Opinión

En defensa de los BIT


Conozco Centroamérica desde hace ya muchos años, y como profesional del turismo y otros sectores he tenido la oportunidad de ver cómo han evolucionado en este aspecto los países de la región durante los últimos años.
Hoy día nadie duda de la importancia del turismo como motor de desarrollo económico y social de los pueblos. Tampoco lo dudaba yo, hasta que leyendo noticias del sector me encontré con la polémica en la que han sumergido a Nicaragua por medio de la Ley de Bonos de Inversión Turística (BIT).
Como dije, tengo la dicha de ser profesional del turismo en España y otros países americanos. España es un país que en 2005 se colocó como segunda potencia en el ranking mundial de turistas, con cerca de 55 millones y medio de visitantes y con una generación de ingresos por este rumbo cercana a los US$ 49,278 millones. Las comunidades autónomas de Cataluña, Baleares, Canarias, Andalucía, comunidad valenciana y Madrid concentran el 90% del total de las llegadas. Por su parte, los principales mercados emisores (Reino Unido, Alemania y Francia) concitan el 63% de las entradas.
Esta situación ventajosa en la que vivimos los ciudadanos españoles no es sólo cuestión del azar, sino de una política de Estado que vio en el turismo una pieza clave de la transformación y adecuación de España a la realidad del mundo.
Ha sido el Gobierno Central, apoyando a los gobiernos autonómicos, quien impulsando el diálogo sectorial y tomando medidas concretas ha consolidado las bases de una industria turística de garantía que aporta al bienestar de toda la nación.
Volviendo a la realidad nicaragüense, me entristezco al ver cómo, poco a poco, este país se va quedando rezagado en la carrera competitiva por convertirse en uno de los centros atractivos de turistas de Centroamérica.
De nada sirve compararse con Costa Rica, que ya vio la oportunidad hace unas décadas, o con Guatemala, quien de igual forma ha sabido aprovechar al máximo el turismo cultural e histórico que tan buenos resultados le ha dado a México. Panamá, convertido en centro del turismo de convenciones y negocios ya se ha posicionado y poco a poco sigue aumentando su capacidad hotelera y de servicios. Honduras, por su parte, ha sabido sacarle provecho a su Costa Caribe y posicionar Roatán como un destino de primer orden, equiparándolo con Los Roques venezolanos, o las disputadas San Andrés y Providencia. Hasta Belice, diminuto en territorio, ha tenido una mentalidad más grande y abierta que Nicaragua para vender su riqueza turística al exterior.
El turismo es una industria competitiva implacable, o la fortaleces y desarrollas, o se muere. Por tanto, es necesario que los países realicen las modificaciones necesarias para seguir siendo competitivos en el mercado internacional y poder salir airosos de los profundos cambios que se están produciendo en el sector.
La industria turística de Nicaragua ha de ser una pieza básica en la estrategia económica del país y, además, debe ser un elemento de cohesión social. La Organización Mundial del Turismo dispone de un Código Ético Mundial en el que se reconoce el papel del turismo como instrumento para aliviar la pobreza y contribuir a la mejora de la calidad de vida y al desarrollo económico y social.
El turismo es, más que nunca, una oportunidad para Nicaragua y una tarea de todos. Es necesario verlo como un producto integral donde el éxito viene marcado por todo un conjunto de factores que hagan que el turista se sienta a gusto en el país, repita su viaje y promocione nuestro destino entre su entorno.
Hoy, como yo veo a Nicaragua desde la lejanía, están en el impasse de subirse o apearse del tren llamado turismo. ¿Y saben cuál es la locomotora que tira de ese tren? Sin duda alguna, la ley de los BIT.

*El autor es español, desarrollador hotelero y fundador de la cadena de hoteles Blau.