Opinión

¿Qué tal si votamos por Chepe Pavón y una tal María?


Desde “esos rostros que asoman en la multitud”, debo decir que agradezco a dos nicaragüenses mi inclinación a nuestra identidad nacional. Mi tío, mi recordado tío, Leonel Delgado, rasgueaba su guitarra y entonaba “La mujer de Juan Lezama”, “La Juliana”, de Jorge Isaac Carballo, o requinteaba “La Mora Limpia” de Justo Santos. Después apareció Carlos Mejía Godoy.
Siempre pensé que el territorio nacional no sólo son los 130 mil kilómetros cuadrados peor administrados del mundo. Nuestra tierra son sus gentes, cantores, autores, artistas, trabajadores, constructores del pensamiento y de la música y el viento. En suma, el ser humano, que en su expresión creativa es de lo más trascendente.
Mi religión de chavalo era escuchar “El son nuestro de cada día”. Aprendí a apreciar el terruño desde el pentagrama, con sonido de talalate y acordeón. Ser orgulloso de lo nuestro, mientras otros lucían sus gustos por Barry White o qué se yo. Cómo no iba a quedar encantado por la estupenda interpretación de Otto de La Rocha cuando entonaba esa otra maravilla de Jorge Isaac: “El Cañalito”, o el son compuesto por el grande jinotegano, para que podamos contar y cantar, junto al de Camilo, con dos sones nacionales.
Pues bien, este bendito país, tan cantado por sus artistas, no ha merecido el mismo trato cuando es contado por sus políticos profesionales. Su relato estanca a Nicaragua en los grotescos meandros de sus conveniencias personales. La parte en dos, además. Y una es la nación espléndida provocada por sus creadores y otra, la caricatura servil de la que la han hecho víctima sus discursos.
Desconfío de los políticos. ¿Qué hicieron por nuestro país en todos estos años? ¿Qué no hicieron, y todavía más, los artistas, sus poetas, con todos sus cariños juntos para darnos la patria que soñó Rubén? Y los sueños, como escribí de Herty, tienen una hermosa peculiaridad: sobreviven a los grandes soñadores.
Cuando el país estuvo en manos de un puñado de revolucionarios, la administración Reagan no lo dejó ir a ningún lado porque tampoco ese mismo puñado quiso ir a ninguna otra parte que no fuera construir su relato por primera vez en la historia, desde el extraño mestizaje mitológico de los hombres-dioses, donde, comentario aparte, unos eran más divinizados que otros.
La nación no por eso dejó de estar en manos de economistas Phd., libre mercado, Dirección Fondo Monetario Internacional ¡Ordene! Siempre una DIRECCIÓN orientando, ordenando, guiando a todos los “equivocados” hacia sus relatos disfrazados de “certeras verdades”: la Dirección Nacional y la Dirección Internacional. Hoy, más pobres con más enclaves internacionales y pocos recursos naturales en manos de los naturales. ¡Cuántos ricos artificiales le deben su estatus al deterioro colectivo de pobres también artificiales, en un país de abundantes riquezas! La Gran Fábrica de Desheredados producidos por unos cuantos acaudalados.
Una mañana miré a Carlos cuando hablaba por teléfono con un alto dirigente del FSLN a fin de que interpusiera sus buenos oficios para que una emisora de ese partido no continuara con su atroz ataque de varias semanas sostenidas. Y comandante y todo, había otro y otra, que mandaban más y la sucia labor radial siguió como siguió muchos años después con Herty Lewites hasta que la muerte lo salvó literalmente de ese odio rosa que ahora pretende por arte de magia negra urdir una reconciliación azul y blanco de la noche a la mentira gris.
Carlos mantuvo la vertical y yo pensaba: si a este hombre bien reconocido por dentro y fuera del país, que le puso música a la revolución, lo tratan así, ¿qué no podrán hacer contra “esos rostros que asoman en la multitud”, como diría PAC?
Algunas voces y escritos dudan de la capacidad de Carlos para que esté al frente de las tareas de gobierno, como si las “lumbreras” que nos han reinado en los últimos tiempos han impartido una cátedra de estadistas y visionarios. Nicaragua ha sido gobernada por oligarcas, generales, abogados, un ingeniero en oscuridad y un ama de casa que se dio el lujo de reducir el histórico Ferrocarril del Pacífico de Nicaragua y sus durmientes en el corral de alguien en Diriamba: ¡Oh, los souvenir de la privatización!
Resultado de tan “alta eficiencia gerencial” con los bienes públicos: “un curso de alta miseria” extensivo que ha graduado a millones de doctores, por no decir dolores:
43% de la población de 5.2 millones viven en la pobreza, un 17% más en la extrema pobreza. El 44 %, informó la ONU, se juega la vida con un dólar al día. Y miles de compatriotas en el exilio económico.
Hace un borbollón de lunas, Carlos me ayudó, porque nació de él, a reconciliarme con un hermano. “La familia no puede estar desunida”, me dijo. Y ni siquiera eran tiempos de campaña electoral. Sólo era él, simplemente Carlos. Y si así fueran las campañas electorales, Dios, queremos siempre a Carlos en campaña.
Debo ser agradecido, como aquel samaritano de los diez que Jesús limpió de su lepra, porque Jesús siempre está limpiándonos de algo, sin ayuda de chamanes ni cardenales. Hoy se lo agradezco y el cinco de noviembre ya tengo donde reclinar mi voto: lo haré en la casilla de Terencio Acahualinca, votaré por los que no son “leidos ni estudiados”, por los 100 maestros, porque son más importantes que un blindado batallón de tecnócratas neoliberales.
Creo que votaré por vos, arquitecto, ingeniero, artesano, carpintero, albañil y armador...
Si los discursos no pudieron ya los cantos florecen de país…
Sí, votaré por Chepe Pavón y una tal María, aunque al cipotillo se le haya ocurrido ser guerrillero, botar a Somoza y 28 años después, muchos de sus compañeros hayan terminado en zares del arroz… o banqueros, y hoy no le quieran dar ni siquiera un trabajo de portero.