Opinión

La verdadera dimensión de la reconciliación


Soy la persona que mejor puede demostrar el desenfoque y lo disparado de Andrés Pérez Baltodano. Digo esto porque, específicamente, el día 30 de noviembre de 2005, a raíz de la polémica de mis artículos sobre el uso que le daba a la palabra el difunto Lewites, me hizo llegar un correo de estímulo, entonces el señor Pérez me confunde con Milagros Palma, diciendo que se basó en parte de mi obra para articular uno de sus textos sobre el Estado nicaragüense. Ahí, Pérez Baltodano no supo siquiera distinguir entre Urbina y Palma, imaginémonos qué otras confusiones puede cometer con su poca atinada lectura.
Pero bien, quiero discutir aquí lo que el desenfocado Pérez ha venido manejando con su retórica fuera de contexto, fuera de espacio y hasta fuera de teoría, pues en ocasiones no alcanza siquiera lo que los griegos llamaban doxa, como ataque a las políticas de reconciliación que la alianza Unida, Nicaragua Triunfa viene impulsando como una necesidad en nuestro país.
Veamos, Pérez trata de minimizar, en un artículo publicado el 10 de agosto del corriente, las propuestas que sobre reconciliación viene desarrollando el FSLN y dentro de éste gente como Orlando Núñez, Carlos Midence, Rosario Murillo y Jaime Morales. Pérez califica a cada uno de ellos con una taxonomía arbitraria que luego no puede sostener. En este sentido, cuando se refiere a la propuesta de la poeta Murillo le llama la “esotérica-oficial” y afirma que ésta no va al centro del asunto, pues para él deja de lado el problema de la conflictividad y las tensiones sociales, cuando en verdad, como Pérez acostumbra a no atinar siquiera con los nombres, menos con las propuestas, no se entera que la reconstrucción de las relaciones en una sociedad enfrentada y que ha vivido graves fracturas sociales o políticas no excluye el conflicto, pues éste está en sí mismo. Por ello se contradice más adelante cuando afirma que en esta Alianza caben todos, pues ¿con quién se está llevando a cabo la reconciliación, sino con aquellos, que nos hemos visto divididos por factores que, para un autor como Adam Smith y más cerca de nosotros otro como Homi Bhabha, por el “carácter sombrío del sistema”?
En muchos lugares y, Nicaragua es uno de ellos, tras la finalización de un problema violento los conflictos del pasado no han desaparecido. Sencillamente han tomado una nueva forma. En algunos casos, el conflicto afecta a casi exactamente los mismos temas que en el pasado, como la marginación de amplias capas de la población o la cuestión nacional. Lo que cambia es la forma en que las partes persiguen sus objetivos incompatibles. En palabras de Ignatieff, especialista en reconciliación, reconciliarse significa romper la espiral de la venganza intergeneracional, sustituir la viciosa espiral descendente de la violencia por la virtuosa espiral ascendente del respeto mutuo. Es así que Pérez no puede leer eso en la propuesta de Murillo, pues para él la Reconciliación es un concepto que no está dentro de su imaginario, a no ser que sea él quien lo proponga.
Murillo, al igual que el comandante Ortega y el FSLN en su conjunto, ve la reconciliación y, el mismo Baltodano lo acepta al inicio de su escrito (desde hace algunos años), como un proceso. Para ello se ha puesto en práctica uno de los elementos que, otra de las teóricas sobre este asunto, Hannah Arendt dice que es necesario para el entendimiento: el perdón. Para Arendt éste nos reinserta en el espacio público, en el ámbito de la pluralidad política, abriendo la posibilidad de un “nuevo comienzo”, allí donde parecía que todo había concluido, que todo estaba consumado. ¿Acaso no hay en el actuar de los líderes del FSLN una actitud de cambio cuando enfrentan los errores y a su vez dialogan con sus contrarios?
La conclusión es que sólo uniéndose es posible ir hacia delante, ésa es la clave del asunto. El conflicto y las tensiones se van moderando precisamente a través de gestos públicos y creíbles que ayuden a dignificar a los contrarios y a superar la violencia. Para hacer ese camino se necesita de la voluntad política por parte de los actores y ello es lo que hace el FSLN y los que una vez fueron sus adversarios. De igual manera se necesita de la fuerza y coherencia ineludibles para superar estereotipos y actitudes excluyentes entre distintos grupos sociales o fuerzas políticas. Se necesita un cambio de cultura política y eso es lo que propone el FSLN y es lo que no entiende gente como Pérez Baltodano, que confunde Urbina con Palma, asimismo debe confundir reconciliación con resurrección, u otros términos, y por ello escribe de esa manera. Así que el reconocimiento del “otro”, el arrepentimiento y el perdón forman, pues, eslabones de un ineludible proceso de restauración de nuestro tejido moral. Cada uno de ellos nos acerca más a la reconciliación, una meta que está en el origen y en el fin de nuestro cometido como Alianza, como proyecto de país y como FSLN.

Licenciada en Relaciones Internacionales
milliurbina@yahoo.com