencia y la marginalización.
E ahí la importancia de las políticas o bien del espíritu de Reconciliación que propone la Gran Alianza Unida, Nicaragua triunfa que encabeza el FSLN, a la que algunos analistas desfasados tratan de descalificar. El FSLN trae como parte integral de su agenda y de su programa de gobierno la Reconciliación y, la concibe de una manera estructurada en el breviario principal para la paz y la democracia. Hoy más que nunca hay una necesidad clara de renovar esfuerzos para asegurar que la violencia pasada y las desigualdades actuales sean tratadas de manera integral, fomentando la plena inclusión social, económica y política. Para poder construir una democracia consolidada es necesario buscar cómo disminuir estas brechas y aumentar la inclusión de todos los grupos sociales en el desarrollo del país, ésa es, de forma contundente, una propuesta de la Alianza Unida, Nicaragua Triunfa. La Reconciliación claramente forma parte esencial de este proceso participativo y democrático que tuvo sus inicios en el 79, pero que se vio truncado debido al contexto internacional, específicamente por la injerencia de los EU.
La intención de la Alianza Unida, Nicaragua Triunfa no es asumir un enfoque moral o filosófico específico, ni presentar recetas supuestamente válidas en referencia a la Reconciliación, sino que ésta se entienda como la capacidad de establecer relaciones de confianza entre individuos, quienes difieren por ideologías o puntos de vista sobre las cosas, pero que tienen en común el interés de cohabitar y a su vez de trabajar a la par para sacar del atolladero en el que han sumido al país los 16 años de capitalismo salvaje. La reconciliación influye en el contexto por medio del cual el pueblo tiene y debe construirse un nuevo derrotero, pues para nadie es un secreto que la violencia institucionalizada en estos 16 años ha acrecentado la pobreza y la marginalización y que, de forma general, ha afectado a los mismos grupos y sectores sociales que constituyen la mayoría en nuestro país.
La Reconciliación, entonces, se propone, sobre todo desde el punto de vista de la justicia, la unión para luego reconstruir, es decir una justicia que zanja diferencias puntuales causadas por hechos puntuales: marginación, falta de oportunidades, inasistencia, aislamiento, entre otros. Dicho de otra manera, la Reconciliación es una invitación para asistir a la construcción de verdaderos modelos de entendimiento y trabajo en conjunto para conseguir el hambre 0, la corrupción 0, el desempleo 0 y el analfabetismo 0, ésa es la esencia de la Reconciliación y del compromiso del FSLN con su pueblo.

cmidenceni@yahoo.com