Opinión

Mujeres maltratadas exigimos resultados


Informes del Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (Cenidh) dejan ver que de un mil casos de violencia denunciados, la Fiscalía únicamente ha abierto juicio contra 40 hombres acusados.
La Red de Mujeres contra la Violencia recibió, durante 2005, más de 50 mil denuncias de mujeres que han sido víctimas de maltrato; a esta cifra hay que sumar las 65 mujeres muertas en incidentes violentos.
En Nicaragua, los abusos contra las mujeres son continuos, constantes y grandemente permitidos, y en muchos casos absueltos evidentemente. A pesar del adelanto histórico del Movimiento Internacional por los Derechos Humanos de la Mujer y del acrecentamiento de sensibilización y rechazo en relación a las violaciones de los derechos humanos de las mujeres, la violencia y la discriminación contra la mujer continúan siendo plagas sociales.
Hoy en día, las mujeres constituimos una corriente, no somos una clase social, no estamos como una fracción sindical. Somos mujeres de todas las diversidades y fracciones sociales, por tanto, nos batimos entre los afanes de todas las ideologías y en las heterogéneas esferas de la lucha por conquistar la evolución en todos los horizontes que nos corresponden.
Es provechoso hacer públicas varias interrogantes, total, hacemos uso de nuestra supuesta democracia: ¿qué ocurre en la mente de un hombre cuando tiene el atrevimiento de golpear a una mujer?, ¿qué pasa con el ejercicio de los jueces que no resuelven aplicar la ley, o lo hacen empleando una ordenanza minúscula?, ¿y con los acreditados “Padres de la Patria” que crean leyes y reforman códigos, qué sucede?, si finalmente no proporcionan el capital inexcusable para los medios que urgen y así hacer valer dichas reformas legales, y, más aún, ¿qué expresan los candidatos a la presidencia acerca de este tema? Por citar sólo un ejemplo: ¿qué dice el señor Eduardo Montealegre, quien va postulando como candidato a diputado a un maltratador de mujeres?; ¿pensarán los aspirantes presidenciales que es beneficioso excluir de sus programas de gobierno el endurecimiento de las condenas contra los protagonistas de violencia doméstica?, ¿o perspicazmente no les conviene incluir en sus planes de gobierno un programa de amparo a víctimas de violencia intrafamiliar, que sujete apoyo legal, emocional y económico? Continúo preguntándome: ¿qué trasfondo político coexistirá en todo este asunto?
Definitivamente, programas de gobierno con tan inadmisible indiferencia, que nieguen el contexto del cual son víctimas muchas mujeres, no son únicamente irreales, sino insuficientes para la Nicaragua que deseamos heredarle a las futuras generaciones. Y a como solemos decir los nicas: “Aténganse al santo y no le recen”, esta afonía ante tales delitos, no solamente opaca, sino que demuele campañas electorales, por muy buena infraestructura que tengan.

La autora es sobreviviente de violencia doméstica