Opinión

La política cultural: materia ausente en los planes de gobierno


Nicaragua no ha contado con una política cultural coherente y realista a través de su historia. Más bien ésta ha estado signada por la improvisación y ligereza; la manipulación y la excesiva politización.
Si bien es cierto que la política cultural de la primera mitad del siglo XIX sólo se enfatizó en la búsqueda de lineamientos que definieran nacionalismo o soberanía, no hay que olvidar que el confuso espectro de la época y la permanente inestabilidad del país no sólo dificultaban esos empeños, sino incluso atentaban contra cualquier equilibro. Constituciones o leyes, decretos o caudillos, fronteras y banderas, estaban en continua posibilidad de mutación, superposición o desaparición.
En la medida que Nicaragua inicia su construcción como nación independiente, se precisaba definir las instituciones y el conjunto de leyes y acciones que permitirían gobernar al país, el tipo de gobierno, los límites del territorio y las bases de la organización social. Los primeros antecedentes de política cultural, en este período, se encuentran asociados al establecimiento legal de su sistema educativo.
En términos de política estatal de la Nicaragua de la segunda mitad del siglo XIX, la educación cumplía la función de promotora y generadora cultural. En un país salido de una guerra civil, la educación durante estos cincuenta años asumía la responsabilidad de encontrar un conjunto de valores que, dentro de la diversidad, ofrecieran el origen de la unidad: promover el uso de un idioma común, definir los valores sociales que le dieran vida y sentido a la patria, y crear entre los nicaragüenses una conciencia de nacionalismo arraigado, capaz de enfrentar agresiones o amenazas externas.
Más adelante, durante el período de la dictadura somocista, la política cultural fue pobre y asimétrica. Se caracterizó por la acción coyuntural del Estado, y una escasa protección del patrimonio histórico y artístico. Entre lo peculiar de este período podemos destacar lo siguiente: la cultura es concebida por el Estado autoritario, como una forma de control, dominio y legitimación de su poder. Además, la imposición, promoción y divulgación de una identidad hegemónica excluyente (de origen conservador); separando formal y legalmente a las demás expresiones plurales del arte y el pensamiento.
La cantidad de decretos promulgados en el período de la dictadura somocista sobre cultura fueron apenas 36, todos relacionados con la protección del patrimonio cultural.
Con el triunfo de la revolución sandinista, a través del decreto No. 6 de la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional, fue creado el Ministerio de Cultura.
A este ministerio le correspondió el planteamiento, la ejecución y el desarrollo de una política cultural, que correspondiera con los principios de la Revolución Sandinista.
En el libro “Hacia una Política Cultural de la Revolución Sandinista”, que recoge los discursos de Tomás Borge, Bayardo Arce, Carlos Núñez, Daniel Ortega, Luis Carrión, Ernesto Cardenal y Sergio Ramírez con respecto a la cultura, señalan que ésta debe de ser popular, democrática, nacional y antiimperialista, “previendo sus problemas, y convocando al pueblo y a sus artistas e intelectuales a la máxima actividad creadora dentro del proceso” revolucionario.
En el programa del Ministerio de Cultura con respecto a la política cultural, se trazaron los siguientes objetivos:
1- Fomentar la cultura entregándole al pueblo los mecanismos para ello, de tal manera que se convierta en otro instrumento de liberación.
2- Rescatar y consolidar el legado cultural del pueblo nicaragüense, para sustentar la identidad nacional.
3- Iniciar científicamente las investigaciones antropológicas, arqueológicas, literarias, plásticas, musicales y teatrales.
Sin embargo, en la práctica, la política cultural durante este período se tradujo en fortalecer la identidad, en rescatar las expresiones populares de la cultura, y en un instrumento o un arma de la revolución.
En los casi diez años de gobierno sandinista, se aprobaron seis leyes y 22 decretos relacionados con la cultura. En el período de transición, se aprobaron más de diez leyes y 15 decretos culturales.
Un examen exhaustivo del quehacer del Instituto de Cultura en la última década, nos revelaría que existe una insuficiente difusión de la pluralidad cultural, deterioro y saqueo del patrimonio, escasa relación entre los sistemas educativos y culturales, sistemas cerrados de poder, personal ineficiente y poco calificado, falta de planificación, rezago legislativo, acciones coyunturales del Estado, etc.
Es evidente que en la actualidad, la cultura nicaragüense requiere de un Instituto de Cultura que sea vigoroso y saludable en lo administrativo y en su concepción, con participación de la sociedad civil, orientado, desde luego, al beneficio de la ciudadanía.
Sin embargo, en los programas de gobierno del Frente Sandinista, de la Alianza Liberal, del Partido Liberal y de Acción Cristiana no se aborda una propuesta sobre la política cultural que debe de regir en los próximos cinco años.
En el programa del Movimiento de Renovación Sandinista, en su página 22, apenas se hace una vaga referencia a la cultura; y este partido promete “conservar, divulgar y promover el patrimonio cultural”.
Consideramos que independientemente del partido o coalición que gane las elecciones, éste tiene la responsabilidad de promover y coordinar las diversas expresiones artísticas; además, esforzarse en la preservación del patrimonio artístico y cultural de la nación, en la procuración de espacios para la educación y en la promoción de estímulos a la creación artística, con estricto respeto a las libertades; y principalmente abrir nuevos cauces que permitan una mayor participación de la comunidad artística e intelectual --y en general a todos los nicaragüenses-- en la formulación y ejecución de la política cultural, aspecto que no se ha realizado en Nicaragua en toda su historia.

karlosn@usal.es