Opinión

Esa maravilla, llamada “leche de mujer”


(A propósito de la lactancia materna)

El “Tata Eduardo” Castillo, el primero que eliminó el “del” para firmarse simplemente Castillo, fue un hombre prolífico que nunca evadió las responsabilidades para con su numerosa prole. Cuando los muchachos podían valerse por sí mismos y realizar labores como vestirse, comer solos y bañarse, los recogía, los ponía en la escuela y les enseñaba oficios para que fueran hombres de bien.
Cuando el “Tata Eduardo” tenía 82 años de edad cayó enfermo, con una de esas enfermedades que en el siglo antepasado se consideraban mortales y cuyo diagnóstico no estaba muy claro. Era tal la situación, que la familia empezó a preparar “los trapos negros”, como acostumbraban a decir en Granada, ante la seguridad de la muerte próxima de alguien importante y muy querido por la familia.
Ése era el estado de salud del “Tata Eduardo”, cuando llegó uno de sus 63 hijos (en ese momento eran solamente 63), graduado de médico, después de haber estudiado en Francia. Inmediatamente se hizo cargo del cuido de la salud de su padre y, entre las recomendaciones para el tratamiento del enfermo, mandó a que le buscaran una “chichihua”, con las siguientes características: entre 18 y 22 años de edad; primer parto; contextura fuerte; y dentadura sana y completa.
Trajeron, casi inmediatamente, del Mombacho una “chichihua” de 19 años que satisfacía todos los demás requisitos. Las hijas del Tata Eduardo se preocuparon por darle una alimentación especial, donde no faltaba la horchata de semilla de jícaro, para que la “chichihua” tuviera suficiente leche para amamantar, no solamente a su hijo recién nacido, sino al enfermo; porque en ese tiempo no existía el “tira leche”, y la alimentación del enfermo era en forma directa.
En forma casi milagrosa el “Tata” se recuperó. Salió a la calle. Fue al club a reunirse con sus amigos, balanceándose en “las sillas de respaldo alto”. Y el comentario general entre los granadinos era que la leche de mujer lo había salvado, porque el “Tata” había estado “con un pie en la tumba” y gracias a la leche de mujer había logrado salvarse. Valga decir que la leche de mujer empezó a tener mucha demanda entre los viejos.
Como las hijas del “Tata” eran un poco tacañas, consideraron que tener a una “chichihua”, a la que pagaban muy bien y alimentaban en forma especial, para que solamente amamantara al enfermo, era muy oneroso, le prepararon una habitación al lado de la del “Tata” para que también lo atendiera con sus medicinas, lo ayudara a levantarse y, en fin, sirviera como enfermera.
Todo iba a pedir de boca, hasta que el “Tata” empezó a padecer de un desarreglo intestinal que le provocaba una pequeña diarrea.
¡Alarma general! El “Tata” con un nuevo problema de salud. El mismo médico, su hijo, que se había hecho famoso en Granada, y algunas otras ciudades del país, con su receta, se sentía un poco confundido. Pero, para algo sirven las vecinas. Una de ellas comentó: Uhm... ¿por qué no revisan a la “chichihua”? Efectivamente, la revisaron y se encontraron que estaba “me alegro de verte” (como decían los granadinos, cuando una mujer estaba preñada).

El “Tata Eduardo” estaba “xipe” y el responsable de esa situación era él mismo.
Nació el número 64, varón, igualito al “Tata” (a decir de su nieta María Castillo Selva), solamente que moreno, como su mamá.
El “Tata Eduardo” vivió hasta los 96 años, para alegría de su numerosa prole; aunque no sé si continuó con su dieta láctea hasta el fin de sus días.
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Xipe: Voz náhuatl que describe la condición del lactante que está siendo alimentado por su madre embarazada. Una de las manifestaciones de esta condición es la diarrea.

*El autor es tataranieto del “Tata Eduardo” Castillo.