Opinión

Las inconsistencias del presidente


El desastre económico, social e institucional del país es responsabilidad fundamental del presidente Bolaños, pero en la medida en que su gobierno no actúa conforme a los intereses nacionales crece en diversos sectores la convicción de que lo que se busca deliberadamente es lo que está aconteciendo: llevar a Nicaragua a este escenario de deterioro en todos los órdenes, a una crisis general que justifique una mayor injerencia extranjera.
Los objetivos del gobierno se presentan como muy conflictivos para el país, en particular por la conducta errática del presidente, que empieza ya a preocupar a muchos, y varios asuntos han sido las gotas de agua que han derramado el vaso: el apañamiento del presidente en el asunto de la “lista negra” publicada por el diario La Prensa en el mes de mayo de 2005; su incapacidad de enfrentar seriamente la crisis de la energía; la crisis abierta con el gremio médico y maestros; el no acatamiento de los mandatos de la Contraloría General de la República acerca de los Cenis; el veto a la Ley General de Educación; el no querer avalar el Convenio Petrolero con Venezuela, lo que significaría un ahorro de US$ 1,050 millones de dólares en cinco años; la declaración de que en Nicaragua existen US$ 1,700 millones de dólares en préstamos y reservas para los próximos años, lo que aunado a sus traspiés cotidianos y a su febril actividad por falsear cifras y alterar estadísticas ha creado un escenario preocupante.
El costo que el desastre de la actual Administración Bolaños está teniendo para el país es, en todo caso, muy grave (el 1% del PIB en dos semanas), y al margen del deterioro institucional, del desempleo y del empobrecimiento que aumentan está la creciente violación a los derechos básicos de todos los nicaragüenses. Al mismo tiempo, se da todos los días, por la inflación, una reducción en los sueldos reales de los asalariados. Otro factor son las grandes reducciones en impuestos para los ricos. Más millonarios, más gente en la pobreza; así es como se podría resumir el “milagro” económico del actual gobierno.
Tanto desprecio por el Estado de Derecho, como el que ha hecho gala el presidente Bolaños y sus ministros, tiene que pagarse, y saldrá caro a quienes implementan la estrategia del “enfoque de riesgo” que consiste en profundizar la crisis día a día, pero sobre todo a los funcionarios de actual gobierno que se quedan en el llano y sin cargo en el próximo gobierno, a la espera de otro brote de esperanza, mientras llega la oportunidad de mimetizarse para servir al nuevo gobierno.
Sin habérselo siquiera planteado, el presidente Bolaños y sus ministros se topan con el calendario y su cruel dureza y acuden a lo que sea con tal de evadir el correr de sus fechas. De ahí este frenético curso de evasión, que siempre es también de agresión, de búsqueda de chivos expiatorios, de desvarío cronológico, con tal de que el público se olvide cuanto antes de sus desatinos, los deje en paz y les permita hacer mutis sin aspavientos las últimas acciones, pero también sin rendir cuentas, no tanto con las contralorías de oficio, sino con la política, que al final del tiempo siempre pasa por la opinión y el juicio de los ciudadanos, agrupados o no, sometidos o no a la férula del líder o del cacique, libres del yugo o de la vergüenza de haber admirado y seguido por algún tiempo al actual presidente.
En Nicaragua el poder presidencial ha enloquecido a muchos (al perder el principio la realidad objetiva de los acontecimientos), a veces aún antes de llegar al cargo, hechos que han estudiado, de manera insuficiente por juristas, politólogos y sicoanalistas en nuestro país. El primer motivo es que el presidente tiene en Nicaragua atribuciones desmedidas: su estatuto de impunidad, su preeminencia sobre amplios sectores de la sociedad civil y el culto que se le brinda. Y el segundo es que muchos han llegado al cargo sin el equilibrio interno necesario y, al carecer de la menor autocrítica, pierden de inmediato el “principio de la realidad objetiva” y empiezan a vivir en un mundo imaginario y/o virtual.
Una forma bastante conocida de perder el “principio de la realidad objetiva” consiste en la generación de fantasías mentales poco vinculadas con la realidad, que son confundidas con ella. Los llamados “delirios de grandeza” o “delirios de persecución” son pautas específicas de esta enfermedad. En todos estos casos se imaginan diferentes tipos de fantasías y son incapaces de separarlas de la realidad, hecho que desde luego los lleva a tomar decisiones equivocadas, o a paralizarse mentalmente al no saber qué hacer.
Curiosamente, el perder el “principio de la realidad objetiva” es muy frecuente entre los gobernantes, especialmente cuando éstos detentan una forma de poder casi absoluto, y suelen acarrear grandes problemas colectivos, ante la toma de decisiones equivocadas, o la incapacidad para tomarlas. Ejemplo conocido de este tipo fueron las acciones de William Walker, los Somoza y Arnoldo Alemán.
Al analizar estos problemas, los especialistas han encontrado frecuentemente que si bien esos gobernantes presentaban rasgos “autoritarios”, en todos los casos aparecen círculos de poder estrechamente ligados a ellos y dispuestos a distorsionar la información para ofrecer una versión de la realidad más agradable, en un proceso creciente de deformación de la realidad, cuyos excesos llegan a límites de lo absurdo.
Cuando uno observa el crecimiento de la economía informal, experimenta los efectos del estancamiento económico y del desempleo, escucha sobre los niveles de delincuencia y demás formas de inseguridad y se entera de la corrupción dominante en los círculos del poder, al mismo tiempo que el presidente Bolaños habla de recuperación económica y transparencia, o se le escucha decir que nuestra economía está mejor, la única explicación que queda es que algo raro pasa en la cabeza del presidente.
Si el presidente Bolaños fue incapaz de gobernar razonablemente y de cumplir cualquiera de sus promesas de campaña, no se necesita tener una gran visión para dudar de la posibilidad de alguna mejoría o algún resultado concreto para los próximos meses. Podemos asegurar, sí, una sucesión interminable de nuevas declaraciones fantasiosas, y autoelogios.
Al mismo tiempo, las recientes declaraciones y acciones del presidente, alrededor de la crisis energética, delatan una intención de intimidación, producto de la mentalidad de la derecha, de la ignorancia, pues como no encuentra otra salida, tiene exabruptos de violencia. No es tolerante y no es demócrata.
La pregunta que muchos se están haciendo, y ya no en voz baja, es muy directa: ¿está el presidente Bolaños bien de salud? Muchos hablan de que el presidente sufre una neurosis obsesiva debida al fracaso de su programa de gobierno. Es necesario conocer un informe con toda claridad acerca de si el presidente tiene algún padecimiento o alteración de conducta que lo pueda llevar a actuar de forma errática y cambiante durante el proceso electoral. Los comentarios y las interpretaciones se suceden todos los días, y en el fondo de todo está la preocupación por los intereses nacionales.
El país sigue adelante por los esfuerzos de su pueblo, pero no tiene el gobierno que merece y que debería tener. Y por eso en Nicaragua, en el contexto actual, es el pueblo el que tiene que seguir defendiendo sus recursos estratégicos y construyendo su futuro, al margen de las inconsistencias del presidente.